Es lo que somos, no lo que hacemos

Ok, vamos a suponer que sí hicimos la tarea anterior y que ya enlistamos nuestras metas para el corto, mediano y largo plazo. 

Tengo una amiga que hizo su vision board en Canva; hermoso, súper claro, y lo puso de fondo de pantalla en su celular. Mientras más precisa y visible la meta, mejor, porque recuerda que difícilmente podremos lograr algo que no hemos cuantificado de alguna manera o que olvidamos constantemente, así que ponle fecha a tus metas, ponle número a los marcadores que lo ameriten (como el ingreso mensual, por ejemplo), ponle destino al viaje que quieres realizar en familia en tus próximas vacaciones y ponle cantidad de veces a la semana que irás al gym.

Qué chido, ya tenemos más o menos un norte, ¿y ahora cómo lo logramos? Si en tu lista o vision board hay cosas que de plano nunca has podido hacer, es posible que aún no tengas idea de cómo lograrlas; porque si supieras cómo, ya lo habrías hecho, ¿no? Ahí es donde nos cae una reflexión muy bonita: para lograr algo que nunca has alcanzado, deberás SER alguien que nunca has sido. Sí, escribí SER, no hacer. No es lo que hacemos, es lo que somos.

Déjame te platico algo bien bonito sobre los hábitos (en mi cuarta entrada tengo más información al respecto, https://soliradio.com/habitos-buenos-y-malo/). James Clear nos dice en su libro Hábitos atómicos (100% recomendado) que un hábito se forma a partir de un proceso intrínseco en el individuo cuando completamente a conciencia éste decide actuar desde una nueva identidad. 

James Clear y muchos otros han dirigido experimentos donde descubrieron que tenía mucho más éxito la gente que basaba su identidad en las nuevas acciones que estaba realizando con la finalidad de alcanzar un objetivo: una persona que quiere dejar el cigarro tiene muchísimas más probabilidades de lograrlo si lo deja de golpe (así es, sin parches de nicotina ni nada) y se dice a sí mismo y a otros la sencilla frase “ya no soy fumador”, con diferencia de otros que intentan lo mismo usando la frase “estoy dejando el cigarro”. 

Parece magia o tontería, pero te repito que hay bastantes estudios que avalan este principio: para ganar un hábito (o perderlo) necesitamos ligar las acciones a nuestra identidad, necesitamos convertirnos en esa persona que ejecuta dicho hábito. No nos ayuda decir que “estamos tratando de hacer ejercicio”, sino decir “soy una persona que se ejercita todos los días”. No decir que “estamos a dieta”, sino decir que somos personas “que comen saludable”. 

¿Se te ocurre un ejemplo para tu vida personal? Te conviene anotarlo en tu libreta.

Esta no es la actividad semanal, esa te la dejo en el link de aquí abajito:

https://shorturl.at/jmvS6

Escribe ese propósito donde puedas leerlo a diario

¿Hiciste propósitos de año nuevo?... De ser así ¿los recuerdas todos? Yo nunca podía, o al menos no pude nunca con la técnica ancestral de atragantarme con uvas en tiempo récord. Ahorita ya caigo en cuenta que uno difícilmente logra objetivos si no los plasma en un papel (demostrado por la ciencia), si no los escribes al menos en tu celular; es más, hay gente que hace “vision boards” que es algo así como un collage de sueños. 

La visualización es buena, pues, pero no por la fantasía del “pide y se te dará”, o esas cosas de la manifestación, sino porque es difícil que logres algo que para empezar se te olvidó que querías lograr. 

Por ejemplo, ¿cuántas veces te has propuesto en lo que va del año alguna meta relacionada con tu físico?, a lo mejor bajar de peso, inscribirte en el gym o empezar a comer más vegetales. Y se va olvidando la idea, hasta que algo te la recuerda, para luego volverla a olvidar. 

