Coronación del rey Carlos III y el imperialismo que soltamos en México

Con raíz medieval, vimos el pasado 6 de mayo la coronación del rey Carlos III y su esposa Camila en la preciosa Abadía de Westminster. Si bien para Europa (donde la monarquía es una forma vigente de gobierno en España, Bélgica, Luxemburgo, Suecia, Dinamarca o Gran Bretaña) la coronación fue renovar una tradición, desde América el suceso real es visto en el mejor de los casos como algo anacrónico, por no decir ridículo.

Son dos visiones que chocan, pero también son dos tradiciones distintas con profundas raíces. Una en la nobleza, las cortes y los reinos. La otra, en la república como forma de gobierno. De manera violenta, esa tradición se cortó en Francia con la revolución de 1789.

En América, tras la independencia de las 13 colonias estadunidenses, se marcó el rumbo del continente en el sentido contrario a Europa. El 4 de julio de 1776 se firmó el Acta de Independencia de los Estados Unidos. Esa revolución causó gran conmoción de un lado y de otro del Atlántico. 

Tras la independencia, México se erigió como imperio en el acta del 28 de septiembre de 1821. Al año siguiente, se coronó al emperador Agustín de Iturbide, pero el sueño imperial pronto fracasó y el emperador fue echado del país. Luego vino la instauración de la República en 1823. 

El segundo intento de monarquía sucedió con la invasión francesa, aunado a un grupo selecto de mexicanos que buscaron a un noble para el trono de México: Maximiliano de Habsburgo. Aquel intento imperial de tomar México llevó a una larga guerra entre 1862 y 1867. Se ha dicho con desprecio que ganamos la batalla, pero perdimos la guerra.

Nada más falso, tras mucho sacrificio y a punto de perder, los patriotas al mando del presidente Benito Juárez lograron restaurar la República y echar a los franceses. Ya sabemos cómo terminó el emperador: fusilado. Desde entonces, México reafirmó su lugar y su sentido republicano. 

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¿Qué nos llevó a los corridos tumbados?

La música lo dice todo. Es lenguaje universal y en muchos sentidos puede representar una época. De esa manera, ciertos acordes y sonidos definen nuestros tiempos. La música que ayer fue vituperada hoy se gana el gusto internacional, como sucede con los corridos tumbados.

Mucho antes de llegar a los corridos tumbados y bélicos, el corrido tiene sus orígenes en el siglo XIX, desde tradiciones a la manera del romance español, pero fue hasta la revolución mexicana cuando ese estilo irrumpió el gusto musical popular. 

Cantar historias es muy antiguo, tanto de las hazañas de hombres y mujeres o momentos decisivos en algún lugar. Otros corridos celebraron a bandidos o resaltaron moralejas. A Rosita Alvírez su mamá se lo decía: 

Hija, esta noche no sales. 

Mamá, no tengo la culpa 

que a mí me gusten los bailes. 

De Heraclio Bernal a Pancho Villa, el corrido forjó el gusto musical de varias generaciones y, sobre todo, reflejó los tiempos revolucionarios. Tales canciones fueron toda una épica y lírica memorables. ¿Quién no se sabe La cucaracha?, ¿quién no cantó La Adelita

Al paso de las décadas, el género decayó y el gusto cambió. Otras formas surgieron y el corrido continuó en menor grado, casi en la orilla, hasta volverse marginal. Pero nuevos tiempos vinieron, y entonces los intérpretes actualizaron las gestas de otros hombres que igualmente expusieron la vida hasta el límite. Migrantes, bandidos y narcotraficantes. 

No es casualidad. Hacia 1968 los jovencísimos hermanos Hernández, originarios de Mocorito, Sinaloa, formaron Los Tigres del Norte. Al igual que tantos mexicanos, tuvieron que migrar a Estados Unidos, y de ahí, conquistaron México con su música. Los Tigres continuaron la forma tradicional del corrido y su temática cambió a los héroes revolucionarios por pistoleros, narcos y sufridos migrantes en el otro lado. 

