

Una respuesta común a la pregunta “¿Cuál es su opinión sobre los candidatos en turno?” –máxime en aquellos desencantados de la clase política– es “todos los políticos son iguales”.
Pasados 38 días de campaña y tres debates entre los candidatos a gobernador, son claros –por el simplismo de la respuesta– dos escenarios: una total indiferencia hacia las campañas políticas o total uniformidad en las propuestas de solución a nuestros problemas comunes.
Me inclino por la de falta de interés debida a la decepción por los políticos de todos los colores, a la que ellos mismos han contribuido con creces.
Sim embargo, a todas luces es simplista atribuir a la clase política y los gobernantes nuestra situación actual. La cosa pública se fundamenta en ciudadanos con derechos y obligaciones, entre las que destaca elegir libremente a los gobernantes.
En diversas conversaciones sostenidas con ciudadanos –con estudios superiores y condición económica estable– me sorprendió escuchar comentarios como “¿tú cuál crees que sea el candidato que nos pueda resolver nuestros problemas?” o “yo prefiero a estos malos conocidos, al cabo todos roban”.
Respecto a su participación en política, su respuesta –casi unánime– fue “nosotros hacemos lo que nos corresponde en casa y con los hijos, trabajando y generando empleos; para lo público están los gobernantes: que resuelvan”.
Al preguntarles si vieron los debates, mayormente respondieron “qué hueva perder el tiempo, solamente se insultan”, “me agrada el de UDC, pero no le va alcanzar”, y sin faltar el “ni a quién irle”.
Los candidatos vienen de familias promedio, con valores y principios compartidos por generaciones; si son simplistas y limitados, así será nuestra clase política. Por lo tanto, hay que desterrar pensamientos que normalizan el robo y la corrupción; lo equiparan a “aprovechar la oportunidad” o engloban justificando el “todos roban y todos son corruptos” para concluir que “todos son iguales”.
Incapaces o indispuestos a salir un poco de nuestra zona de confort, queremos nuestros problemas resueltos por una persona: el ejecutivo. Como ciudadanía, en política nos limitamos exclusivamente a emitir nuestro sufragio el día de la jornada electoral, y más nada.
¿Cuántas personas razonan su voto? ¿Cuántas investigan la trayectoria de los candidatos, sus éxitos, fracasos y propuestas? ¿Cuántas y cuántas veces nos hemos tomado el tiempo para conocer los mecanismos de participación ciudadana existentes en la legislación en la materia?
¿Cuántas le exigimos a los diputados que nos representen como ciudadanía y no a sus intereses particulares y de facción?
¿Por qué votar por segunda o tercera ocasión por un candidato a gobernador o diputado si su mayor logro es ir a levantar la mano?
Estimado lector, si coincide en que todos somos iguales, está en lo cierto: somos iguales, pero los políticos son nuestro reflejo. Entonces, si queremos políticos diferentes, honestos, transparentes y preparados, ¿qué esperamos para ser una ciudadanía diferentes, honestos, transparentes y preparados? Es momento de cambiar, pero nosotros.