¿Sirve de algo censurar los corridos tumbados?

Los corridos tumbados son un subgénero musical que se deriva del corrido, pero además involucra otros estilos del género urbano como rap, trap e incluso reggaetón. Las letras son explícitas y hablan sobre violencia, crimen organizado, armas y drogas, entre otras temáticas que hacen apología al delito.

Representar la realidad a través de la música no es algo reciente. Haciendo un recorrido histórico, podemos mencionar que durante la Revolución Mexicana se utilizaban los corridos para propagar noticias, lo que se vivía durante la guerra. Posteriormente este género llegó a la cultura popular con representantes como Chalino Sánchez, Los Tucanes de Tijuana o Los Tigres del Norte, quienes además popularizaron los narcocorridos retratando el estilo de vida de narcotraficantes y cárteles.

La desaprobación hacia los temas “alterados” tampoco es algo nuevo. En los años 70, se comenzaron a popularizar narcocorridos como La reina del Sur o La banda del carro rojo y fueron temas que estaban prohibidos en conciertos o en la radio. 

En la actualidad, los corridos tumbados no son la excepción ante la censura y prohibición. Recientemente se ha dado a conocer que en Chihuahua capital se multará a artistas de corridos tumbados y reggaetón. 

Marco Bonilla, presidente municipal de Chihuahua, anunció esta medida siguiendo al gobierno local de Cancún que prohibió los conciertos de corridos tumbados y géneros musicales que promuevan la apología del delito. Estas medidas buscan “prevenir” la violencia contra las mujeres, al grado que las multas impuestas serán dirigidas a refugios de mujeres violentadas.

Por una parte, aplaudo el hecho de que se destine este dinero a apoyar refugios para mujeres y casas hogar de niños; sin embargo, haciendo un análisis más general de la situación, considero que estos esfuerzos por “cancelar” un género musical no harán que cambie la situación de violencia en nuestro país. Son esfuerzos mal enfocados en quienes no son los verdaderos criminales. 

Querer desviar la mirada prohibiendo la libertad de expresión es un recurso tan barato y poco útil que sólo señala como “culpables” a quienes lo único que están haciendo es cantar realidades y evidenciar un cáncer social del que nuestras autoridades no han podido hacerse cargo desde hace ya muchísimos años.

Si algún joven decide irse por el camino de la violencia y hacer dinero de forma ilícita, quién será el verdadero culpable: ¿el nuevo álbum de Peso Pluma o la sociedad fragmentada por un sistema corrompido gracias a la negligencia de gobernantes y autoridades, donde las oportunidades de crecimiento para el grueso menos privilegiado son casi inexistentes?

El periodismo musical y los filtros de esas listas

Una de las principales labores de los medios especializados en música es mostrar artistas que hayan “aprobado su filtro de calidad”. De alguna forma, su objetivo es ahorrarnos la chamba como consumidores de pasar horas buscando entre la paja musical, y en su lugar recomendarnos algo que, de acuerdo a su criterio, es un proyecto que vale la pena dedicarle tiempo de escucha.

Otro de los contenidos que ya están en peligro de extinción, pero que de vez en cuando aún podemos encontrar, están las reseñas de álbumes; aunque en la actualidad la gran mayoría son reseñas de sencillos. En teoría, se desmenuza la técnica y la lírica, se analiza la ejecución e interpretación y se describen los sentimientos que emana cada canción. La idea es que con esta descripción, que a veces viene acompañada de opinión, uno decida si se avienta a gastar valiosos minutos de su tiempo a escuchar el material.

Y algo que aún se atreven a realizar, sobre todo los más prestigiosos y conocidos medios especializados en música, son los listados de top 5, 10… 50 de algo. “Los 50 raperos más esenciales en español, de ayer y de hoy” de Billboard, por ejemplo. 

Entonces, con base en lo anterior, podemos definir que algunas de las actividades principales del periodismo musical son identificar, posicionar y calificar la música con el fin de mostrarle opciones de calidad y fuera de sesgo a la audiencia; de alguna manera facilitarle al público la decisión de qué es lo que sería bueno escuchar.

Sin embargo, ¿realmente tomamos en cuenta a los medios musicales para decidir esto?, sobre todo en esta época donde la música está al alcance de todos y donde los artistas cada vez necesitan menos a las disqueras y a los medios de comunicación para acercarse a su audiencia.

La realidad es que muchos medios actuales funcionan más como agencia de relaciones públicas olvidando el rigor periodístico de hacer una recomendación de forma imparcial.