En la misma ruta, una voz excepcional surgió en Culiacán: Chalino Sánchez en 1960. Igualmente, fue a los “Yunaites” para conquistar México. Chalino se hizo famoso no sólo por consolidar el género de los narcorridos bajo demanda expresa, sino por ser él mismo objeto de ataques violentos. En Coachella sobrevivió a una balacera, lo cual catapultó más su fama. Su vida parece sacada del western No country for old men, con locaciones en California y México. Después de un concierto en Culiacán, el 15 de mayo de 1992, recibió una amenaza. En plena actuación se detuvo a leer el ultimátum, secó el sudor de la frente y continuó cantando esa joya que es Alma enamorada. Al día siguiente fue asesinado.   

Durante los años de la mal llamada “guerra contra el narco”, el entonces presidente de la república, ahora autoexiliado en España, condenó los corridos por hacer apología del crimen. De igual manera, varios gobiernos estatales emitieron inútiles leyes para prohibirlos, en particular los que se refieren a narcos y criminales. Sin embargo, esa condena, asumió el dudoso supuesto de que una cosa lleva a la otra, como si de manera causal escuchar narcocorridos resultara en futuros criminales. 

El argumento raya en el absurdo. Sería dar por cierto que, durante la revolución, cantar corridos en las calles provocó que surgieran revolucionarios. En realidad, el género sólo refleja los tiempos y su entorno. Si hay narcos, armas, alardes machistas, amores y demás, no es por mera fabulación, sino por algo que emana de la realidad misma. Guste o no, la música es un espejo de la sociedad. Los temas y las representaciones de los corridos actuales pueden indignar a las buenas conciencias; no obstante, son alegoría de lo social. 

Actualmente el corrido vive una tercera temporada con subgéneros de tumbados y bélicos. Odiados por unos, despreciados por otros y queridos por una inmensa mayoría, esta oleada es sumamente exitosa e internacional. Llevó la expresión a otro nivel. Nuevos cantantes, algunos muy jóvenes, innovaciones y mezclas de estilos: hip hop, trap y reguetón. Más todavía, cantantes y compositores como Natanael Cano, Peso Pluma (Hassan Kabande Laija) o Víctor Cibrian (En el radio un cochinero…) expresan un estilo cercano al rap, por el ritmo, el tono y las letras, pero sin perder la raíz de la tradición. 

La fusión de estilos y letras explícitas rompe con la armonía y le da un nuevo curso al corrido. Hay que decirlo claramente: no sólo cantan al narco, también tratan los clásicos temas que se repiten en la música. ¿Cuánto va a durar la ola? No lo sabemos, pero sin duda, los nuevos exponentes llevaron muy lejos al género, hasta el punto que nunca imaginaron los anónimos músicos del XIX. 

Y ahora sí, vuela, vuela palomita. 

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Debates en Coahuila

Lo mínimo en las contiendas políticas y electorales, es la discusión, la polémica y los debates públicos. Los debates son una manera de contrastar las personalidades de los candidatos; permiten ver su capacidad argumentativa o emocional para convencer a los electores. Más todavía, los debates son inherentes a la política, y hasta en los foros más sofisticados y elegantes, como el parlamento británico, se desborda el tono y las pasiones.

En ese sentido, la renovación de la gubernatura en Coahuila presentó en sus debates dos momentos interesantes para conocer a los candidatos y sus propuestas, pero también sus diferencias. Tanto en Torreón como en Saltillo, se presentaron momentos reveladores. 

El debate de Torreón presentó bastante sabor, incluso, en algunos momentos intervino el público con chiflidos, bullas y siseos. También hubo risas, propuestas y argumentos. Sólo los más recatados desean un ambiente aséptico, libre de ataques, jaloneos y disputas. En pocas palabras: la política es pasión.

Manolo Jiménez, el candidato puntero en las encuestas, se apegó al guion y no cayó en provocaciones. Cuida el marcador y no se expone. Su desempeño mejoró para el segundo debate; en el primero se dedicó a leer mecánicamente y casi se sale de sus casillas cuando la moderadora lo cuestionó. 

Ricardo Mejía, del PT, salió con la espada desenvainada, fue polémico, frontal e hizo tremenda denuncia contra mandos policiales. Criticó y propuso.  

