Me preocupa el futuro de esta ceguera

Hoy en día unos cuantos seres humanos, en su mayoría hombres, tienen literalmente en sus manos el poder real para iniciar el holocausto nuclear, y también, ahora más que nunca, una gran parte de los -poco más- de ocho mil millones de habitantes de este polvoriento planeta estamos informados sobre esa posibilidad.

Con esa realidad como contexto es que construimos una cultura global más que nacional. El predominio de las redes sociales y la búsqueda de la nota viral por parte de los (deconstruidos) medios de comunicación nos han sensibilizado ante lo que sucede miles de kilómetros allende nosotros, pero nos ciega ante lo que pasa frente a nuestros ojos.

Nuestros hábitos de lectura cambiaron con el auge de las redes sociales, así como cambiaron nuestros hábitos de consumo. Ahora leemos más que nunca, sin embargo no es contenido de calidad el que consumimos leyendo los estados de Facebook o los tweets de los amigos, sin olvidar las infames cadenas de WhatsApp.

En la guerra por nuestra atención y por nuestros datos biométricos, las grandes tecnológicas son responsables de trastocar la percepción general del tiempo fragmentándolo en extractos de contenido que compiten por ocupar tiempo en tu mente.

La fragmentación del contenido y la masificación del uso de dispositivos portátiles de tecnología ha producido generaciones de madres y padres que hemos enseñado a nuestros hijos a ver pedazos de películas, a estar medio presentes por estar atentos al celular, a leer libros sin terminarlos, a hacer las cosas a medias, a etiquetar todo y a no tener contexto; hemos enseñado a comer en desorden, sin horario, sin sentarse a la mesa.

Preocupa enormemente el futuro, al auge de la inteligencia artificial y el desplazamiento de los humanos por las máquinas en trabajos más sofisticados; preocupa el abuso de sustancias cada vez más agresivas, la polarización de las ideas y la acumulación de la riqueza que impacta en el crecimiento de la pobreza y, sobre todo, preocupa la ignorancia.

No saber que se es ignorante sobre algo es sumamente peligroso. Y confiar en una inteligencia artificial no parece ser una buena idea.

Con este panorama de usuarios reactivos a los que el algoritmo eterno nos presenta, incapaces de definir una agenda propia y carentes de tiempo, es más urgente que nunca que recuperemos el control de nuestras mentes y de nuestros cuerpos.

Al no restringir el uso (y abuso) de las redes sociales no nos damos cuenta de que cada vez tenemos menos tiempo, dormimos mal y menos, nos encontramos de mal humor, sin paciencia y agotados. No es coincidencia el aumento de males como la ansiedad y la depresión en nuestra región, como la inflación; es una realidad global.

Al estar en nuestros dispositivos nos encontramos todo ese tiempo frente a la puerta del refrigerador o ante las puertas de la despensa, en el pasillo de dulces del supermercado o en las cajas registradoras en donde góndolas y refrigeradores de productos chatarra posicionados estratégicamente a la altura de nuestros ojos y los de nuestros hijos nos atacan y nos condicionan a la recompensa inmediata.

Nos convertimos en una sociedad que dejó de confiar en el trabajo duro y en la disciplina de una rutina para idolatrar a las pastillas y los remedios inmediatos.

Como dice el biohacker más confiable que conozco, Cristian Wolff, aunque queremos resultados lineales cuando hablamos de cambiar nuestras vidas, la única manera de lograr cambios verdaderos, sustanciales y duraderos es a través de la sustitución gradual de pequeños hábitos que, en un principio, no nos mostrarán resultados visibles pero que sentarán las bases para un crecimiento personal cuántico, en su momento, a su tiempo.

Por ejemplo, dejar de desvelarse para levantarse más temprano, masticar nuestra comida, no comer fuera de casa, meditar, sustituir café por té, dejar el alcohol y pasear a las mascotas pueden no mostrarnos resultados visibles durante los primeros dos o tres años; sin embargo, a largo plazo nos garantizan una mayor calidad de vida.

