Epigenética y reconstrucción emocional

La epigenética o epigénesis es un mecanismo biológico que no reemplaza a la genética, sino que se basa en ella y la complementa para regular la mayoría de las funciones biológicas. Básicamente se trata de un conjunto de mecanismos que tienen la capacidad de encender o apagar diferentes genes de forma dinámica, heredable y potencialmente reversible, a través de nuevas capas de información que no alteran en lo más mínimo las secuencias de ADN heredadas de nuestras madres y padres. 

Hoy sabemos que factores como el estrés psicológico, las emociones y los traumas dejan huellas que pueden ser tanto heredadas a lo largo de las generaciones, como adquiridas. Estudios realizados durante los últimos 15 años demuestran que tales huellas (o marcas) se relacionan con alteraciones conductuales y neurofisiológicas provocadas por situaciones psicosociales estresantes. 

Al analizar, luego de su muerte, cerebros de personas con infancias traumáticas (por diferentes abusos), se encontraron marcas epigenéticas de metilación (alteración química del ADN que se transfiere en la reproducción celular) en el gen receptor de glucocorticoides (hormonas que nos ayudan a resistir situaciones de estrés) en el hipocampo (la región cerebral clave para la memoria y el aprendizaje). También se han encontrado estas marcas en células sanguíneas de jóvenes con una edad media de 15 años e historiales de maltrato y traumas. En estas investigaciones se descubrió, por ejemplo, que tales variables precipitan una mayor vulnerabilidad a desarrollar síntomas del trastorno límite de la personalidad. 

Para comprender cómo se crearon estas “marcas”, es necesario explicar qué nos sucede biológicamente ante un evento estresante. Cuando la persona vive situaciones de violencia o abuso (una fuerte agresión físicas o emocional en la infancia, por dar un ejemplo), el cerebro libera neurohormonas que estimulan las glándulas suprarrenales para que produzcan los glucocorticoides, entre los cuales se encuentra el cortisol, que sirve como medidor ante las situaciones de estrés, dado que, en pocos minutos sus niveles incrementan hasta 20 veces. 

En cuanto los niveles de glucocorticoides se aproximan a los deseados para afrontar eficientemente al estresor, los receptores en el hipocampo emiten una señal para parar su producción. Al formar parte del sistema límbico, el cual está involucrado en la regulación emocional y la memoria, se envía señales a otras estructuras relacionadas en este proceso (como el hipotálamo y la hipófisis) para detener la producción de neurohormonas que actúan en respuesta al estrés. En consecuencia, los niveles de cortisol decaen y el ciclo ante la respuesta al estrés finaliza. 

Hasta aquí el funcionamiento de este proceso es regular. El problema en cuestión se da cuando esta última etapa del ciclo no sucede debidamente debió a que no existen suficientes receptores de glucocorticoides y ello provoca que sigan liberándose neurohormonas manteniendo el cuerpo en un estado de alerta, característico, por ejemplo, en los casos de estrés crónico o los episodios que podríamos llamar “traumáticos”. 

¿Pero esto quiere decir que el daño epigenético causado por abusos o traumas es permanente e irremediablemente heredable? No; las marcas epigenéticas son reversibles y las consecuencias biológicas de estos eventos psicoemocionales traumáticos se pueden prevenir con el tratamiento adecuado. Te espero la siguiente semana en este espacio para que hablemos de ello.

                     Andrea Puentes

Psicóloga humanista

El origen de la musicoterapia: unir sonido, placer y salud

Hace aproximadamente unos 6 mil años, el sonido de la voz y de los instrumentos musicales se empleaba en los templos de Mesopotamia para aplacar la ira de los dioses y evitar que éstos arrasaran e inundaran sus cosechas. Como a estas deidades se les atribuía una psique, podemos decir que ya a la música se le apuntaban efectos psicoemocionales. 