Lo más preocupante, a mi parecer, es que aún sigan existiendo estos rankings o listas donde posicionan a “los mejores” de acuerdo al criterio de unos cuantos. Sé que es muy importante el reconocimiento al trabajo de los artistas, sobre todo cuando vienen de instituciones prestigiosas o populares, pero no dejan de ser selecciones subjetivas que muchas de las veces están a cargo de personas con desconocimiento del tema o que se dejan llevar por sus gustos personales.

Citando al periodista Alejandro González: “La labor del periodista musical es inmensa, que no debería abaratarse atendiendo a quienes creen que con escribir sobre los músicos que les gustan es suficiente”. 

Hace años los medios especializados en música eran muy relevantes para las audiencias y para el empuje de los artistas. Y es verdad, aún sobreviven nombres de prestigio que siguen siendo muy importantes, pero actualmente el “periodismo musical” se ha convertido en una actividad que realmente cualquiera hace y en la que muy pocos están capacitados. 

Entonces, ¿qué tan en serio podemos tomar las recomendaciones o rankings de los medios actuales? Claro, ya será decisión de cada uno de nosotros como consumidores. 

Y personalmente sigo sin entender, ¿por qué en esa lista no incluyeron a Kase.O?

Treintones: entre la nostalgia y la música nueva

Hace días leí un artículo que mencionaba que, al llegar a sus treintas, las personas perdemos el interés en descubrir novedades musicales. Esperando no sea una sentencia, cito al autor cuando dice que a partir de esta edad comienza una vida más o menos monótona y sin la excitación de la música nueva”

En un esfuerzo personal por querer defender a mi generación ante estas calumnias, pierdo la batalla cuando veo que están dispuestos a pagar cantidades ridículas por una entrada al festival que trajo a su banda favorita de la adolescencia, o a ser cómplices de los soldout en las giras de reencuentros. Nostalgia musical, refrescante para los corazones y oídos millennials. 

La situación para generaciones mayores no es distinta. Seguido vemos en redes sociales la intolerancia hacia nuevos géneros musicales e incluso una subestimación hacia los gustos musicales de los más jóvenes; tú qué vas a saber de rock, chamaco perplejo”.

Más allá de esta tendencia que dicta que a partir de los treinta se apaga la curiosidad musical, también existen otros factores para escuchar siempre lo mismo. De acuerdo con una profunda investigación realizada por mí misma, la música tiende a ser una delicia de melancolía que nos transporta hacia recuerdos, experiencias y sensaciones que, no importando si son positivas o negativas, siempre ofrecen un lugar placentero, cómodo y seguro para regresar ahí.

Y es comprensible. De alguna manera es complicado aventurarse a salir de nuestro lugar seguro, de lo que conocemos bien, para explorar algo que no sabemos cómo va a resultar.

Claro está que dentro de estas generalizaciones existen las excepciones; sin embargo, la realidad es que frecuentemente vemos una ola de comentarios negativos tras el lanzamiento de artistas o la viralización de nuevas canciones, que para los puristas de la música no son dignas de merecer un lugar en su playlist. Son comunes la negación hacia el descubrimiento de música distinta a las mismas trescientas canciones que reproducimos una y otra vez, o la creencia de que algunos géneros musicales desaparecieron por completo.

Por cierto, “¿quién mató al rock?” es una pregunta que algunos responden culpando a TikTok o tal vez a MTV. 

Citando a Alex Turner, vocalista de los Arctic Monkeys: "ese rock and roll simplemente no desaparecerá. Puede que hiberne de vez en cuando, que se hunda de nuevo en el pantano. Creo que la naturaleza cíclica del universo en la que [el rock] existe demanda que se adhiera a algunas de sus reglas. Pero siempre está ahí esperando, a la vuelta de la esquina, listo para abrirse paso de nuevo a través del barro y romper el techo de cristal, luciendo mejor que nunca. Sí, ese rock and roll a veces parece desvanecido, pero nunca morirá. Y no hay nada que puedas hacer al respecto”.

Todos los días se sigue creando música buena, y de todos los géneros. Simplemente no está de moda o aún no recibe el foco de atención que necesita para emerger del “pantano” del underground. Tal vez, si asomamos un poco la cabeza debajo del mainstream de canciones virales, nos espere un universo poco explorado que nos transporte hacia nuevos recuerdos, experiencias y sensaciones.

Como dicen por ahí: el futuro no puede ser tan malo, porque siempre habrá música nueva.