¿Tú te identificas?

22 consejos para cuando mis hijos sean más grandes

Tengo dos hijos, pensando en ellos es que publico estos consejos que te comparto a ti, mamá y/o papá, que me lees y que tienes hijos varones de entre 12 y 14 años.

1.- Ten siempre listas cinco copias de cada documento que te pidan para realizar algún trámite.

2.- Báñate consciente de lo que haces, lava y seca muy bien tus pies; la salud empieza ahí.

3.- Cuida lo que consumes, no sólo lo que comes o bebes, ya que lo que escuchas y lo que ves también te nutre o te intoxica.

4.- Cuida tu olor corporal, no hay mejor esencia que la salud; ejercítate, desintoxícate y considera adquirir una fragancia que te represente.

5.- Utiliza siempre camiseta interior.

6.- Convierte la buena costumbre de traer tu calzado siempre limpio en un hábito que te distinga.

7.- Utiliza un buen reloj de pulsera.

8.- Mastica obsesivamente tu comida, tarda en hacerlo, tómate tu tiempo sobretodo para esto, come para nutrirte y no por ansiedad.

9.- Toma suficiente agua todos los días.

10.- Somos la suma de las cinco personas con las que convivimos, cuida con quienes te juntas, ellas y ellos te definirán.

11.- Evita las charlas banales pero procura ser un buen conversador; para lograrlo sólo tienes que cultivar el buen hábito de la lectura.

12.- Ejerce con decisión y firmeza tu derecho a decir NO.

13.- Comprométete con tu felicidad y con tu descanso.

14.- Privilegia la comunicación orgánica sobre la digital, siempre.

15.- Aprende a respirar y hazte consciente de los momentos que ponen en pausa ese proceso. Medita regularmente.

16.- No hagas siempre la misma rutina de ejercicio, el cuerpo se acostumbra, y deja de aprovechar los beneficios del deporte variado.

17.- Camina descalzo en la tierra, conéctate con pachamama, abraza a los árboles y siente tu reconección.

18.- Siéntate en el suelo.

19.- Acuérdate de quienes tienen menos que tú y de quienes viven una situación apremiante.

20.- Respeta a todas la personas, animales y seres vivos, visualiza el equilibrio natural de la vida.

21.- Todo lo que necesitas para ser feliz ya lo traes contigo, no necesitas consumir nada para hacerle frente a la vida, no existen las drogas “buenas”.

22.- Llámale a mamá y a papá todos los días.

El último de los dragones

Porfirio Muñoz Ledo se encuentra en mis recuerdos de niño y de adolescente, cuando acompañé a mi Padre en su lucha política en los noventas, cuando no había redes sociales y los medios de comunicación eran amos y señores de los contenidos.

Lo primero que viene a mi memoria es Porfirio subiéndose a un modesto coche marca Nissan modelo Ninja con varios años de haber sido estrenado -el coche de mi papá, el único coche de la casa-, a mi padre al volante y yo en la parte trasera acompañándolos. Estábamos en Torreón, saliendo de dar una exitosa entrevista -la última del día- en las oficinas de Grupo Radio Estéreo Mayrán.

Sabía que había sido un éxito porque veía y escuchaba a mi papá y a Porfirio charlar efusivamente mientras nos dirigíamos al hotel Posada del Río de Gómez Palacio, sede nocturna de su estancia en la laguna de Durango.

Desde ese mismo hotel, en otra ocasión Porfirio pidió que le trabajaran una llamada a Francia. En aquel entonces no existían los celulares y las llamadas internacionales eran poco comunes tanto para el personal del hotel como para quienes le acompañábamos. Lista la llamada tomó el auricular y comenzó a hablar en un fluido francés con un par de personas brevemente y luego con su interlocutor: François Mitterrand.

