Cultivar y reciclar en casa: 5 actividades infantiles

Aprovechando que el pasado sábado 30 de marzo fue el Día Internacional de Cero Desechos, hoy quiero recomendarles cinco actividades puntuales que podemos hacer en casa para fomentarles a nuestras hijas e hijos el interés por conectarse más con la naturaleza. Por medio del reciclaje, estas dinámicas favorecen la convivencia familiar y el cuidado del medio ambiente en el hogar.

  1.  Germinados con cartón de huevo y macetas colgantes con botellas de plástico.

Aprovechando la cartera de huevo, la de cartón, del tamaño que sea, ponemos tierra en cada una de las partes cóncavas; ahí sembramos adecuadamente algunas hortalizas (como zanahoria, calabaza, tomate, chile…). Una vez que germine cada plantita, la plantamos en macetas colgantes hechas con botellas plásticas de 1.5 o 2 litros (las de agua o refrescos), habiendo cortado cada botella y perforándole el borde para agregarle un mecatito o hilo grueso y poder colgarlas (no olvides hacer algunas perforaciones en la base o aprovechar la boca para dejar gotear el agua de riego; puedes aprovechar mejor esta agua si cuelgas verticalmente las macetas en pares o tríos). Cuidar cada maceta de hortalizas de la mejor manera para cosechar el fruto cuando se requiera y poderlo utilizar en su alimentación (resulta muy motivante y emocionante para el niño o la niña consumir en casa lo autocultivado).

Cómo hacer un semillero con cartón de huevo:
https://youtu.be/g22DA12UIV4?si=HAG69ghrfqKKAJ_Q

Una idea de macetas con botellas, de las tantas que pueden encontrar en YouTube:
https://youtu.be/BU0_o3T5_3k?si=Vr26tkTZ3BF0MExI

  1. Sistema de riego con tubos de PVC. 

Podemos construir un sistema de recolección y riego con tubos de PVC de 10 centímetros de grosor. ¿Cómo funciona? Entre cada hilera horizontal de nuestras macetas colgantes colocamos el tramo de tubo a lo largo, con una ranura grande superior y orificios inferiores correspondientes a cada maceta de abajo. Este sistema ayudará a que el agua que cae de las macetas superiores se aproveche también para las de abajo. Recuerda que no todos los cultivos requieren la misma cantidad de agua, así que es conveniente acomodar las macetas según esta consideración. Si este tipo de trabajo te es ajeno, pregunta en la ferretería los materiales y herramientas que necesitas. También existe un sistema de hidroponía que utiliza estos tubos, te recomiendo investigarlo.

  1. Macetas con latas y botes de colores.

Las latas grandes de alimentos (como las de chiles, por ejemplo) también se pueden utilizar como macetas. Una manualidad interesante para las y los infantes de personalizar estas creaciones; luego de lavarlas a profundidad, las latas se pueden pintar de diversos colores, dibujarles rostros o diseños creativos, e incluso agregarles piernas y brazos con trozos de cuerda u otros materiales. Dándole rienda suelta a la creatividad infantil, crear un vivero en casa puede ser todavía más interesante y didáctico. 

  1. Manualidades con Tetra-Pak.

Por su resistencia, gran facilidad de reciclaje y las muy diferentes formas en que podemos encontrarlos, los envases de cartón (Tetra-Pak), ya sean de leche, jugo o cualquier otro producto, nos pueden servir para muy diversas manualidades. Son un excelente material para fomentar el reciclaje y la creatividad en nuestras hijas(os). Podemos encontrar muchos tutoriales de manualidades con reciclaje de envases Tetra-Pak; aquí tenemos una buena sugerencia, por ejemplo: 

  1. Adorna el vivero reciclando otros plásticos.

Lo común es que arrojemos a la basura los botes plásticos de yogurt, crema, jugos, etc. Por sus muy diferentes formas, estos envases pueden convertirse en bellos adornos para el patio o huerto. Por ejemplo, acomodando varios y pintándolos, podemos crear fuentes, construcciones pequeñas y otros adornos. Algunos botecitos también pueden convertirse en pequeñas macetas mientras nuestras plantitas requieren un espacio más grande para continuar creciendo.

En general, las niñas y los niños suelen interesarse mucho más por los espacios y actividades en donde tienen amplias posibilidades de expresar su creatividad e ingenio; esta libertad creativa hará que se comprometan e involucren mucho más con el cuidado de sus plantas y la reutilización de materiales que hoy tal vez tengan la costumbre de tirar a la basura sin mayor preocupación.

Tener una pequeña huerta o vivero en tu casa para el autoconsumo familiar no es tan difícil; la información está muy a nuestro alcance. Imaginemos además el gran beneficio que este tipo de actividades tienen en la crianza ecológica.