En contraste, si no hubo un ganador claro en los debates, sí hay un perdedor unánime: Armando Guadiana, de Morena. Incapaz de articular un discurso coherente, desaprovechó los debates. Se le olvidaron datos, fechas y ni los chistes le salieron. Sin duda, el candidato ideal para el PRI, que ya se apunta a cumplir 100 años en Coahuila. ¿Se dan cuenta de lo que significa? 

Lenin Pérez habla bien y sabe argumentar, pero su posición es irrelevante. Algo suma al poder. La política es sumas y restas. En varios momentos de los debates, Guadiana insistió en la declinación para lograr competirle al poder. Sin embargo, todo da vueltas. En las elecciones estatales de 2017, él no tuvo la generosidad, ni tampoco la visión política para apoyar la alternancia. ¿Por qué candidatos como Mejía y Lenin habrían de declinar por quien no fue generoso y visionario en su momento? 

Por lo pronto, viene un tercer debate. Ojalá vengan más contrastes y sorpresas. 

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Probé ChatGPT

De manera cotidiana, convivimos con inteligencias artificiales: cámaras, celulares, bocinas, automóviles, pantallas, aplicaciones y sitios webs. Algunos de esos programas tienen la capacidad de aprender y también parten de inmensas bases de datos. A la oleada de programas se suma ChatGPT.

Desde la red, podemos preguntar, aunque no conversar, por medio de la Inteligencia Artificial (IA). El programa procesa información en línea, la acomoda y presenta en pocos segundos una respuesta en apariencia coherente. Sin duda, el ChatGPT puede ser visto como un gran avance, pero al mismo tiempo lo podemos ver con una sonrisa maliciosa. Porque si bien presenta la información ordenada, es fácil corroborar sus límites. Esa consciencia crítica que es Noam Chomsky, ve en el chat, una falsa promesa sin capacidad de interpretación y moralidad. 

En cambio, el famoso sociólogo Manuel Castells llevó a prueba al chat con la siguiente orden: "Escribe una nota de opinión sobre ChatGPT como si fueras Manuel Castells". En pocos segundos entregó un texto “original” que luego publicó en la prensa. Sorprendido, nos dice: Ahora todo es posible. De cierta manera, el Chat puede ser el paraíso de los plagiarios. Una tarea escolar se resuelve en segundos. Sin necesidad de leer largas horas, ni de esforzarse en comprender. Todo se resume en preguntar, copiar, pegar y listo.  No sin razón, en la meca de la tecnología, Silicon Valley, hay escuelas que ofrecen enseñanza sin Internet, tabletas y computadoras.  

Le pregunté al chat, ¿fue Gustavo Díaz Ordaz un buen presidente? Me respondió: “Como modelo de lenguaje de inteligencia artificial, no me corresponde emitir juicios de valor sobre las decisiones y acciones de seres humanos. Sin embargo, puedo proporcionar información sobre el desempeño de Gustavo Díaz Ordaz como presidente de México”.

También le ordené al chat que escribiera un poema como Jaime Sabines. El resultado fue desastroso. 

La experiencia de conversar con IA no es nueva. A diario se hace con Siri y Alexa. Pero vale recordar que la empresa Microsoft lanzó en 2016 un chat “inteligente” en Twitter. El robot fue conocido como Tay y se diseñó para conversar con un público joven.  Sin embargo, muy pronto la conversación entre los usuarios y el programa se tornó racista, xenófoba, sexista y hasta pronazi.  Al día siguiente de su estreno, el robot tuvo que ser descontado.  De esa manera, Tay quedó como una agresiva máquina de insultos, prejuicios y consignas raciales. 

Bajo el sello de la IA, sitios como MidJourney o Dalle ofrecen la posibilidad de crear arte. A partir del reconocimiento de estilos y millones de imágenes, se puede lograr una pintura. ¿Será arte una imagen que proviene de estos programas? La pregunta nos puede parecer descabellada, pero recientemente una obra creada por IA ganó un concurso de arte en Colorado. Clic aquí, clic allá, y la imagen aparece. Algo similar se produce con películas y videos. Sin duda, veremos más. Mientras tanto, recordé al filósofo Marshall Berman, quien, para comprender mejor nuestro tiempo, volvió la mirada al siglo XIX. Curiosamente nuestro siglo, inundado de tecnología y avances, se parece cada vez más al XIX.