Cada vez que vino Porfirio a La Laguna -que fueron varias- yo quedaba impactado por su inteligencia y su agudeza, por su extraordinaria buena memoria y su dominio en el arte de la charla, una verdadera cátedra de clase y de estilo del único político mexicano que fuera boxeador siendo estudiante (ganó los guantes de oro en la UNAM), que fue considerado persona non grata en Inglaterra por su postura como Presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (el único mexicano en ocupar ese lugar) ante el conflicto de las Malvinas, el único mexicano que presidió dos partidos políticos nacionales (PRI y el PRD), que como titular de la SEP que becó a una generación de políticos educados en Francia como José Natividad González Parás y Eloy Cantú Segovia, sólo por mencionar a algunos.

Recuerdo a Porfirio con admiración y respeto, gran amigo de mi padre y hombre que sin duda contribuyó en gran medida con mi educación e ideología.

Mientras cursaba la preparatoria se supo sobre un distanciamiento que existía entre Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio. Mi padre les invitó a cada uno a una cena que se llevaría a cabo en nuestra casa, en su honor. Los dos cenaron en diferentes mesas y solamente se saludaron sin cruzar palabra después. Porfirio alegre, Cuauhtémoc lucía malhumorado.

Años después, como estudiante de Derecho en Nuevo León tuve la oportunidad de coordinarle cuatro giras de medios en su campaña presidencial a Porfirio, candidato del PARM. Originalmente él tenía planeada una visita a Nuevo León, pero fueron cuatro. 

Aunque en la cuarta gira cometí un grave error y conocí a Muñoz Ledo como maestro. Las palabras son más duras que los puños y el hombre sabe golpear. Esa reprimenda me ha acompañado en mi vida y me ha permitido ejecutar con precisión. No tengo resentimientos, al contrario, agradezco la lección.

Hábil con la lengua, recuerdo una vez que Porfirio se refirió al subsecretario de Gobernación de nombre Armando Labra al responder los señalamientos que el funcionario le hacía con este lapidario juego de palabras: “Armando Labra, que seguimos avanzando”.

Brillante.

Es mucho lo que recuerdo con y de Porfirio Muñoz Ledo, no como su amigo sino como hijo de uno de sus amigos y como testigo casi mudo de su historia entrelazada con la mía y con la de mi padre. Recuerdo su voz y su inteligencia, reconozco su valor y su valentía y creo que, independientemente de su activismo y de su postura política, que a unos aleja y a otros acerca, Muñoz Ledo es el último de los dragones de un México que fue.

Mil y una maneras de decir que no

Cada una de las palabras que salen de nuestra boca tiene poder, una carga que es la cimbra de nuestra realidad, un decreto definitorio y constante de nuestra cotidianeidad, misma que construimos conforme hacemos realidad nuestros pensamientos a través de palabras que, como mágicos hechizos, dictan nuestros actos con carga premonitoria.

Cada cosa que decimos crea nuestra realidad, le aporta, la enriquece, la dicta; no la describe “a posteriori” sino que la define antes de que se materialice, por eso lo que decimos tiene tanto que ver con lo que nos sucede.

Considero que la falta de tiempo, la idiosincrasia, la ignorancia y el contexto nos han condicionado a encontrar mil y una maneras de decir NO. Decimos NO a una invitación poco común, decimos NO a lo desconocido, NO a las sugerencias, NO a las peticiones, NO a las aportaciones, NO a todo, es decir que en vez de “todo sí” es “todo no”.

¿Cuántas veces has contestado o te han contestado de manera afirmativa cuando estás buscando una cosa? Estamos acostumbrados a responder que no de manera sistemática y sin priorizar, damos una carga democrática a la actitud ya que a todo y a todos decimos no de múltiples maneras, o sea, no sabemos y no nos gusta decir “SÍ” ya que no sabemos lo que pueda pasar. Preferimos la tranquilidad y la calma de muerte que trae consigo el “no”, con esa palabra logramos que no existan los naturales inconvenientes y las problemáticas incomodidades que conlleva el “sí”, con esa palabra como respuesta y actitud, como definición de vida; creemos que mantenemos el status quo cuando en verdad estamos muriendo en vida, lentamente.

