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Laguna del Burro, Durango: el camino al Maguey Castilla (parte III)

mayo 9, 2023
laguna del burro

Allá en Laguna del Burro, algo en la mirada de mi hermana me decía que no sólo teníamos que salir de ahí a como diera lugar, sino también un gran “tú puedes, véngase”. Desde su posición de manager de rally enfrente de la troca, estaba lista para decirme la mejor vía de la subida más empinada de mi vida, y yo, bueno, desde el volante viendo el acantilado atrás de mí, no estaba lista para dejarme caer a la quinta dimensión

Le avisé que ya iba a acelerar por si la troca remontaba vuelo, que se moviera a un lado para darme lugar e irme con todo a la siguiente curva y subida. Y en efecto la troca respondió, bufó y aceleró brincando piedras y dejando una estela de polvo que puso a Diego y a Gaby como torreonitas en tolvanera, pero no podía preocuparme por ellos, ni siquiera voltear a ver si no rodaron por el precipicio mientras iba a toda carga subiendo el calvario mismo. No podía desacelerar, ni frenarme para que se subieran, al menos hasta no estar en un lugar más plano y que no se me matara la bichota (como suelo llamar a mi Mitsubishi L200 modelo 2010 4x2). 

Por fin, después de 150 metros de subida pude frenar para que se subieran. Estaban talqueados, cansados, bofeados, asustados, pero felices de que hubiéramos dejado atrás el viacrucis, aunque nos faltaran unas 6 horas de camino.

Nunca olvidaré sus caritas de alivio al subirse a la troca, sentarse y sentir que lo peor había pasado. Las demás subidas, aunque igual de empinadas, estaban semi pavimentadas o al menos sin arena suelta. Después de unos 15 minutos aliéndome la calidad de vida de la suspensión, brincamos el camino hasta llegar al asfalto.

Y lo logramos y festejamos y gritamos y cantamos por 6 horas más del trayecto que siguió, que por más largo que tocara, de noche y sinuoso, lo único que experimentamos fue el júbilo de saber que tal vez pudiéramos dormir en camas esa noche, tener un baño, incluso caliente, y de bajarnos de la troca en la que sumaríamos un total de 14 horas de jornada que no estaban planteadas en este viaje mezcalero.

Pero aquí no acaba todo, puesto que no pudimos llegar al hotel spa que el Diego genialmente propuso a mitad de camino y que, aunque nos alejaba 2 horas más de los cuartos con ducha caliente originalmente propuestos, sonaba mejor que incluyera masajes de pies, jacuzzi y confort de lujo, patrocinado por el buen Diego. Pero no, al final era casi la una de la madrugada y no teníamos dónde dormir. Solos, sin rumbo en Nombre de Dios, tuvimos que hacer lo impensable. 

Pero esa historia es para la próxima semana. ¡Salud por las anécdotas, los viajes y la buena compañía!

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