Grecia alumbró la música para el occidente europeo y fue donde por primera vez se formularon sus bases racionales y científicas. La cultura griega dio vital importancia a la música como medio o ayuda para determinadas enfermedades, simplemente con base en la situación clínica observada.

Pitágoras fue el primero en atribuirle una base matemática, la misma que imperaba en la creación del universo. Defendía la teoría de que existe una “música de las esferas” originada por los cuerpos celestes. Pitágoras relacionaba el sonido con el universo: “Cada cuerpo celestial, de hecho, cada átomo, produce un sonido particular debido a su movimiento, su ritmo o vibración”. Pitágoras proclamaba que la música influía en el espíritu y la describía como la medicina del alma.

Las proporciones relativas de los sonidos musicales mantienen un paralelismo con determinadas proporciones físicas naturales armoniosas (número áureo), muy utilizado en pinturas, esculturas y arquitectura, como por ejemplo en las pirámides de Egipto. 

La música, entonces, ya se empleaba para combatir enfermedades, pues creían que influía en los estados de ánimo. Aristóteles reconocía la eficacia de la música ante las emociones incontrolables, por su capacidad de facilitar una catarsis emocional. Conmueve y suscita emociones. Cada palabra pronunciada por nosotros, cada pulsación de nuestras venas, está en conexión, por obra de los ritmos musicales, con el poder de la armonía.

Durante el siglo XIX, en Inglaterra, se iniciaron estudios científicos acerca de la aplicación de la música en el tratamiento de enfermedades mentales. Se publican algunas tesis doctorales que incluían estudios médicos sobre la influencia de la música en las emociones. En Francia, el psiquiatra Dominique ensayó la música con pacientes afectados de enfermedades mentales.

También en ese siglo se realizan los primeros estudios sobre los efectos fisiológicos de la música con base en las respuestas de ritmo cardíaco, circulación sanguínea y respiración. Los resultados indicaron que determinados patrones o secuencias musicales inducían a estados de relajación, modificando las constantes corporales y consiguiendo el alivio de determinados dolores. Hay multitud de evidencias respaldadas por científicos y profesionales de la salud y de la educación (psicólogos, neurocientíficos, médicos, psiquiatras, biólogos) acerca de la eficacia terapéutica del sonido y la música en determinadas disfunciones físicas y/o psíquicas.

La audición de música grabada o interpretada en vivo y seleccionada independientemente por el usuario o el psicólogo, proporciona la estimulación de imágenes, fantasías y recuerdos, a la vez que desarrolla la capacidad de atención, concentración y memoria. De este modo, el psicólogo facilita al paciente la expresión de emociones de forma tanto verbal como no verbal. Se aprovecha la alternación de música rítmica, clásica y moderna para brindar una mejor experiencia. 

En Egipto los signos que representaban la música eran idénticos a los que representaban los estados de alegría y bienestar.           

En chino, la palabra música está compuesta por los dos ideogramas de “disfrutar” y “sonido”.

Hoy en día continúan tradiciones, como en el hinduismo y el budismo, que conceden una gran importancia al sonido de la voz como medio para alcanzar determinados niveles de consciencia y estados de claridad y paz; proteger o liberar la mente a través de los “mantras”, por ejemplo. 

Los sonidos alcanzan nuestro sistema auditivo donde se produce una serie de conversiones energéticas. Los impulsos bioeléctricos resultantes son conducidos al cerebro por el nervio auditivo y se obtiene la sensación de “sonido” originada por el cuerpo vibrante.

Te invito a conocer más sobre las bases científicas de la musicoterapia y los beneficios que puede traer a tu vida.

Andrea Puentes, psicóloga humanista.

terapiahumanista.ap@gmail.com

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Musicoterapia: estímulo para cerebro, cuerpo y alma

La música y los sonidos ejercen una poderosa influencia en cuerpo y mente, entran al cerebro más rápidamente que cualquier otro tipo de estímulo. Desde ahí, la musicoterapia es una técnica psicológica que permite abrir canales de comunicación y genera cambios positivos en el funcionamiento físico, psicológico, cognitivo y social en personas con problemas de salud y educativos. 