Cómo logré una casa ordenada, aun con niños

Me he dado a la tarea de monitorear cuál es la causa para que un individuo ensucie y desordene deliberadamente su entorno con sus acciones diarias. He definido que viene desde la raíz, desde la familia. 

Observé que, comúnmente, no hay en las familias una educación para que el niño comprenda por qué no debe tirar empaques de alimentos ni papeles, o por qué debe recoger su cuarto, e incluso fijarse si hay limpieza o no en el resto de la casa. A las niñas y niños se les puede formar a conciencia para que cuiden su entorno y busquen mantenerlo limpio y ordenado, más si es su propia casa. Desde ahí, quiero darles herramientas a esas madres y padres a quienes no les dura limpia la casa por el desorden o suciedad que en unos minutos generan los hijos. 

¿Cómo logramos ese cambio? Ésta es la estrategia que a mí me funcionó: 

Nuestra casa quedaba sucia y desordenada después de que mi familia llegaba de sus escuelas y trabajos, realizando sus tareas o actividades en casa. Por la noche se iban a dormir sin preocupación, sin darse cuenta de todo el desorden que habían causado. Así que implementé algunas actividades hacia el orden.

Les pedí, por ejemplo, que clasificaran sus juguetes poniéndolos en cajas de cereales o zapatos con nombres determinados. En familia platicamos sobre qué juguetes que ya no usaban ni pensaban jugar más con ellos, y determinamos cuáles podíamos donar o vender (con el fin de comprar lo que necesitaba cada uno).

Colocaban la ropa en ciertos cajones determinados de su closet, con el reto de doblarla en partes pequeñas para no ocupar tanto espacio. Acomodamos otra la ropa en ganchos, organizándola por formas, usos o colores.

En cuanto a la acumulación de libros y cuadernos, le pedí a cada uno que hojearan sus cuadernos usados y vieran cuáles ya no se podían usar y a cuáles les quedaban hojas limpias para arrancarlas, juntarlas y de ahí coser nuevos cuadernos, forrándolos de papeles alusivos a sus personajes favoritos. Luego revisamos qué libros ya no se utilizaban y les emocionó la idea de ir a donarlos a bibliotecas o escuelas. 

La idea siempre fue también implementar estas actividades con entusiasmo, creándoles conciencia de lo de lo importante de su participación para organizar sus pertenencias y su espacio. Se trata de sembrarles la comprensión de lo fácil que puede ser el orden si acomodamos cada cosa después de usarla; se trata de invitarlos a ser parte del hábito para lograr vivir en un espacio ordenado y limpio, cohabitando.

Debemos crear los programas para educar ecológicamente

En toda sociedad funcional y saludable debe haber educación en el cuidado del medio ambiente. En nuestro país no existe un registro adecuado de cuáles estados, municipios o poblaciones cumplen con incluir este tipo de educación en sus contenidos académicos.

Además, no hay un programa educativo establecido para llevar a cabo una educación ecológica, un programa que eduque en cómo y por qué cuidar el medio ambiente y que nos asegure un país educado hacia una sociedad limpia en todos los sentidos. Sin embargo, en la infancia mexicana tenemos una población extensa que puede ser más consciente y educada en la importancia de crear y conservar ambientes ecológicamente más sanos.

Potencialmente, los pequeños serán quienes hagan reaccionar a sus madres y padres de manera positiva para el cuidado del medio ambiente, llevando a casa lo aprendido en la escuela. Emprendiendo acciones que nos comuniquen la emergencia del cuidado ambiental, las y los estudiantes se convierten en agentes de cambio en su escuela y su familia con el fin de concientizar a la sociedad sobre lo importante de su participación. 

Con la guía del equipo docente, en la escuela se pueden realizar diversos eventos y actividades para estudiar e informar sobre temas de suma importancia, como el desperdicio de agua, el cambio climático y otras consecuencias del maltrato ecológico.

Es tiempo de actuar. A falta de un programa académico integral y efectivo en las currículas oficiales, en las escuelas debemos diseñar el proceso para educar ecológicamente. Nuestro fin es formar a estudiantes que sean capaces de orientar y concientizar a las personas de su entorno en la importancia del cuidado del medio ambiente. 

Aprender desde la infancia a cuidar el agua

A los pequeños les encanta curiosear y hasta estar enterados de todo. Así que ellos serán los agentes de una investigación bien fundamentada. Una buena investigación hacia los recursos naturales de su región. 

Una vez que el infante tenga conocimiento sobre el recurso del agua en su región y las causas y consecuencias de su descuido, podrá explorar y cuestionarse por qué la sociedad sigue contaminando el agua, como dejando correr en ella el tiempo y la experiencia de disfrutarla.