Ok, ya me entendiste mi punto: para lograr algo, lo que sea que sea, necesitas tenerlo presente diariamente; entonces, necesitas escribirlo en algún lugar que te lo recuerde todos los días. Así de fácil, así de simple. 

En mi artículo pasado te invité a que le echaras un ojo a cada una de las áreas de tu vida; ahora ahí te va una noticia muy buena: 

no tienes que cambiar toda tu vida para que tu vida cambie por completo.

Cada área de tu vida es importante, pero no todas necesitan atención urgente. Ok, si ya hiciste tu actividad del artículo anterior, ya te quedó bien claro cuáles son esas áreas prioritarias (de aquí a unos seis meses, más o menos, porque conforme vayas avanzando y equilibres ciertas áreas podrás atender otras, porque esto es un proceso de mejora continua). 

Aquí el truco es ser asusta(o): tienes un par de recursos limitados, que son tu tiempo y energía; antes de ponernos a llenar un papel con todas las cosas que queremos alcanzar, necesitamos encontrar la manera de optimizarlos. Una vez que ya detectamos las acciones o metas que realmente simbolizarán una mejora en una o más áreas, ahora sí vamos a plasmarlas en un papel, en un bloc de notas del cel, en un pintarrón, donde quieras y gustes, pero donde todos los días puedas verlo. 

No, no se va a materializar absolutamente nada nomás por soñarlo o visualizarlo, y no tiene que ser así porque tú eres capaz de lograrlo sin “magia” de ningún tipo. Lo único que necesitas es tu motivación y siempre la has tenido; la motivación no se pierde, lo que perdemos es el enfoque. 

Nos leemos en la próxima, donde te compartiré una técnica bien padre que te ayudará a aumentar tu seguridad en tu capacidad de lograr tus objetivos. Te abraza con mucho cariño tu coach de confianza.

Enfocarse con TDAH

“Lo único que puede crecer es aquello a lo que le das energía.”

-Ralph Waldo Emerson.

Mientras te escribo esto, estoy teniendo mi propia crisis de enfoque: ¿debía entregar mi artículo ayer, o era hoy?, ¿qué fue de lo último que te platiqué?, ¿me toca sacar la basura hoy?, ¿ya se pagó el agua?... Hoy más que nunca las personas vivimos problemas de concentración derivados de muchos factores. En lo personal considero que el estrés, la ansiedad, la depresión y las tecnologías son de los más importantes. Vivimos en la era del todo rápido, todo para ayer (¿sí debí entregar mi artículo ayer?) y todo en 15 segundos o menos, que es lo que en promedio dura un video de TikTtok. 

Si esta página u otra se tardara en cargar más de 3 segundos seguro le darías refresh varias veces, o en su defecto pasarías con molestia a la siguiente actividad: checar Facebook o tu Whatsapp. Y no te culpo, la única razón por la que puedo describirlo con tanto detalle es porque yo también lo experimento y muy seguido. 

A raíz de mi diagnóstico de TDAH (sí existe y sí existe en adultos, no es un invento, aunque yo misma traté de convencerme que lo era) pude hacer más consciente la necesidad de enfocar mi energía en las actividades que me traerán, primero que nada, equilibrio y tranquilidad emocional y mental (como meditar o hacer ejercicio, ya que decidí irme por el camino de terracería, así que no me medico, simplemente implemento técnicas de concentración y generación de dopamina sustentables y saludables) y, segundo, que me permitan alcanzar el logro de mis objetivos “mundanos”: pagar mis cuentas o adquirir un bien, por ejemplo. 

Bueno, pues resulta que para enfocarnos debemos identificar en primer lugar cuáles son las áreas de nuestra vida que en este momento requieren más enfoque, más energía de nuestra parte. A veces pensamos que necesitamos una cosa, pero al hacer un buen trabajo de introspección nos damos cuenta de que hay otras necesidades más urgentes que tal vez hemos obviado porque ya nos acostumbramos a su carencia. 