¿Cuáles son los principales fundamentos de la musicoterapia? 

En las neurociencias ha habido apertura en años recientes hacia el estudio del procesamiento musical y sus efectos en los estados de salud y enfermedad. Hoy conocemos que la música tiene profundo efectos en la memoria, el cuerpo y las emociones humanas; puede ser activa, receptiva e integrativa. 

Esta terapia experiencial puede incluir, aparte de la música y otros sonidos, improvisación, recreación, composición, relajación, introspección, subjetividad y reentrenamiento auditivo, entre otros recursos, dependiendo de la finalidad y de lo aplicable de cada función o persona en específico.  

En la pedagogía, ya sea en conjunto o individual, se prepara a los menores a que liberen esa sensación que el sonido les genere y que al compartirlo les llene de placer. Los niños con necesidades educativas especiales son remitidos con frecuencia a terapia musical para enfrentar y mejorar sus necesidades de comunicación, cognitivas, perceptivomotoras, sociales, emocionales y psicológicas. Desde la terapia musical se trabaja para mejorar sus destrezas, cambiar comportamientos específicos o enseñarles nuevas habilidades a través de la experiencia auditiva.

Los niños con autismo que, por lo general, rechazan las interacciones sociales, pueden llegar a realizar intentos comunicativos con los psicólogos a través de las diversas experiencias musicales a las que son expuestos.

Los infantes con parálisis cerebral pueden desarrollar sus capacidades residuales con eficacia terapéutica. Los sectores indemnes (no afectados) del cerebro poseen reservas de las que el organismo puede extraer elementos de sustitución, compensación o restitución de los defectos resultantes del daño sufrido. Con una práctica adaptada a cada necesidad, el niño con parálisis cerebral se irá liberando progresivamente de la tensión y ansiedad que le produce su limitación. La enseñanza del control del cuerpo a través del ritmo podrá facilitar la organización de los movimientos para que el dominio del cuerpo sea regido por el cerebro.

Implementar técnicas de musicoterapia para motivar a los pacientes y contribuir al mejoramiento del desarrollo de la persona es también reconocer y aprovechar la “magia” del arte.

Hoy, la musicoterapia es una estrategia de rehabilitación para enfermedades cardiovasculares, Parkinson, esclerosis múltiple, epilepsia, Alzheimer, demencia y cáncer, entre otras, e incluso se utiliza durante intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, aunque pareciera una técnica moderna, los orígenes de la utilización terapéutica de los sonidos y la música posiblemente se remontan al principio de la humanidad.

Esa exploración por el origen e historia de la música empleada con fines terapéuticos será tema de la próxima semana…

Reviso mi percepción y luego actúo

La percepción es fundamental para relacionarnos con el mundo que nos rodea y comprenderlo, pero nuestra percepción no siempre coincide con la realidad objetiva y está influenciada por una variedad de factores internos y externos.

Las diferencias individuales en experiencias, creencias, emociones y procesos cognitivos pueden llevar a variaciones en cómo percibimos y damos sentido a la realidad que nos rodea. Esa percepción personal influye en nuestras decisiones, emociones y comportamientos, incluso en los juicios y actitudes que tenemos hacia otras personas, pues lo que percibimos determina cómo evaluamos situaciones y cómo respondemos a ellas. 

El problema es que nuestras percepciones a menudo pueden diferir de la realidad objetiva debido a una variedad de influencias psicológicas. Por esto, es importante que seamos conscientes de nuestros sesgos y que trabajemos para desarrollar una percepción más precisa y consciente, pues esa percepción subjetiva puede afectar nuestras decisiones e interacciones.

Pero, ¿qué es la percepción?

La percepción es el proceso con el que interpretamos y damos sentido a la información sensorial que recibimos del entorno. Esta información sensorial incluye estímulos visuales, auditivos, táctiles, olfativos y gustativos. La percepción no es simplemente una transmisión pasiva de datos sensoriales, sino que implica la interpretación activa y el procesamiento de esa información por parte del cerebro.

