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Elena Garro: el porvenir que se salvó del fuego

elena garro

Hay mujeres en la historia de México que destacan por su labor profesional, pero además han afrontado una lucha importante para la reivindicación de las mujeres mexicanas. Una de ellas es Elena Garro.

Una obra literaria está por ser atrapada por el fuego. Su autora ha decidido arrojarla a las llamas. De pronto, Helena Paz rescata las hojas con las ideas de su madre; hoy gracias a ella podemos leer esas líneas condenadas, Los recuerdos del porvenir, y de la escritora nos llega su voz, su silencio y su legado.

Elena Garro tuvo a bien luchar por medio de su pluma y su labor educativa, en nombre de las mujeres, de indígenas y aquellas personas más desfavorecidas por una sociedad marcada por el machismo y la prepotencia de aquel que juega un cargo político o de importancia social.

Su novela Los recuerdos del porvenir nos adentra en los años posrevolucionarios e inicios de la guerra cristera, en medio de situaciones que afectan a mujeres, indígenas y hasta perros, amenazados por una sociedad que evade y solapa la manipulación y el control sobre quienes no pueden levantar la voz.

Garro expone a mujeres con diferentes condiciones socioeconómicas y culturales, desde la vida de la dama de sociedad aconsejada por sus “amado” marido, hasta la guapa prostituta al servicio de su “mentor”; ambas convergen en esa sed de libertad de expresión y de acción.

Hoy en día dichas situaciones no han sido erradicadas; sí ha habido un avance en cuanto a derechos y libertades, pero no podemos negar que muchas mujeres con talentos indiscutibles son silenciadas por los propios hombres que las circundan, sin importar el rango social y cultural. Como ejemplo la vida de la misma Elena Garro frente a Octavio Paz, su esposo, quien limitó su desarrollo personal y profesional.

En dicha obra Elena, muestra a un personaje muy singular: Lola Goríbar, madre de Rodolfito (y no, no hablamos de un niño, sino de un adulto hecho y derecho). Lola solapa en todo momento a su “querubín” de acciones corruptas y mal habidas, y es aquí donde me cuestiono dichas acciones que se siguen repitiendo hasta nuestros días y las que muchas veces presencié dentro del campo de la educación.

¿Qué papel jugamos como mujeres con nuestros hijos, sobrinos, alumnos y niños, que les otorgamos un poder absoluto frente al sexo femenino? ¿En qué estamos fallando, que aún no eliminamos acciones inhóspitas para la vida femenina?

Antes de señalar la salida a dichos problemas, es primordial reconocer nuestro lugar como mujeres, suprimir los límites autoimpuestos; tomar las oportunidades que otras mujeres nos heredaron con tanto esfuerzo para seguir avanzando en esta lucha social por la igualdad y respeto por nuestro género.

Ejercer nuestro derecho al voto, aprovechar los estudios, continuar las capacitaciones laborales y, sobre todo, compartiendo con otras mujeres, pero teniendo como base quitar la distinción de género al hablar de derechos y obligaciones al momento de educar a nuestros niños y niñas. La voz de una mujer es la pauta que marca el camino de su descendencia, que tiene el poder de corregir los errores que nos han silenciado por cientos de años.

Helena Paz, hija de Elena Garro, rescató las ideas de su madre del fuego y las dispersó dentro de la literatura, exponiendo la realidad de una sociedad de la cual no se hablaba mucho. Así las nuevas generaciones de mujeres podemos y debemos salvaguardar la voz de nuestras madres y abuelas del fuego silenciador que aún nos ronda.

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