Pero qué despotismo en el DIF Torreón
Hasta este remoto lugar de encierro he recibido las noticias de que en el DIF Torreón las cosas no andan del todo bien. Parece ser que su titular no es la líder que le prometieron a la primera dama del Municipio. Tan bien que el DIF había empezado la administración. Y es que nos cuentan que, desde que tomó el cargo en abril, su trato tanto a las personas más vulnerables como a su personal cae en lo antiprofesional, déspota y grosero.
Nos cuentan que le está dando muy mala imagen a la institución de asistencia social, que la prepotencia a la orden del día es su mayor virtud con la gente que tiene a su cargo; que no atiende, no delega, no se puede mover un papel si ella no está enterada. Pero lo peor es que a veces no se para por días en su oficina, por estar atendiendo eventos sociales y personales en el Campestre de Torreón. ¿Lo pueden creer? Y así, por lo mismo hay sillas de ruedas, apoyos a adultos mayores, aparatos auditivos entre otros programas sociales de la institución que son frenados y no son entregados a quien más los necesita.
Cuentan también el personal administrativo ha querido tener un acercamiento con alguien que lo escuche, porque la situación ya es crítica; lo mismo pasa con el personal de los más de 20 centros comunitarios que dependen del DIF.
Que qué insensibilidad, dicen, porque nuestra amiga no concede descuentos ni ayuda en la funeraria de la institución a las personas que demuestran que no cuentan con los recursos y son merecedoras de un descuento. Injustificadamente ha despedido a adultos mayores que realizaban por años dignamente su trabajo y que estaban a punto de jubilarse.
Desde esta fría celda, además, por si fuera poco todo lo anterior, me entero de que la Cámara de la Construcción entregó un jugoso donativo con la idea de que se construiría alguna obra para los más vulnerables. Y que no, que la directora decidió utilizarlo para el puesto de pollo de la feria, que sólo se usa unos cuantos días al año.
Parece ser también, que jamás supervisa los eventos, y cuando algo sale mal en el sonido, logística, concurrencia, cuando el padrón de beneficiarios no coincide, siempre hay a quién echarle la culpa. "Orden no supervisada, se la lleva la chingada", decía un amigo. Ah, pero eso sí, cuando algo sale bien, no importa si es del DIF Estatal, ella se lleva las medallas.
Mucha atención se deberá poner a este instituto tan noble, que hoy gracias a su titular está siendo una de las manchas negras de la administración. O bueno, no me crea usted, ni se quede con las palabras de este protagonista en decadencia que ya sólo sabe beberse su amargura; ignore esta lengua emponzoñada, resentida, que baila moluscosa en su propio ardid. No me crea y mejor vaya a preguntarle, así al azar, a cualquier persona que trabaje en el DIF Torreón; pídale razón de su directora y verá que al final la tengo yo.
Hasta la próxima, si es que para entonces no he salido ya de este cautiverio entorrecido, donde al menos me alegra que no sea ella mi celadora.
- Edmond Dantes