Por ejemplo, es muy común en nuestro rancho que desarrollemos alergia con los años. Y nos acostumbramos a escuchar “ah, es que es la época del terregal, ya se van a soltar las alergias”. Cuando la alergia es una reacción inflamatoria que debe tratarse de raíz, ya que es un signo de debilidad inmunitaria que puede simbolizar la existencia presente o futura de otros padecimientos más severos. 

Te dejo la actividad semanal. En lo personal la he hecho varias veces y no sólo la he disfrutado, sino que me ha servido muchísimo para identificar situaciones en las que estoy distrayéndome de mis objetivos. Si pierdo de vista mis objetivos, pierdo de vista lo que tengo que hacer para lograrlos, así de sencillo. En serio te invito a que la hagas.

Cuéntame tu propia experiencia escribiéndome a mi Instagram @adrianaisfit o bien a mi Facebook Adriana Puentes Olmos. Te abrazo con harto cariño. Nos leemos la próxima semana.

ACTIVIDAD:

https://shorturl.at/hikEH

Me voy a quitar las etiquetas

Te he estado platicando cómo nuestro cerebro es moldeable, es decir, podemos construir neuronalmente nuevas estructuras que nos permitan tomar otras decisiones que solemos tomar en automático (mejores, espero), y a final de cuentas un cambio de hábito no es otra cosa más que decidir diferente a como lo hemos hecho de forma constante.

Para lograr esto tenemos que estar bien conscientes sobre cuáles son los patrones aprendidos que están rigiendo nuestra vida, y de ellos cuáles no nos están beneficiando. Muchas conductas vienen aprendiéndose desde la infancia, cuando todo mundo nos coloca etiquetas y nos vamos identificando con ellas. Hay que revisar cada etiqueta y despegárnosla si nos está afectando. 

Muchas veces creemos que sólo las etiquetas negativas nos afectan, pero no es así; a veces las etiquetas aparentemente positivas nos pegan tanto o más fuerte. Por ejemplo, cuando Juan iba a la primaria sus papás siempre le reconocían su arduo esfuerzo escolar, le decían que aunque no era un niño muy brillante (ahí va la etiqueta negativa) siempre trabajaba más que todos (etiqueta “positiva”) para sacar buenas calificaciones. Entonces Juan creció creyendo que la única manera de tener reconocimiento sobre su trabajo era mediante el esfuerzo extremo, ya que su inteligencia nunca sería suficiente como para poder darse el lujo de esforzarse como el resto de sus compañeros. Resultado: Juan es un excelente “colaborador”… que es “workaholic”, muy cerrado a la crítica y con un síndrome del impostor que no le permite siquiera disfrutar sus logros y reconocimientos; además, le cuesta mucho superar errores y se recrimina por cada equivocación constantemente. 

Aquí lo que necesitas comprender… ehm… Juan, quise decir… lo que Juan necesita comprender es que su valor como individuo no está relacionado al reconocimiento externo y que ser rechazado, equivocarse y tener problemas está bien, porque Juan, independientemente de su IQ, tiene la capacidad de salir adelante y de aprender de sus errores

Debemos aprender que los fracasos no son otra cosa que la oportunidad de crecer y mejorar como individuos. Debemos comenzar a ver nuestras fallas con curiosidad e interés para descubrir qué fue lo que nos llevó a ese resultado y realmente aprender la lección. Después de cada fracaso, en lugar de recriminarnos incesantemente, podríamos preguntarnos “¿qué podría hacer mejor la próxima vez?”.

Te dejo la actividad de la semana en un PDF enlazado en esta entrada. Espero que puedas identificar todas esas etiquetas que están limitando ahora tu progreso. Duele retirarlas porque el pegamento con el que nos las pusieron es muy fuerte y lo hemos ido fortaleciendo a lo largo de los años. Duele quitarnos preconceptos porque en buena parte nos han definido hasta hoy, y si no soy eso que dicen, ¿entonces quién soy? Bueno… Eres una obra en constante evolución. 

