

—¿Me lees un cuento, papá? —dice Miguel con voz tenue, titubeando y mirando con los ojos entre cerrados.
—Hoy, tu papá llegó muy cansado del trabajo ya mañana será —responde mamá ante la insistencia de su pequeño de tan solo cuatro años de edad.
Sin decir palabra alguna, el niño acaricia a su perro mirándolo a los ojos, mientras el peludo le responde dejando que la pequeña manita descanse sobre su suave lomo. Después, el niño recibe el beso y abrazo de su padre, mientras se prepara para irse a dormir.
¿Por cuántas décadas el leer un cuento por las noches ha sido tema de conversación en los hogares? ¿Qué significa para un infante la lectura de una historia real o de fantasía?
Sentarse y darse el tiempo de compartir páginas con los pequeños es un tesoro que no todos los niños logran descubrir y guardar en su corazón, pues es un privilegio reservado para quienes cuentan con unos padres conscientes de la importancia de crear vínculos por medio de los libros físicos.
Sentir a sus padres cerca de ellos, escuchar su voz, ver imágenes recreando la historia en sus mentes es una travesía que traspasa el tiempo, la memoria y el corazón; pasajes de vida que se tatúan en su vida para siempre.
Leer un libro en voz alta fortalece un vínculo afectivo, promueve la lectura como actividad placentera, amplía el lenguaje, abre temas de conversación mediante las incansables preguntas de los pequeños, permite al oído entrenarse en la fluidez y armonía en la lectura. Leerle a un niño o niña es más que un cuento, es abrir puertas a un mundo afectivo, creativo y repleto de atención.
Vivimos en un mundo desenfrenado por el avance tecnológico, pantallas fáciles de manejar desde temprana edad; sin embargo, el tiempo invertido en una lectura por parte de un ser querido a los niños los hace sentirse importantes y atendidos, al tiempo que descubren una nueva historia siempre superará a cualquier tecnología.
A los niños les gusta repetir historias, pues les da la certeza de saber qué sucederá. Escuchar lecturas, por sencillas que sean, les da la oportunidad de opinar, interactuar e ir formando un criterio propio.
Al igual que sucede con la persona adulta, leer fomenta en los niños empatía y respeto hacia el otro, abre su mente, subraya la importancia de vivir en y como parte de una comunidad.
Fomentar la lectura en los hogares significa ir creando espacios reservados para la lectura con ayuda de los niños. Formar una pequeña biblioteca con fácil acceso para todos los miembros de la familia, en especial para los más pequeños, genera un hogar donde regalar libros se normaliza y genera entusiasmo, un espacio donde cada infante elige el libro que quiere leer con sus padres o familiares.
Hay tantas lecturas que ofrecer. Se pueden ir alternando historias que lleven a los niños a involucrase en temas que abran la consciencia en lo medioambiental, la cooperación, el manejo de emociones, la inclusión, la ciencia y la participación cívica, entre muchos otros.
Compartir un libro con un niño o una niña es regalar conocimiento, empatía, cariño, atención y un sinfín de historias para soñar, esas que se quedan grabadas en el corazón y que vendrán a la memoria cuando sean ellos quienes lean llenos de empatía a la siguiente generación.