Conocemos mil y una maneras de decir que no: no al ejercicio, no a la vida, no a la salud, no a las ideas del otro, no al otro, no a todo y no a nada, no en general; no para lo que sea, todo no.

Repetimos hasta el cansancio la palabra a lo largo de nuestras jornadas ignorando el hecho de seguramente nos hemos convertido en un NO con patas. No caemos en cuenta de que la palabra se ha convertido en una filosofía, en una forma de vida que ya domina todos nuestros actos, que nos encierra en nuestra forma de ser y que nos mantiene en el limbo de la identidad, del crecimiento, de la competitividad, de la madurez y del rumbo, del sentido de vida.

Yo estoy aprendiendo a dejar de decir que no… ¡para poder encontrar mil y una maneras de decir sí!

Manjares de la cocina familiar

Ella insistió en que no los casara un sacerdote, la solicitud era poco común hace dos siglos. Sin embargo, él no opuso resistencia y decidieron que ya eran marido y mujer.

Todo sucedió muy rápido, celebraron el acontecimiento en el pueblo de donde ella era originaria, un recóndito lugar alejado de las grandes ciudades a donde él había llegado apenas casi por casualidad. 

El festejo tuvo lugar en la casa materna. El padre se había ido hacía muchos años dejando esposa y seis hijas en el abandono de su suerte. Hubo pocos invitados, no se bebió y se comió frugalmente. Pasaron la noche de bodas ahí y partieron para el norte a la mañana siguiente.

Vivieron sin sobresaltos los primeros años de su relación, no procrearon hijos y se dedicaban al comercio. Vivían de manera modesta, pero sin carencias.

El único sobresalto -si es que lo había- se daba cada cierto tiempo cuando ella se echaba a llorar mientras repetía una y otra vez que extrañaba comer lo que su mamá le preparaba.

Acercándose el séptimo aniversario de su unión, los episodios de llanto fueron más frecuentes, tanto que, en medio de una desesperación pocas veces conocida, él organizó en secreto un viaje -largo y penoso- a la tierra de su mujer para reunirla con su madre y, sobre todo, para que comiera aquella comida que tanto extrañaba.

Precisamente eso era lo que más le desconcertaba: ella era una extraordinaria cocinera, a su lado él había experimentado indescriptibles placeres culinarios y no podía imaginar qué cocinaba la madre como para hacerla llorar de antojo.

Llegaron después de varios días al pueblo. Todo estaba igual que siete años atrás. Se instalaron en la casa de la madre, quien no se mostró sorprendida por la llegada de la pareja, y de inmediato se pusieron a cocinar.

A él le pareció simpático que le impidieran el acceso a la cocina, el delicioso aroma que de ella provenía fue suficiente para convencerlo de esperar afuera.

Pasaron las horas y finalmente apareció su esposa con un plato de comida entre sus manos, pidiéndole que se sentara en una mesa que había dispuesto especialmente para ello. Él se sentó y de inmediato empezó a comer.

El sabor de aquel platillo le parecía familiar, sin embargo no pudo describir la combinación de sabores, olores y texturas; le pareció esplendoroso, maravilloso, un placer indescriptible.

Al terminar de comer quería más. Se levantó de la mesa para dirigirse a la cocina y pedir un poco más de aquel misterioso manjar…

Abrió la puerta.

Y lo que encontró no le gustó.

Dispuesto en el centro de una larga mesa de trabajo, se encontraba el cuerpo del padre de su amada, convertido en un macabro manjar.

Un cadáver… exquisito.

El padre brincacharcos

El sacerdote estaba a punto de cerrar la parroquia para irse a comer a casa de su madre, cuando entró la mujer. Ella le pidió que la confesara. Él se dispuso a escucharla con atención.

—Confiésome, Padre, que soy bruja.

̶—Ay, hija, ¡tú qué vas a ser bruja! Mentir es pecado y es uno muy feo.

̶—Padre, le juro que no miento. ¿Quiere que lo embruje para que vea que sí es cierto?