Es hora de crecer un poco más. Abrirnos al cambio nos acerca más a quienes somos en realidad, aunque a veces parezca lo contrario. 

Te abrazo inmenso. Nos leemos la próxima semana. 

https://drive.google.com/file/d/12NV6wckT9t8_ESqB2Bh01fTh7EjU3QgS/view?usp=share_link

Así funcionan los hábitos buenos y malos

Me encanta estar escribiendo para ti nuevamente, te saludo con harto cariño. Si esta es la primera vez que me lees, te invito a que te avientes las entradas anteriores, ya que cada redacción que escribo es parte de una serie y voy acercándome poquito a poquito a mi objetivo: quiero sacudirte, quiero que hagas conciencia para que tengas la motivación de querer cuidar tu salud física (y mental, siempre agrego). 

Pero no sólo quiero que te me motives; la motivación de nada sirve si no sabemos aprovecharla y dirigirla. Por suerte, hay pasos bien claritos y efectivos que podemos emplear para crear “momentum”, que es básicamente hacer uso de la motivación para agarrar vuelo e ir creando hábitos que te ayuden a lograr esos objetivos que tienes, tal vez desde hace años. 

En el artículo pasado te platiqué un poco de ello: todos tenemos hábitos que no nos benefician en lo más mínimo y que queremos cambiar, pero por una u otra razón no podemos. Tú piensas que “así eres”, cuando no; no es que seas un barril sin fondo a la hora de comer, José, Lizeth; no es que tu cuerpo sea alérgico al ejercicio. Es que tu cerebro, esa máquina maravillosa que tienes en la cabeza, aprende de la repetición, creando caminos neuronales que ayudan a simplificar la toma de decisiones. 

Imagínate que cada decisión que tomas es un burrito que va atravesando una vereda; mientras más burritos pasen por la misma vereda, el camino se va haciendo más ancho y fácil de caminar, hasta que llega un punto donde el cerebro lo elige en automático, pensando que te está ayudando a ahorrar tiempo en la toma de decisiones. Para cambiar tus patrones de conducta primero tenemos que hacer bien conscientes dichos patrones, entender a profundidad el daño que pueden traernos a corto, mediano y largo plazo, y sustituirlos por otras acciones que, repetidas durante un tiempo, nos generen nuevos hábitos. 

Mucha gente hace consciencia cuando ya tienen problemas de salud o ya cargan con una enfermedad crónica, cuando ya requieren una cirugía o ya se detestan tanto que no pueden ni verse al espejo, y es hasta entonces cuando deciden buscar soluciones: comienzan a solicitar tratamientos, apoyo, terapia… entrenadora. Nunca es tarde, definitivamente, pero tampoco es necesario que dañes tu salud (en muchos casos de forma irreversible) para que la valores y decidas cuidarla. 

Ok, creo que ya quedó bien clarito para dónde vamos. Ya entendimos que nuestros patrones no están escritos en piedra, que nuestro cerebro es moldeable y que sí podemos cambiar. En la siguiente entrada quiero comenzar a explicarte el cómo. Te abrazo con mucho cariño, ¡nos leemos pronto!

Despierta

La semana pasada quise tocar –con bastante firmeza, sorry– la importancia de comprender cómo independientemente de todos los factores externos, somos nosotros mismos quienes definimos nuestro estado de salud física… que está ligadísima a la salud mental. 

Requiere mucho compromiso (y aún más honestidad) tomar la responsabilidad completita de cada decisión de nuestra vida, incluidas aquellas relacionadas a cómo, cuándo y qué comemos, o a si activamos nuestro cuerpo físicamente, de qué manera y con qué frecuencia. Y es que es bien importante prestar atención a esas “pequeñas decisiones”, porque la mayoría de los adultos solemos tomarlas en automático.  

