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Descubrirte puede matarte

Por Manuel Rivera
agosto 20, 2024
descubrirte puede matarte
Una hora después, el papá de quien representaría a un héroe de verdad llegó al sitio de su trabajo para la entrevista, que sería realizada en una pequeña oficina repleta de fotografías y símbolos del lugar en el que laboraba.
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Sé que no clasifico dentro del grupo que en estos días será elevado al altar de la iglesia de la simulación, para luego ser enviado el resto del año al sótano de los olvidados.

No obstante, admito que en lo privado nutro mi ego convenciéndome, aunque sólo sea en la fecha de ese homenaje de saliva y papel, de que mi fantasía de ejercer esa profesión fue real.

Mientras eso elucubro, abro el cajón de mi memoria y hojeo por enésima vez el guion de “Descenso al Infierno”, compendio de ese sueño.

“Para variar”, decía mi mamá en un tono de aburrimiento que ironizaba conductas recurrentes e indeseables, insisto en rescatar y desacomodar letras. Sin reconocer su función catártica, empiezo a golpear con fuerza innecesaria el teclado de la computadora para intentar una nueva versión:

—¿Qué o como qué te van a preguntar los de la tele en la entrevista? —dijo Claudia a su esposo en la cocina de la casa que habían comprado con el crédito del Infonavit de ambos.

—Jefe, aliviáname con lo del camión —interrumpió el hijo mayor, ansioso por capitalizarse antes de que su papá partiera hacia el trabajo.

—¿A poco también hoy tienes clases? —inquirió la madre a su vástago mayor de edad, en un elegante ejercicio de interpelación.

—¡Qué padre que te van a entrevistar, pa’! —distendió oportunamente el hijo menor.

—Supuestamente los de la tele quieren hablar con un “héroe” —habló por fin el padre.

—¿Y no querrán platicar también conmigo, para que sepan cómo hago rendir tu sueldo?... Una cosa es ser dizque “héroe” y otra muy distinta hacer milagros —explotó la madre.

—Se me hace tarde —intentó concluir el aspirante a patriarca.

—¿Llegas para la fiesta del niño? Tu hijo sí será un héroe de a deveras... Le hice el traje que quería, ese, el del Capitán América —liquidó la matriarca.

Una hora después, el papá de quien representaría a un héroe de verdad llegó al sitio de su trabajo para la entrevista, que sería realizada en una pequeña oficina repleta de fotografías y símbolos del lugar en el que laboraba.

Las presentaciones de rigor y preguntas de cortesía fueron breves. Apurado para cumplir con su cuota de notas, el reportero tomó la iniciativa.

—Vamos a empezar... Preparados. Señor, sin ver a la cámara… Y dice: ¡cinco, cuatro, tres, dos...!

Mientras de su boca escapaban las respuestas solicitadas por el entrevistador, un diálogo paralelo fluía entre la neblina de su mente:

—Sabes que estoy en todas partes, en las entrañas de tu vida, en tus pensamientos y culpas, y hasta en tus sueños de salvación. ¿O crees que a través de mi realidad te castiga el inexistente dios? —fueron las primeras palabras que en tono dulce y cadencioso escuchó, confirmando que el demonio tiene voz de mujer.

—¿Castigo divino? ¡Ni una doble condena eterna al infierno lo sería! Llamas, miedo, gritos, incertidumbre nada son cuando por mi voluntad y placer te reto —contestó al maligno.

—¿Y si quisieras salvarte?

—La salvación está en un instante de aire fresco, en una mirada en el espejo a mi cara quemada, en el recuerdo de la bola de fuego pasando sobre mi cabeza; en el rostro de angustia de ese hombre, quien sin hablar me exigió morir antes que rehuir el éxtasis del miedo; en el agua hirviente que entra a mis botas rotas... en el humo que cubre pensamientos, en las llamas que calentarían hasta el alma si la tuviera.

La entrevista concedida a la televisión terminó, y también el diálogo interno del entrevistado.

Con todo acabó el desordenador de letras, quien apagó la computadora, encendió la televisión y pocos minutos después murió debido a una fuerte impresión, según dictaminaría el médico legista.

El vecino que encontró el cadáver frente al aparato se detuvo un rato para presenciar la última parte de la entrevista que, a propósito del Día del Bombero, se había hecho horas antes al difunto aspirante a literato, quien mostraba en su rigor mortis una gran sonrisa.

Nunca se supo a ciencia cierta si lo visto en la televisión fue la causa real de la muerte o si el escritor puso voluntariamente fin a su existencia.

riverayasociados@hotmail.com

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