El Padre, riendo le dijo: —Ándale pues, hija, embrújame, pero antes te vas a rezar tres padres nuestros y tres aves marías por andar de mentirosa —y le dio la absolución mientras dibujaba en el aire la cruz frente a aquella pecadora que de bruja no tenía nada.

Justo al retirarse la mujer, un intempestivo aguacero le impidió al sacerdote salir de la iglesia, parecía que el cielo se iba a caer en pedazos -como dicen en los ranchos- y durante largo rato el agua cayó sin piedad casi inundando las calles de aquel pueblo.

Finalmente, el agua paró de caer y el sacerdote se dispuso a dirigirse hacia la casa de su madre, que seguramente ya estaba preocupada por no verle llegar y quien lo esperaba todas las tardes justo en la entrada, asomando su blanca cabecita a la calle.

Sin embargo, la lluvia había dejado unos enormes charcos en las calles y en las banquetas de aquel pueblo, de manera que el religioso no tuvo de otra más que saltarlos como si fuera nuevamente un niño.

Y así iba saltando y saltando los enormes charcos mientras se acercaba a la casa de su madre que, efectivamente, lo estaba esperando en la entrada, ansiosa por verle llegar.

Su madre no lo recibió con el beso de costumbre, en cambio le dijo:

—Ay mijo, tú estás loco. Ahí vienes salte y salte como chiquillo.

—Pero, madre —respondió el sacerdote—, de qué otra manera puedo venir con los enormes charcos que dejó el aguacero.

Un breve silencio invadió el momento, acto seguido la anciana le dijo, visiblemente preocupada:

—¿Pero cuál lluvia?, si lleva semanas sin una nube en el cielo.

El padre volteó hacia el cielo sin poder encontrar una sola nube o un rastro tan siquiera de la lluvia que le había impedido salir de la parroquia y que lo había llevado saltando como un demente hasta la casa de su madre, recordando las palabras de la bruja y recordando, sobre todo, que él aceptó que lo embrujaran.

Gigantes huecos: falta amor en tantas selfies

Nos recordarán por la esencia que dejamos. El perfume de nuestras acciones en el tejido de los recuerdos individuales construirá la memoria que suplirá nuestra ausencia.

El sentido de urgencia se ha perdido. En su lugar se han instalado la dispersión y el déficit de atención, como si el ritmo psicótico de la era digital impusiera en las emociones humanas amores y odios publicados durante 24 horas en las redes sociales, pero que en la memoria orgánica permanecen el resto de la vida.

Es como si se hubieran industrializado las emociones y se nos ofrecieran en cómodos envoltorios, desechables, individuales; relaciones que duran lo que dura una historia en Instagram, acuerdos que sólo son como letra muerta en las publicaciones de Facebook porque en verdad no existen.

Si la comunicación es un fenómeno complejo, comunicarnos ahora es más complicado, paradójicamente debido a las inmensas alternativas de comunicación que han demandado del usuario decantarse entre ser generador o consumidor de contenido, obligando a los primeros a publicar sin freno e inhibiendo cada vez más a los segundos.

Hoy en día nada existe si no se publica en las redes: el entrenamiento, el amor, la paternidad, el festejo, la reunión con los amigos, la fuerza política. Absolutamente toda acción debe mostrarse para que sea revestida de validez.

O eso creen.

Lo que en verdad se muestra es lo que falta:

falta gente en las fotos de sus eventos políticos,

faltan equidad, inclusión y perspectiva de género,

falta criterio, 

faltan valor y originalidad en sus acciones de resistencia civil,

falta sustancia en sus reuniones de cantina,

falta gobierno,

falta oposición,

falta sociedad civil,

y sobretodo,

falta amor en tantas selfies.

Apostarle a un medio de comunicación independiente como soliradio.com atiende a la ausencia de voces frescas y libres en nuestra sociedad. Es un intento de insurgencia y un llamado a la libertad de conciencia, a su ejercicio; un intento por despertar a quien se encuentra en sueños y un fuerte deseo de demostrar que todo se puede con disciplina y dedicación, en equipo, con gratitud y con amor por esta tierra.

