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La eterna sobremesa mexicana

sobremesa mexicana

Desde el extranjero nos preguntan por qué son tan largas nuestras sobremesas. ¿Por qué al salir de una reunión o de un restaurante seguimos platicando hasta en el estacionamiento?, y es que hablamos hasta por los codos, diría mi abuela. ¿Tendrán razón?

La alegría mexicana se siente en donde tres o más se reúnen, ya sea en el propio territorio tricolor o en el extranjero. Los mexicanos sabemos platicar en donde nos detenga cualquier pretexto: renegamos, nos quejamos, celebramos conociendo o no el motivo y acostumbramos a prometer, con frases como: “nos hablamos”, “yo te busco” o el ya conocido “hay que vernos”, aunque ese día quizá nunca llegue.

Quienes visitan nuestro país (o son invitados a casa de mexicanos que residen fuera) se cuestionan los motivos para alargar un desayuno, comida o cena, pues no logran comprender que, para nosotros, los alimentos son el pretexto perfecto para brindar, debatir, chismear, arreglar el país y hasta elaborar estrategias para sacar adelante al equipo de futbol favorito.

Despedirse en una reunión o la simple visita a casa de un familiar es todo un ritual, pues puede abarcar un periodo de más de media hora, pasando por cada parte de la casa y hasta quedarse en la cocina para preparar la “vianda”. No es en vano el dicho popular: “El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse”.

Los saludos comúnmente dan pie a una breve conversación, sin importar si se conocen con anterioridad o no. La seriedad o frialdad no es una característica de quienes nacimos entre música, fiesta y verbena popular.

Los mexicanos somos expresivos y elocuentes. Las palabras coloquiales se dispersan cual viento que sopla con fuerza. El vocabulario popular cada año añade frases y palabras que nuestros antepasados no conocieron. Una sola palabra puede tener muchos significados; como prueba de ello, las palabras “cabrón”, “pedo” y “chingo”, por nombrar algunas.

La expresión de nuestro lenguaje crea ambientes difíciles de abandonar, y no importa dónde nos encontremos, siempre estará el “payaso” del grupo, quien se encarga de darle un toque de humor a la reunión. También el amigo dramático que entre seriedad y exceso de expresión termina por hacernos reír o simplemente nos hace parte de su “realidad”. Qué decir de quien hace una labor “periodística” increíble, pues suele tener la actualización de lo que pasa dentro de la sociedad.

Los restaurantes intentan cerrar su día, esperando con una sonrisa abatida a los comensales que ya terminaron de comer y cerraron cuenta, pero aún siguen relacionando temas que parecen no tener fin.

¿De qué platicamos los mexicanos? “Sabrá Dios”, diría mi abuela, pero de que nos expresamos, nos expresamos; de que platicamos y nos desahogamos no hay la menor duda.

Todo mexicano lleva en su sangre, sin importar su residencia, una esencia social que, fuera de crear diferencias,  une y  conecta: ideas,  chistes, comentarios o toda una historia que nos darán siempre una interesante y alegre identidad.

Somos parte de una comunidad de medios laguneros

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