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La Federación Mexicana de Futbol: recaudación por encima del deporte

federación mexicana de futbol

La Federación Mexicana de Futbol es, en estatuto, una organización sin fines de lucro que debe trabajar por la promoción de su disciplina en el país, sin distinción de clases sociales.

En teoría, la Femexfut debe velar por los intereses de miles de mujeres y hombres que sueñan con pasar del amateurismo al sector profesional. Dotar de herramientas, espacios de entrenamiento, torneos competitivos y oportunidades de crecimiento son algunos de los objetivos que simplemente no se cumplen.

La Federación Mexicana de Futbol y el olvido de divisiones inferiores

En las últimas semanas se ha hablado hasta el cansancio de la nueva estructura de la Federación y de las selecciones nacionales.

Tras el fracaso del mundial de Qatar 2022, la eliminación para defender la medalla de bronce en los próximos juegos olímpicos de 2024 y las ausencias en el Mundial Femenil mayor y el Mundial Sub-20 varonil, los dueños de los equipos decidieron hacer una “revolución”, más bien gatopardesca, al interior de la estructura de la Federación.

De esta manera, los dueños nombraron a Juan Carlos Rodríguez, publicista y empleado de Televisa, como comisionado presidente de la Federación. Además, designaron a Ivar Sisniega, ex pentatleta y fracasado directivo de las Chivas, como presidente de la Federación Mexicana de Futbol. Los directivos se encargaron de cambiar todo, pero para que quedara igual. Simularon una transformación de fondo, pero la estructura del futbol nacional sigue siendo deprimente.

¿Por qué no ayuda la Federación Mexicana de Futbol a los deportistas?

En 2017, tuve la oportunidad de asistir a un partido de segunda división premier, algo así como la tercera división profesional en México. El encuentro se llevó a cabo en la Unidad Deportiva de Gómez Palacio, la que está ubicada en la colonia Filadelfia. Allí, en un campo que más bien parecía un potrero, se enfrentaron el Club Calor, que jugaba como local, contra los Limoneros de Apatzingán.

El juego estaba acordado para el mediodía. Unos 10 minutos antes de que el árbitro diera el pitazo inicial, un camión Dina, de los antiguos, llegó a pie de cancha. De él bajaron trece jóvenes flacos y harapientos, eran los limoneros y venían directo de la carretera para disputar el partido.

El equipo, pese a sus condiciones modestas, tuvo que pagar su viaje, hospedaje, balones, arbitrajes y su afiliación a la competencia. La Federación, por su parte, no da absolutamente nada, solo recauda; solamente utiliza el valor social del futbol como gancho para ingresar dinero. No existe desarrollo deportivo, no aporta valor ni conocimientos ni formación integral a los jugadores profesionales de divisiones inferiores a la Liga BBVA MX.

El partido terminó 5 goles a cero, en favor del local. Los visitantes, sin poder bañarse, subieron al camión y tomaron el viaje de regreso, sin comer, sin sacudirse las más de 20 horas de carretera de las piernas. La Federación ni las manos metió, al fin y al cabo, nadie se entera de esas historias y nadie fortalece al futbol como una verdadera herramienta social que signifique una oportunidad real de crecimiento para millones de jóvenes en México.

Entre mafias, promotores, convenios publicitarios, donaciones gubernamentales, evasiones fiscales, entre otras irregularidades, la Federación Mexicana de Futbol se erige como una organización profundamente corrupta. Basta mencionar que el presidente de la Liga MX, Mikel Arriola, fue el director general del IMSS en uno de los sexenios más cuestionados de la historia, el de Enrique Peña Nieto.

El balompié nacional seguirá estancado mientras el gobierno mexicano no meta su mano en las entrañas de la Federación, audite todo lo que tenga que auditar, exhiba a los gobiernos locales que inyectan millones de pesos del erario en organizaciones privadas, vigile la duplicidad de contratos, el pago de sobornos para traer jugadores extranjeros y evite que millones de jóvenes que sueñan con llegar al profesionalismo sean extorsionados para poder jugar. 

La corrupción en México no solo radica en el gobierno y en las empresas. El deporte que pasa desapercibido es una de sus grandes víctimas.

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