Es tener sentido de pertenencia, es querencia lagunera.

Aquerenciados como somos seguiremos insistiendo en ponerle limón a la herida, y por nuestro lado seguiremos dando voz a quienes no pesan en las redes (y que por ende no pesan para los gobiernos), buscando causas justas qué defender y llamando la atención de quienes frívolamente y sin escrúpulos se dicen ser genuinos representantes de una sociedad que hasta ahora les ha permitido jugar ese triste papel, pero que muy pronto habrá de volver por sus fueros.

Porque una cosa son gobiernos con peso y otra gobiernos que nos pesan. Pero también, si algo hemos aprendido sobre trascendencia, es que, hablando de caer por su propio peso, más pronto caen al olvido los gigantes huecos. 

La memoria es una reacción a la sustancia, y por eso…

Al tiempo.

Las tarifas discriminatorias del centro La Jabonera

“Gente que no es de aquí discriminando a gente que no es de aquí porque no es de aquí.”

Jacobo Tafoya

Cobrar distinto podrá ser legal pero no deja de ser mezquino, sobre todo si se trata de instalaciones deportivas como las del Centro Cultural y Deportivo “La Jabonera”.

Hacerse de la vista gorda es tolerar y permitir este tipo de comportamientos que no nos representan y que son génesis de episodios vergonzosos como la masacre de los chinos en Torreón.

La Laguna finca su orgullo en su juventud y en su pluralidad, nos definimos -aquí y afuera- como gente franca y abierta, que te recibe siempre con los brazos abiertos.

Conozco al coach Gaytán, Director General del Instituto Municipal del Deporte. Es un hombre respetable que siempre ha contado con mi afecto. Sin embargo, también respeto a la señora Irma, a Adrián y a Doña Eleuteria, sólo por mencionar a algunas de las personas que son usuarias de las instalaciones de “La Jabonera” y a quienes se les pretende cobrar diferenciado debido a su lugar de origen, sin importar su condición como personas en situación de discapacidad.

La Unidad Municipal de Derechos Humanos, con su titular recién designado por el Cabildo de Torreón, debería estar atenta a la petición que seguramente harán las y los usuarios de dichas instalaciones (de las que señalan deterioro), cuyas quejas en anteriores días ya tuvieron como resultado el que las direcciones involucradas en que todo suceda le mandaron a dar un zarpazo de tigre a La Jabonera y ya no se ve como hace apenas un mes.

Pareciera ser que los Derechos Humanos están de moda en la administración, pero no por la Unidad de reciente creación, ni por el interés del alcalde en dicho tema, sino por la ausencia en la observancia de los mismos al ser vulnerados por la autoridad municipal en diferentes momentos y circunstancias, por ejemplo este tema y el de los puestos de lámina en la Alameda.

En este tema no hay argumento de la autoridad que no lleve a un cuestionamiento. Por ejemplo, el argumento de que se cobra para mantenimiento de las instalaciones nos lleva a preguntar por el presupuesto anual de la dirección general y la consideración en dicho monto del mantenimiento de las instalaciones no descentralizadas que constituyen el área deportiva del centro. ¿No está considerado el mantenimiento en su presupuesto asignado?, ¿por qué deben inventar este cobro para la gente con el pretexto del mantenimiento?, ¿por qué entonces un centro deportivo y cultural de tanto beneficio social como La Jabonera no tiene asignado un presupuesto suficiente para su funcionamiento?

El deporte es salud física, mental y pública. Una persona que practica deporte es una persona que seguramente no formará parte de las estadísticas que dan cuenta del grave problema que representa el consumo de cristal que existe en nuestra ciudad y que regulará de mejor manera sus emociones y sus consumos.

Ojalá que Torreón siempre pueda en este tema.

El error del Municipio de Torreón con los locales de la Alameda.​

El Cabildo de Torreón, teniendo la oportunidad histórica de solucionar un problema, lo empeora.