La forma en la que percibimos está ligada indisolublemente a capacidades lingüísticas y reflexivas, involucra la capacidad de conceptualización, en el sentido de que un estado o un episodio deberían estar disponibles para la reflexión y por tanto insertarse en una red de conceptos que hacen parte de la formación de un ser humano. 

Cuando percibimos información nueva (objetos, ideas, sensaciones…) buscamos compararlo con algo que ya conocemos, para que su realidad o existencia mundana pueda ser comprobada, con todo y sus modificaciones no esenciales, pero también podemos percibirlo como información completamente nueva. A esto le llamamos conceptualización.

De esta manera, aunque la percepción no involucre una conceptualización inmediata, la recepción de cualquier evento por parte de los seres humanos sería susceptible de conceptualización o sería conceptualizable.

La percepción, pues, es fundamental para nuestra comprensión del mundo que nos rodea, es el filtro que influye en cómo experimentamos y nos relacionamos con nuestro entorno, en cómo interactuamos con otras personas. Nuestros sentidos captan una gran cantidad de datos, pero la percepción no es una simple reproducción de estos datos, sino que el cerebro organiza, filtra y da forma a la información sensorial para construir una experiencia significativa.

Sobre esta percepción debemos llevar a cabo un proceso intelectual para que coincida lo más posible con la realidad objetiva antes de que nos basemos en lo percibido para emitir opiniones, tomar decisiones o llevar a cabo acciones.

Andrea Puentes / Terapia Humanista.AP

Arteterapia: un viaje al interior

Desde la infancia hasta la adultez mayor, el arte no tiene edad específica, ni género, ni algo que lo encuadre o lo defina. Todo es en libertad, sin juicios, y lo hermoso es que todos lo podemos tener el ejercicio creativo. Es algo nato del humano que podemos potencializar y sobre todo es de gran ayuda para la salud mental. 

El arte está presente desde las primeras sociedades humanas, desde las pinturas rupestres, y seguramente estará hasta el fin de la vida como especie. Es un puente, un escape, un desarrollo, como lo quiera ver cada uno de nosotros, es la percepción mental/emocional, manifestándose en liberación. 

Aunado a eso, la interpretación profesional y la salud mental es conjunción favorablemente integral para el sano desarrollo humano. 

Es fundamental en centros, hospitales, escuelas…, ya que el inconsciente y la forma de canalizarse son de gran ayuda para lograr el equilibrio y sanación no solo emocional, sino físicamente. En este sentido, la arteterapia ayuda de manera extraordinaria a las personas de todas las edades.

¿Qué es la arteterapia y cómo surge?

La arteterapia surge desde la Segunda Guerra Mundial, un conflicto por cuya gravedad un gran número de artistas emigraron a diferentes partes del mundo. Comienza como tratamiento terapéutico para personal militar hospitalizado o con graves trastornos mentales a raíz de lo vivido en la guerra.

Entendemos que el arte es la expresión que permite dar cuenta del desarrollo, el sentir, la creación, el intelecto, las ideas, la percepción y la visión personal. Lo real o imaginado se interpreta en el arte con recursos plásticos, lingüísticos, corporales, visuales, sonoros y todo lo que puede servir para la creación; no hay límites. Es desde ahí que también se le reconoce como una forma de comunicación y sanación. 

En la revelación de la realidad interna personal a partir de la creación artística, se ponen en juego las interpretaciones mentales construidas por la persona a lo largo de su existencia, conforme va viviendo y pasando por diferentes circunstancias de vida. Estos recursos suman al ambiente en el que se desenvuelve el sujeto y sus experiencias; la cultura, la familia y el país son un detonante para cada persona, el conjunto es una carga afectiva y emotiva que rodea las ideas del razonamiento contenidas en la creatividad, es el pensamiento que busca transmitir en cualquiera de los medios de expresión artística, consciente o inconscientemente. Las emociones se encuentran en la esencia de quienes somos. 

