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¿Exporto mi mezcal o lo vendo aquí?

Es triste ver los anaqueles de las tiendas de licores y supermercados de México atiborradas de marcas de mezcales que no valen tanto la pena para degustarse o paladearse, proyectos mezcaleros que generalmente no vienen de familias mezcaleras ni de alguien involucrado en el mundo del mezcal, sino más bien de empresas que vieron el potencial de vender mezcal y buscan personas que les maquilen los jugos de agave por el precio más bajo. 

Y es que se requiere el mezcal más barato posible para vender una botella en $400 pesos. Recordemos que el IEPS (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios) de bebidas alcohólicas arriba de 20 grados de alcohol es del 53%, más el IVA del 16%, por lo que terminamos pagando un producto industrial que se tiene que degradar para llegar a un precio de anaquel de alrededor de entre $400 y $700 pesos mexicanos, la mitad siendo puramente impuestos. 

Por lo general, las botellas de mezcal que cuestan arriba de $1000 presentan un producto con mucho diseño y producción en la botella y etiquetado, es decir, botellas en forma de calaveras, vidrio soplado, talavera, con láminas de oro… Pero el jugo es esencialmente de la misma calidad que el de los mezcales más baratos y sobre todo el maestro o maestra, su región y tipo de proceso no juega un rol protagónico y proyectable en el diseño e imagen de estos proyectos. 

Exportar mezcal al gabacho es otro panorama, un poco menos complicado que vender nacionalmente, y una de las cosas más importantes sobre por qué en Estados Unidos se pueden encontrar etiquetas de mezcal que no se venden acá y, sobre todo, encontrar mezcales más sabrosos, diferentes y de expresiones de todo México, no sólo de Oaxaca, es que en primera instancia las exportaciones no pagan IEPS: esto da cabida a buscar jugos o mezcales con mejor calidad, más elevados de precio. Al no tener el IEPS en la ecuación, hay más libertad en cuanto al costo inicial. 

Estados Unidos es el país con mayor demanda por el mezcal. Botellas que aquí difícilmente se pueden vender en $1000 varos, allá andan costando hasta $180dlls, la misma botella. Y no sólo es por el mayor poder adquisitivo que tienen, sino por apreciación a este producto bio/socio/cultural. La relación que mantiene el mezcal con el campo agrícola, con tradiciones ancestrales y con la diversidad genética del maguey hacen de esta bebida un producto único en el género de los destilados en el mundo, compitiendo con los mejores whiskys japoneses, escoces e irlandeses. 

Allá en EUA, muchos maestros y maestras mezcaleras ya son reconocidos sólo por su nombre y por los tipos de mezcales que hacen, y es que muchas de las etiquetas allá muestran quién está detrás de cada lote, por lo que esas botellas se han convertido en productos de colección. El concepto de pequeños y micro lotes se entiende ya como producto de lujo y, como se sabe, el mezcal entre más se repose en vidrio, más redondo y gentil al paladar se volverá, por lo que botellas y mezcales de lotes de menos de 100 litros, de variedades de maguey difíciles de conseguir, de maestros mezcaleros reconocidos y de más de 3 años de haberse producido, se convierten en objetos de culto.

Volviendo al panorama mexicano, lastimosamente, casi en ninguna circunstancia el IEPS pagado de cada botella de mezcal llega hasta las comunidades en forma de infraestructura, educación, servicios básicos, programas de desarrollo, incentivos a la producción y siembra de mezcal y maguey, por lo que sirve de mucho cuestionar si verdaderamente es necesario un impuesto tan elevado por un producto con Denominación de Origen (DOM) protegida y más que nada, nosotros como consumidores mexicanos seguimos atrasados en la apreciación de verdaderos productos de calidad que se fugan poque no existe un mercado para ellos. 

Seguimos comprando estatus en vez de calidad.

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