Es natural que si tú repites ciertas acciones durante un tiempo, éstas se vuelven patrones de conducta, a lo que le llamamos hábitos. Repite hábitos durante un tiempo y se vuelven parte de tu personalidad. Entonces ya llegan mis asesorados diciéndome que no pueden dejar de tomar alcohol o de comer pan dulce desmedidamente, o que odian hacer ejercicio.

Estos hábitos les afectan muy negativamente, pero no tanto porque el pan, el alcohol o estar tirado en el sillón sea malo, sino porque tienen años reforzando estos hábitos sin variación, lo que ya creó caminos neuronales que son cada vez más difíciles de cambiar. 

Llega un punto donde tus ojos ven una dona y ni siquiera te detienes a pensar si tienes hambre o no; cuando acuerdas ¡ya te la empacaste toda!, te sientes culpable, te preguntas “¿cómo pude hacer esto, si me prometí dejar el pan dulce?” y de la propia ansiedad y culpa ¡te comes otra pieza! Te auto flagelas un rato, te culpas, te dices a ti mismo las cosas más espantosas que jamás le dirías ni a tu peor enemigo, hasta que te resignas… “es que así soy”.

Déjame te digo que no eres así. Si fueras así, estarías conforme con el estilo de vida que llevas. Si fueras así, no te molestarías contigo por las cosas que haces o no haces, no querrías siquiera cambiar. Pero sí quieres, porque dentro de ti sabes que no estás viviendo con todo el potencial que podrías. Tal vez tienes proyectos, sueños hermosos de los que hablas y se te ilumina la cara, o tal vez los llevas en silencio y no los compartes con nadie, pero igual ahí están. Sabes que puedes lograr más, ser más.

Y no tiene nada que ver con la idea de éxito falsa que nos han vendido, no hablo de esa cultura de esclavitud al consumismo disfrazado de empoderamiento y éxito. Hablo de ese llamado que nace de tu propio corazón, que te invita a ser un mejor ser humano, a dejar lo mejor de ti en cada cosa… a cuidarte, a vivir en conciencia, en equilibrio. Esa voz que te dice que no estás viviendo con todo tu potencial. Esa voz que te dice “¡despierta!”.

Te mando un abrazo inmenso, nos leemos la próxima semana.

La responsabilidad de nuestro poder

La semana pasada, algunas personas que leyeron el artículo me escribieron: Adri, ¿cómo que no sigo la dieta y no hago ejercicio por miedo?, ¿qué tiene que ver mi falta de disciplina y mi flojera con tener miedo?… ¿Miedo a qué?

Y bueno, ahora yo les pregunto: ¿Qué tienen en común una ingeniera química, un político, un médico y una mamá emprendedora que les impide mantenerse constantes en su proceso de adquisición de hábitos saludables? La respuesta engloba tantas razones como excusas (sí, aunque suene feo, no son más que excusas), y las escucho casi diario en mi trabajo: “No pude seguir el plan porque viajé esta semana”, “traigo mucho trabajo y por eso no he ido al gym”, “se nos descompuso el coche y no pudimos hacer mandado, así que pedimos mucho a domicilio”. Pero el que viajó tenía gimnasio en el hotel, el que traía mucho trabajo pasó 4 horas en redes sociales por día, y la del coche descompuesto pidió pollo frito tres veces esa semana.

Ahí está su miedo más grande, mi muy apreciable lector. Si tú ofreces ese tipo de respuestas cuando abandonas la dieta o el plan de ejercitarte más seguido, cuando dejas tirado tu propósito de mejorar tu salud, de buenas a primeras y por “cuestiones de la vida”, entonces déjame te diagnostico miedo del bueno: miedo a tu propio poder. Así es, tienes miedo de demostrarte a ti mismo que todo este tiempo has puesto como excusa circunstancias externas a ti, en vez de hacerte responsable por tu salud o por la ausencia de ésta. Así que prefieres seguir justificando tu negligencia y tu falta de compromiso personal, a sabiendas que la factura se te cobrará en unos cuantos años.