Movimiento Ciudadano, un partido sin propuesta 

Sin candidatos y sin propuestas. Así se resume el partido político Movimiento Ciudadano. Comandado por un cacique, Dante Delgado, quien no suelta las riendas, MC se presenta como una opción alterna a los partidos tradicionales como PRI y PAN, pero también distinto a Morena. Pero, ¿en verdad son diferentes? La reciente decisión de no participar en elecciones para renovar las gubernaturas del Estado de México y Coahuila lo dice todo de ese partido. Es decir, vacío y sin propuesta.

El objetivo de los partidos es buscar el poder, pero que un partido renuncie a aspirar al poder, es cualquier cosa, menos un partido. Quieren hacer política sin asolearse ni salir a las calles. Es decir, política sin política. 

El pasado 6 de marzo dieron a conocer su fallida decisión. El comunicado expresa una serie de seis excusas superficiales y baladíes. Básicamente culpan a los otros partidos. ¡Sí, culpan a los otros! Ante la ausencia de propuesta, justifican los injustificable. 

En vez de presentarse con honestidad frente a los ciudadanos, acusan de un pacto en los partidos. En el fondo MC se presentó como lo que es: un partido hueco que usufructa millones de pesos en prerrogativas. Un partido que carece de competitividad, organización y presencia nacional. En pocas palabras, un partido sin propuesta. Eso sí, con un color chillante.  

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Timing

La ocasión, la oportunidad, puede ser todo. Los gringos le llaman timing

Envalentonado, alejado de la realidad, el expresidente Felipe Calderón publicó con muy mal timing, un artículo en Reforma, el domingo pasado, justo dos días antes del veredicto en Nueva York, a Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad, condenado por narcotráfico el pasado 21 de febrero. 

A veces es mejor quedarse callado, pero Calderón llamó en su texto a “reconstruir la oposición para salvar a México”. Con nula autocrítica, pregunta “¿Y tú qué hiciste para salvar a México?”. Su apuesta es crear un nuevo partido opositor. Dicho sea de paso, su esposa, Margarita Zavala, lo intentó con firmas falsas y no pasó. 

De cara a la sentencia lapidaria a García Luna, hoy se reescribe la historia de la supuesta guerra contra el narco que abanderó Calderón. Las consecuencias fueron tan funestas para el país que, tres sexenios después, seguimos atrapados en la ola de violencia y criminalidad. 

Ensoberbecido, Calderón nos dice que él sí combatió al crimen y abiertamente incurre en mentiras al afirmar que los índices delictivos bajaron en su gobierno, cuando a todas luces fue lo contrario y de manera brutal. 

¿En qué mundo vive Calderón? Desde el desprestigio de su gobierno, vinculado al narco, Calderón debería ser juzgado, pero en nuestro país la justicia duerme el sueño de los justos. Ojalá despierte. La herencia no es menor.  

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Sin pies ni cabeza

Terminan las precampañas en Coahuila y queda claro el contraste entre los dos principales contendientes.

En Morena no terminan las disputas internas y las inconformidades. El coordinador de campaña así como entró salió. Ahí hay de todo, menos unidad en torno al candidato Armando Guadiana. En vez de gastar suela y recorrer el estado, se va al Super Bowl. Para colmo, el presidente del partido, Mario Delgado, le dice: “Yo en su lugar no iría”. En pocas palabras, una campaña sin pies ni cabeza. 

Del otro lado, la precampaña de Manolo Jiménez cerró sin sobresaltos. Disciplina, unidad y un mensaje claro. El candidato del PRI anda por todos lados, suda, y aprovecha la campaña. En esta primera parte el contraste está a la vista. Por pura inercia, ya se perfilan los caminos de uno y otro. 