El espacio público es responsabilidad de un colectivo que formamos todas las personas que habitamos en el municipio.

En este sentido, es responsabilidad de las autoridades municipales el cuidado y mantenimiento de los espacios públicos municipales, su resguardo y mejora.

¡Para eso son autoridad, para eso votamos!

Vivimos en una ciudad que pertenece a una entidad federativa que forma parte del pacto federal que conforma la República; nos rige la Carta Magna, nuestra Constitución, de la que emanan leyes y códigos, productos sustantivos y adjetivos que nos mantienen en un estado de derecho.

No observarlos y solucionar ilegalmente, lesionando los derechos de la colectividad, me hace recordar la toma de protesta del Cabildo -como todas las tomas de protesta-, cuando juran solemnemente que el pueblo y la nación les demande el no cumplir y hacer cumplir las leyes.

Todo mal.

Mal porque lo que estaba mal hace más de 30 años se reproduce y se empeora.

Mal porque buscando solucionar a una colectividad en estado de necesidad se vulneran los derechos de más de 700,000 torreonenses.

Mal porque el municipio dispone de un espacio público que no es su propiedad.

Mal porque sienta un antecedente negativo que invita a la desobediencia civil.

Mal porque lo que ya era ilegal se perpetúa en el tiempo revestido de legalidad.

Mal porque al minimizar la visualización del Árbol de la Esperanza revictimiza a las personas coahuilenses desaparecidas. Proponer reubicarlo sería un insulto mayúsculo, pero todo se puede esperar.

Mal porque hace evidente el desconocimiento de la ley por parte de la autoridad.

Mal y de malas.

@_TORRESBERNAL 

El proceso que viene

Por Jorge Torres Bernal

 “No desgasta el poder; lo que desgasta es no tenerlo”

Giulio Andreotti

De pronóstico reservado se espera el proceso electoral en Coahuila para la elección de gobernador. El país atraviesa un cambio de régimen. La 4T desea ser transexenal. El transfuguismo político al que hace referencia nuestro columnista J.G. Puentes Balderas es moneda de cambio al final del sexenio. 

Se decía que en política “el que respira, aspira” y hoy todos los aspirantes se toman la selfie aunque salgan movidos, las reglas han cambiado: si no te mueves, no sales en la foto.

El clima electoral que ya se vive en Coahuila es cambiante, como las estrategias que, semana a semana, aplican los diferentes equipos de campaña. Manolo sonríe, asiste, acude, se mueve natural en las redes sociales en donde es líder indiscutible y se comunica como se ve: joven. Mejía Berdeja opera, le arropan seguidores de la 4T y liderazgos políticos que no vieron futuro a través de la bola de cristal en la que se convirtió la llamada “Ley Manolo”.

¿Cómo?

Recordemos que quien suceda al siguiente gobernador será, por ley, una mujer, y en Coahuila, aunque existe mucha participación de las mujeres, la política sigue pareciendo más un “club de Toby” que una equidad real, por eso -y por otras razones- ahora más que nunca ser hombre, priista en Coahuila sin pertenecer a los equipos de Manolo o de Verónica es enfrentarse a no estar, y recordemos que para las y los jugadores de este juego, que es más gacho que el del calamar, vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.

El PRI coahuilense vive una realidad alterna, diferente a la que vive el país, como Coahuila en el tema de la seguridad y en algunos otros indicadores que, en otras condiciones, posicionarían al gobernador como un fuerte contendiente para el 2024, pero que ahora se ve lejana con un PRI nacional que votará contra sí mismo en el Senado. 

Ninguno la tiene fácil y menos en este momento en el que los protagonistas no se han definido del todo. Recordemos que la elección pasada tuvo un tercero en discordia, fiel de la balanza entre Riquelme y Anaya, que fue Javier Guerrero. ¿Será que aún no se ha mostrado el tercero en discordia de esta elección?, ¿será un escenario de dos o de tres? ¿Se repetirá en Coahuila lo de Durango? ¿El PAN en Coahuila jugará solo o en alianza? 

Al tiempo…