Si tu crees que en unos dos años o tres las cosas se acomodarán mejor en tu vida, que tendrá más tiempo, más dinero o mejores circunstancias para empezar tu “vida fit”, déjame te adelanto que eso no va a ocurrir. La vida no se te va a poner más fácil, y menos si no te estás cuidando y está mermando tu salud de a poquito, un día a la vez.

No queremos verlo. Solemos creer que nuestro miedo más grande es fracasar, cuando en realidad le tememos más a nuestro propio poder y a todo el éxito que podemos alcanzar con él, porque sí, el antiguo adagio popularizado por Marvel tiene razón, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Y es que pensémoslo. Si te mantuvieras 12 semanas con un entrenamiento hecho a la medida de tus tiempos y condición física, con una alimentación decente (ni siquiera te digo que una dieta restrictiva), seguro verías más progreso en tu salud del que nunca has visto en tu vida… pero entonces ¿a qué o quién podrías culpar si decides descuidarte una vez más?

Tienes una buena noticia y una mala, que curiosamente son la misma: tu salud física y mental está en tus manos.

Nos leemos la próxima semana. Prometo ser menos regañona.

Sobre el autosabotaje y otros miedos

¿Recuerdas la primera vez que te autosaboteaste, vamos, que te metiste la pata solo?, la primera vez que en un ataque de ansiedad los nervios te carcomieron completito y te invadió la duda, ¿cuántos años tenías, recuerdas?; la primera vez que se te incrustó esa idea en la mente que te acompaña hasta ahora (aunque no quieras), esa que te dice “fallarás, no lo harás bien”, “no debiste intentarlo, esto sólo te traerá vergüenza”, “te vas a equivocar y todos lo verán”,  “no eres suficientemente bueno”... 

Yo sí me acuerdo. Tenía no más de 5 años, se me trabaron las piernas y en medio de mi participación en las Mini Olimpiadas del kínder no pude saltar lo mínimo que se necesitaba para pasar a la siguiente ronda de eliminación; yo, que había sido aplaudida por mis maestros y familia porque en las prácticas de preparación en aquella escuelita era la alumna que podía saltar más lejos. No recuerdo mucho más de aquel día, o las palabras que me dijeron mis papás. Pero me acuerdo perfecto cómo me sentí: yo, Adriana Puentes, los había decepcionado. Estoy segura que tu historia no es muy distinta a la mía; a lo mejor estabas exponiendo y se te olvidó todo lo que practicaste a la perfección el día anterior, o en medio del concurso de oratoria te trabaste por completo. 

¿Cómo puede ser posible que no lográramos hacer algo que sabíamos que podíamos hacer?

Y míranos aquí, ahora, ¿estás leyéndome en vez de estar trabajando?, “scrolleando” en tu celular interminablemente para evitar hacer aquella cosa que sabes que puedes -y más aún, debes- hacer y no haces; no por flojera, no porque seamos procrastinadores profesionales. No, no es porque nos guste quedar mal, de hecho lo detestamos tanto que la sola sensación nos paraliza por completo. La razón de nuestro mal –y la de otros tantos males en nuestra vida– es vasta y compleja, pero a grandes rasgos puede reducirse a una palabra (que lamentablemente tal vez no te dirá mucho de momento, por eso debo extender este tema para la próxima semana). Esa palabra es miedo, y habría que viajar en el tiempo hasta esos primeros momentos de tu vida donde te sentiste insuficiente y no merecedor para que podamos ir comprendiendo el tipo, el color del miedo que te limita hasta hoy. Ese miedo que a mí me toca trabajar contigo cuando me cuentas todas las veces que te has propuesto cuidar de tu cuerpo, tener mejor salud física, mejorar tu alimentación, pero por alguna “extraña” razón no has podido lograr ese objetivo. 

Ve pensándole, ve haciendo memoria, nos leemos la próxima semana.

https://drive.google.com/file/d/1bblK6VUx-s737n7YHxhVX4ow2tSN_8fJ/view?usp=share_link