En el ambiente general, Coahuila y el polémico exgobernador, que no vale siquiera mencionar, fueron mencionados en el juicio que se realiza en Nueva York al otrora secretario de seguridad de Felipe Calderón, Genaro García Luna. ¿Cuál será el rumbo que tome el caso? No lo sabemos. Por lo pronto, los testimonios parecen de oídas. Me dijo, le dije, me dijeron… 

La realidad supera a las novelas policiacas. 

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No me ayudes, compadre

¿Cómo van las elecciones de gobernador en Coahuila? Mario Delgado, dirigente nacional de Morena, recientemente hizo flamantes declaraciones: “Tenemos una medición donde nos ubica, sólo como Morena, empatados frente al PRI, frente al PAN y frente al PRD; es decir, es muy fuerte el movimiento, pero esta división que provocó el Partido del Trabajo, a partir de una traición, por cierto, directamente al presidente de la República, de un ex funcionario, puede costarnos la gubernatura en Coahuila” (Reforma, 30 de enero 2023). 

En pocas palabras, Manolo Jiménez, candidato del PRI, será el próximo gobernador de Coahuila. No lo dice un militante de su partido, sino un contrincante. ¡Vaya desatino para un político de ese nivel!

Delgado rompió la máxima: podrá pensarlo, pero no decirlo. Solito se golpea y de paso, repasa a su candidato, Armando Guadiana. Ya lo dijo el clásico: ¡No me ayudes, compadre!

Así las elecciones en Coahuila. 

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La Morelos, centenario de un espacio emblemático

La identidad también se construye en las calles. Asfalto, árboles, esquinas, palmeras, tiendas, edificios, bares y, por supuesto, personas hacen día a día la avenida Morelos.

Su construcción inició en 1923, bajo el liderazgo de Nazario Ortiz Garza (1893-1991), uno de los políticos más notables en la entidad. Por sus obras los conoceréis. Ortiz Garza fue originario de Saltillo, pero su carrera política la hizo en Torreón durante los maravillosos años veinte. De ahí saltó a la gubernatura de Coahuila y fue uno de los mejores gobernadores del siglo XX. 

Su labor sigue viva cada vez que pasamos por la Morelos. Él mismo supervisó las obras y gestionó con empresas y particulares recursos para consolidar el primer boulevard de Torreón. La obra se hizo con estilo afrancesado. Esculturas (algunas eróticas), jardín en el camellón central, iluminación ornamental y remate, en la Alameda. Ahí, los laguneros bautizaron a Lorenzo de Urbino como “el pensador”. 

¡Qué época y qué gran político fue Don Nazario! 

En su honor había un busto, que desapareció como tantas cosas en la ciudad. Sobrevive una placa que reconoce su labor. Vayan a la esquina de Morelos y Cepeda.

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2023, aniversarios y conmemoraciones

Terminó el Guadalupe-Reyes y como todo, el nuevo año exige propósitos y perspectivas. Sin duda, la historia también ofrece una visión sobre el camino. Nada más obtuso que pretender descubrir el hilo negro. Para el caso, las conmemoraciones y los aniversarios nos recuerdan el pasado en el presente. 

2023 tendrá conmemoraciones relevantes. Se cumplirán 110 de la decena trágica, el terrible suceso donde se tumbó al gobierno democrático de Francisco I. Madero, el 22 de febrero de 1913. No es poca cosa, lo que siguió después fue partido único y autoritarismo para el resto del siglo.

Tendremos el centenario del asesinato de Francisco Villa, que sucedió el 20 de julio de 1923. El polifacético y legendario revolucionario continúa como héroe popular. Su fuerza y liderazgo, pese a su rendición, fue acallada a balazos. De ese tamaño el miedo y la venganza hacia aquel hombre extraordinario. 

Este año se cumplen 70 años del derecho al voto electoral de las mujeres. El 17 de octubre de 1953 se aprobó la inclusión de las mujeres para votar y ser votadas. Sin duda, un acontecimiento relevante para reflexionar de cara al moviente social más importante del presente siglo: el feminismo.  

Por supuesto, vienen otros aniversarios, como los 25 años de la ida de Octavio Paz, y los 50 años de la partida José Alfredo Jiménez, ese gran filósofo del pueblo. Pero ya habrá oportunidad de hablar de ellos más delante. Por lo pronto, ¡feliz año! 

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