El arte es también un vínculo capaz de posibilitar a las personas de sentirse seguras y en confianza; es un espacio simbólico, para la interpretación psíquica, para esas realidades psíquicas, como las llamó Carl Jung. Porque, ¿quién conoce la realidad absoluta, sino sólo la propia?; cada humano tiene su propia existencia y visión de las cosas.

Por ser esa gran ventana hacia la introspección, el arte va de la mano con la psicología. En el caso de algunos trastornos mentales, enfermedades, ansiedad, depresión, o incluso para personas con alguna discapacidad mental y motriz, el arte es una intervención terapéutica para la mejora de la salud y bienestar emocional. 

La vida es ya un viaje onírico que nos sumerge en el sentido de entendimiento y comprensión personal. Un viaje al interior por un camino muchas veces trazado en el imaginario. Es esencial para cada uno de nosotros conectar desde lo interno, naufragar en el infinito universo individual para poder dar más entendimiento y aclaración al autoconocimiento. El ejercicio y la apreciación de las bellas artes crean y refuerzan esa conexión con el propio ser, ayudándonos hacia el equilibrio mental integral y el desarrollo de la persona. 

   Andrea Puentes / Terapia Humanista.AP

¿Qué es el humanismo y qué es la psicología humanista?

El humanismo es un enfoque que considera al ser humano como centro y medida de todas las cosas. Nace del renacimiento entre los siglos XIV y XV en Italia, para después esparcirse por Francia, Países Bajos y toda Europa. Es entonces que se origina el concepto de "genio" como expresión del ímpetu creador y la fuerza espiritual de un individuo, el arte es elevado a la categoría de ciencia y el artista igualado al humanista.

El renacimiento, entre sus grandes logros culturales, contribuyó a la fundación de las academias nacionales y sociedades científicas, artísticas y literarias, que fueron apareciendo sucesivamente en todos los países europeos.

En esas congregaciones, los eruditos y maestros de los siglos XV a XVII se interesaron en las humanidades, es decir, en todas aquellas disciplinas que servían para desarrollar los más altos valores del hombre libre y progresista. Se consideró entonces que el estudio de los clásicos latinos y, más aun, de los griegos, permitía la revalidación de esos valores y liberaba el espíritu de todo fanatismo.

La psicología, como campo científico en sí, llega hasta las últimas décadas del siglo XIX para estudiar las conductas, pensamientos y relaciones del ser humano, nuestros procesos psíquicos, entendiendo que cada persona es un universo diferente y único. 

¿Cómo unimos humanismo y psicología?

La psicología humanista trata de comprender la forma en que los seres humanos vivencian el mundo, y esta comprensión comienza al captar la perspectiva o punto de vista de la persona que se está observando; enfatiza la decisión, consciencia, creatividad y autorrealización, entre otras características distintivas y específicamente humanas.

El enfoque humanista le proporciona a la psicología los conocimientos básicos sobre la manera en que se puede acceder a la comprensión del ser en su día a día, a partir de los fundamentos teóricos que yacen al interior de la propuesta humanista existencial: el sentido, la intencionalidad, la consciencia, el aquí y el ahora, el desarrollo del potencial, la libertad, el deseo, la plenitud y la voluntad, entre otros. 

En la psicología humanista interesa el desarrollo pleno del potencial inherente a cada mente y la persona se vuelve central tal como se descubre a sí misma y en relación con otros individuos y con grupos sociales.

Soy Andrea Puentes, psicóloga humanista. Me llena de felicidad iniciar hoy esta columna, donde podré compartirles cada semana mi enfoque de trabajo y estudio desde el humanismo, desde el desarrollo humano. Nuestra labor será trabajar desde nuestra bella individualidad para lograr una mente colectiva más armónica y sana.   

Te invito a permitirte ser tú, aquí y ahora. 

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