Es urgente que desde los primeros años el alumno aprenda desde su núcleo familiar a cuidar el agua, cómo evitar que actividades diarias y domésticas (lavar los trastes, lavar la ropa, bañarse, regar las plantas…) sean causa de desperdicio de agua.

En el hogar podemos utilizar el agua de lluvia para regar las plantas o algún jardín, o podemos recolectar el agua de la ducha mientras esperamos que salga el agua caliente para utilizarla en la limpieza. El agua de la lavadora también se puede utilizar tanto en limpieza de pisos como en el inodoro.

Madres y padres de familia deben realizar en casa actividades ecológicas junto con sus hijos (por ejemplo, otra dinámica que concientiza es colocar mangueras delgadas de un árbol a otro, para que en el momento preciso en que se llene un cajete, el agua excedente comience a pasarse al árbol contiguo).  Hay que tener siempre presente que la niña o niño investiga, critica, pregunta y actúa mediante motivación, el ejemplo, un buen trato y justo reconocimiento a su labor. 

En la escuela, el alumnado puede seguir cuidando el recurso observando fugas y desperdicio, fomentando en su comunidad escolar el mismo hábito. 

También se le pedirá al equipo ecológico que realice actividades con el cuerpo docente para comprar botes altos en donde se almacene agua. De esa reserva, cada salón sólo debe tomar una tina para asear su salón o lavarse las manos en caso de escasez.

El reciclaje y reutilización del agua son formas efectivas de reducir su consumo y desperdicio.

Los detergentes y productos de limpieza empleados deben ser biodegradables, que son buenos para el medio ambiente y no contaminan el agua.

Reducir el gasto y el desperdicio desde sus entornos más inmediatos es la manera más efectiva en que un infante aprenderá a cuidar el agua. El infante irá creciendo desde esta formación y logrará reconocer el valor del recurso del agua como parte de su vida.                           

Jugar para cuidar el medio ambiente

¿Cómo puedo involucrar a mis hijas e hijos infantes en el cuidado del medio ambiente?, ¿cómo logro que busquen y valoren un acercamiento con la naturaleza?

Sin duda, la preservación y cuidado del medio ambiente debería importar y preocupar a toda la sociedad; su destrucción es una realidad que pone en peligro nuestra salud e incluso nuestra existencia en el planeta. ¿Qué calidad de vida les estamos heredando a nuestros hijos?, desde el aire que respiramos hasta el suelo que sembramos. Es esencial enseñar a los niños a cuidar su entorno. 

Como siempre, la mejor forma de transmitir un aprendizaje a los más pequeños es a través de actividades divertidas, y la naturaleza es un lugar ideal para llevar a cabo juegos infantiles. Por eso, te propongo algunos recursos lúdicos que te ayudarán a que tu hijo e hija aprendan a cuidar el medio ambiente valorándolo al divertirse: 

Enseñar a los niños a cuidar la naturaleza y a incluir ese cuidado en su día a día puede ser una tarea divertida tanto para ti como para ellos. Con la repetición e invención de juegos simples, gradualmente lograremos que sus hábitos sean por gusto y consciencia más ecológicos. Recordemos una cosa: el aprendizaje infantil puede ser de mayor calidad si se consigue mediante el juego, y el cuidado del medio ambiente tiene en lo lúdico una posibilidad muy amplia. Siempre que lo planteemos como un juego, las niñas y niños lo aprenderán mejor y desarrollarán mayor interés por crecer esta nueva habilidad.

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Inicia la educación ambiental

¿Cómo despertamos en la infancia la conciencia ecológica y el amor y respeto a nuestros recursos naturales? ¿Cómo logramos ese cambio? 

Desde los tres años de edad se puede desarrollar en los niños una cultura ambiental como estilo de vida dentro del núcleo familiar y su comunidad. 

La industrialización y la tecnología nos han llevado a estilos de vida que consumen recursos naturales sin restricciones porque no nos imaginamos la desaparición de alguno de ellos. Generamos deshechos que contaminan el agua, la tierra y el aire; con esto causamos cambios climatológicos y enfermedades diversas. ¿Cómo hacemos para que la mente infantil dimensione este escenario tan extenso?

Desde la inmediato. Comenzamos aprendiendo a cuidar y respetar su primer ambiente: pueden regar su jardín, quitar hojas secas, llevar desechos orgánicos a una composta; son tan observadores que pueden ver detalles más allá de lo estropeado o lastimado por el ser humano. 

Así pues, se debe orientar a los niños para participar en investigaciones sobre el medio ambiente. A través de su curiosidad y tenacidad pueden descubrir nuevas formas de aprender. 

