

Oprah Winfrey y el psiquiatra Bruce D. Perry publicaron el libro “¿Qué te pasó?” basado en una conversación sobre el historial psicológico y emocional infantil, la repercusión en la adultez y su curación.
Una de las frases del Dr. Perry es: “Tu conexión con la familia, la comunidad y la cultura, permiten predecir más tu salud mental que tu historial de adversidad”. Esta aseveración encierra una realidad que modifica significativamente el avance positivo de una persona que lucha ante sus propios obstáculos emocionales y psicológicos.
Conectar con el otro no conlleva actos heroicos; es presencia plena, acciones en lo cotidiano de aceptación y validación. Somos seres sociales que buscamos pertenecer, y la ausencia de quienes conforman nuestro clan primario genera angustia, misma que, si no es solucionada, llevará a una desconexión emocional.
El Dr. Perry asegura que “los vínculos más fuertes y duraderos se dan en los momentos más insignificantes, siendo ahí cuando sentimos aceptación; existen notables consecuencias en un infante, cuando en sus primeros meses de vida la conexión es remplazada por indiferencia, rechazo y abandono”. Ser aceptado e integrado contradice el sentirse juzgado y aislado.
En sus orígenes el ser humano podía ser desterrado por su tribu, trayendo dolor, soledad; verse indefenso ante la adversidad era un pronóstico nada favorecedor. Hoy día, si somos desterrados por la familia o la comunidad, no moriremos atacados por un animal salvaje o de frío en las montañas, pero las emociones quedarán altamente vulnerables al perder la conectividad, convirtiéndonos en presa fácil para caer en adicciones o crear respuestas defensivas e hiperreactivas.
Por el contrario, las conexiones significativas reducen la intensidad del estrés y con ello la desesperanza. La conectividad emocional se construye en momentos breves, donde se ofrecen pequeñas dosis para lidiar con el dolor, la pérdida o el miedo, al tiempo que se integran el humor y la alegría, creando lo que, según el psiquiatra, se llama “dosificación terapéutica” y nos lleva a sanar y poder enfrentar con mejores herramientas la adversidad. Estas dosis terapéuticas dadas en la familia o comunidad suelen muchas veces generar cambios más significativos que la terapia clínica misma.
Conectar para fortalecer el camino a la curación no implica ocultar la verdad, tampoco escuchar pasivamente; significa ayudar al otro a rescatar lo positivo que existe en su persona y la situación que está viviendo, validar sus sentimientos, otorgando la seguridad de sentirse parte importante del grupo.
La adversidad es distinta para cada persona e implica experiencias previas, temperamento y habilidades emocionales; sin embargo, el sustento del apoyo emocional brinda una importante seguridad de igual forma para toda persona.
La indiferencia invisibiliza a la persona, quien se desconecta emocionalmente, afectando autoestima y resiliencia. Entonces, las estrategias y visión para fortalecer la seguridad personal disminuyen considerablemente.
La conectividad debe ser una prioridad desde el nacimiento hasta la vejez. Cada etapa de la vida presenta retos que son más llevaderos dentro de una comunidad que apoya y alimenta la seguridad personal.
La vida conlleva situaciones adversas que muchas veces salen de nuestro control, dejando a la salud mental fácilmente vulnerable; sin embargo, la ciencia asegura que la conectividad emocional es esencial para vencer la adversidad.