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Despencar o afeitar el maguey

Cuando uno anda de viaje mezcalero es común salir a afeitar maguey con los maestros y chalanes. Afeitar es despencar todo maguey que esté listo y capón para convertirse en mezcal; se hace completamente a mano y comúnmente en grupo, puesto que se requieren todas las manos posibles para cargar miles de kilos de maguey.

Las veces que me lanzo yo, aparte de casi arruinar los magueyes con mi paupérrima técnica de afeitado, la vuelta me sirve para registrar magueyes de la zona, mirar plagas, tomar fotos y conocer a todos los vatos que andan en el rancho. Uno se tiene que levantar a las 6am para pasar por quien vaya a aplicarse a esta labor y se llega a los linderos poquito antes de que empiece a amanecer. Cada quien agarra fila de maguey, si es que estamos en terreno de maguey sembrado, se saca el afilador de machete o hacha y sin esperar órdenes cada quien se pone a darle al primer maguey de muchos que se afeitarán hasta que se meta el sol y se cargue todo en burros, trocas, tortons o lo que fuera, con tal de llevar los corazones despencados a los terrenos donde está el horno para cocerlos. 

El afeitado, a como me han explicado ellos, es más de maña que de fuerza, y lo hacen ver como si picaran zanahorias para cocinar. Claro, también cuentan que de vez en cuando se han mochado dedos de los pies o espinado por andar distraídos. Así pues, el día va avanzando sin reloj; se cuentan sólo los momentos de haber terminado ya una fila entera o que algún jilguerón empiece a cantar, aún enmezcalado del día anterior, pero la mañana aún fresca se va sintiendo sofocada por los rayos de la primavera, el sol de mediodía que anda de vigilante y que va indicando qué tanto se ha avanzado antes de sentarse a comer y tomar mezcal. Es sólo uno más en este encuadre de pájaros trinando, hombres sudando y echando carrilla de tonteras que hicieron cuando aquel tal por cual se puso pedo haciendo otra talacha mezcalera. 

Es a medio día que se empieza a buscar nopales, insectos, panales de avispa, iguanas, ratas de campo, palomas o conejos para asarse a la hora de comer. Esta actividad apunta a calmar el estrés que conlleva la chinga de desenraizar cada maguey y dejarlo lo más limpio y listo para la recolección, destreza que requiere verdadera fuerza física para mover piñas de hasta 150 ó 200 kilos, cargadas hasta la fregada de espinas y de esa lechita blanca que les sale a algunos, como el tobalá que te da una comezón y urticaria que dura días y que ningún remedio sirve salvo la risa, la burla y más mezcal. 

Todos los hombres traen lonche que va más o menos de tortillas, frijoles, queso y verduras para compartir. El dueño del terreno lleva mezcal, más tortillas y recipientes para hacer ensalada con las verduras de todos y lo que se haya encontrado en el terreno; nos ponemos abajo de alguna sombra y se prende fueguito para calentar todo, algunos se quedan dormidos y otros sólo descansan, puesto que todavía falta bastante para terminar.

A menudo vienen los niños que prefieren el campo que la escuela y que andan aprendiendo desde morrillos todo lo que conlleva llegar a ser un mezcalero, normalmente siendo novateados en el campeo o hasta moviendo trocas de un lugar a otro y cargar las piñitas más chiquitas.

Así transcurren los días de afeitar, entre espinas, sol y mezcal.

Somos parte de una comunidad de medios laguneros

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