Se puede salvar a nuestro planeta si educamos a los niños desde edad temprana. Así tendrían de forma espontánea una educación ambiental y conciencia sobre los recursos naturales del país. Pronto generarán sentimientos de conexión y amor con la naturaleza, queriendo, por voluntad propia, respetar todo lo que forma su entorno. 

¿Y cómo iniciamos esa formación? Una buena idea es a través de cuentos ilustrados. El niño se interesa observando, por ejemplo, dibujos caricaturizados del planeta enfermo, con la capa de ozono dañada; esto acompañado de historias que concentren más las causas y consecuencias de dicha destrucción y la urgencia del cuidado ambiental. También podemos contarlas en forma de obra de teatro, realizando movimientos y voces que cautiven a los pequeños y que incluso los inviten a participar en la representación. 

De ahí sus sentimientos saldrán a relucir. Serán reales y les gustará empezar a trabajar en actividades que conlleven el conocimiento de recursos naturales como la importancia de cuidarlos. 

Es importantísimo ir observando acciones de cada estudiante con el fin de registrar sus actos hacia la naturaleza. Para ello se moverá la estrategia de diseñar un proyecto que lo involucre en el proceso de comprender el quehacer diario, manteniéndolo alerta sobre el cuidado inmediato de los recursos naturales que originan su bienestar. Así, también, la niña o el niño, sin ser su propósito, se introducen poco a poco en el quehacer investigativo y viven el aprendizaje directo de lo que está pasando con los recursos naturales de su entorno y lo que ha hecho la humanidad para destruirlos y cuidarlos. 

En la escuela, otra actividad temprana es mantener al infante en contacto con la naturaleza a su disposición. Qué tal si se forma un club infantil protector y rescatador de la naturaleza; eligen el nombre del escuadrón, dan a conocer sus objetivos y acciones, crean actividades que expongan problemas y presenten soluciones. 

Todas estas actividades pueden ir evolucionando en complejidad y compromiso de acuerdo a la etapa que el niño está viviendo, al grado de ser él o ella misma quien brinde a la sociedad el fomento a la comprensión del cuidado del medio ambiente.

Consciencia ecológica desde la infancia

Es verdaderamente satisfactorio cómo las personas podemos cambiar nuestra actitud mediante procesos. En este caso, somos capaces de desarrollar profundamente la comprensión de lo importante que es cuidar el medio ambiente.

Es así como desde preescolar y progresivamente se puede enseñar al infante primero los recursos naturales de su región (como aire, agua, tierra…) y llegar (mediante su participación estrategias que le señalen siempre un significado y reflexión) hasta el desarrollo del interés por hacer entender a su comunidad lo mucho que importan el medio ambiente y el fomentar el máximo cuidado de los recursos naturales. 

Es por ello que me atrevo a asegurar que, cuando se refleja un cambio, el infante ya no comete errores de destrucción y de menosprecio con toda la gama de recursos naturales, sino que desea un ambiente sano y auténtico. Esa persona con consciencia y empatía ecológicas investiga las causas y consecuencias tanto de la destrucción como del cuidado de los recursos naturales; persigue la sobrevivencia en armonía, tranquilidad y seguridad comprendiendo que el camino perfecto es un medio ambiente cuidado.

A lo largo de este proceso formativo, la persona se da cuenta del impacto que tienen su quehacer y su participación en la creación de una mayor calidad de vida; deja su ignorancia como un símbolo de un aprendizaje anterior y erróneo, generado posiblemente por el fomento de información equivocada o escasa sobre la protección ambiental.

Y esta formación no sólo repercute integralmente en el infante. He tenido la oportunidad de ver cómo las personas de su entorno familiar, escolar y social consecuentemente también cambian sus actitudes y acciones hacia la conservación del medio ambiente. Las niñas y niños que generan una intrínseca consciencia ecológica hacen eco en sus personas cercanas y monitorean todo su entorno; se convierten a su vez en creadores de agentes de cambio.

Hoy comienzo este espacio con la convicción, desde la metodología y la experiencia educativas, de que es posible y urgente educar desde muy temprana edad en la importancia del cuidado ambiental y formar personas que no solo sean plenamente conscientes de la importancia de la preservación ecológica, sino que sus hábitos y actitudes fundamentales procuran siempre la salud de su entorno.

¿Cómo crees, por ejemplo, que repercuta en la futura vida adulta de tu hija(o) el que desde hoy busque, por convicción propia, tener su cuarto ordenado y su entorno limpio; que desde hoy sea consciente del poder que tienen sus acciones en todo el ambiente que comparte con otras personas?

Acompáñame en esta columna cada semana, que yo te acompañaré en este proceso hacia la formación de personitas que siempre busquen cuidar la ecología de los espacios que habitan y a las personas con quienes los comparten.