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La pasión futbolera de Camus

enero 23, 2024
pasión futbolera

Albert Camus es recordado por describir lo absurda que es la existencia del ser humano, pero en su juventud jugar futbol lo hacía olvidar el hambre y el ambiente hostil que se respiraba en casa. 

Abrazado de la pobreza y de la rispidez de su abuela, en la Argelia que lo vio nacer, Camus encontró en el futbol su primera pasión. Y nunca olvidó sus raíces, incluso ya que se codeaba con la gran intelectualidad francesa.

Biógrafos del filósofo señalan que era un gran delantero; tenía regate, contundencia y visión de juego. En el colegio era la estrella. La relación que tenía con el balón era íntima y parecía inquebrantable. 

Su talento comenzó a llamar la atención, pero a su abuela le enfurecía el hecho de que llegara con sus zapatos hechos trizas. Así, Camus vivió su primer desencuentro familiar a costa de la pelota, pero la pasión no se desvaneció.

Para evitar los regaños de su abuela, el filósofo migró hacia la portería, posición que, coincidentemente, es la más sufrida del futbol (para el arquero solo existen dos opciones, puede ser héroe o villano, una de las dicotomías más dolorosas).

En diciembre de 1930, cuando Camus ya era un prospecto interesante para pasar al profesionalismo, una tos arrebatada comenzó a robarle la salud. Las flemas venían acompañadas de sangre, era una tuberculosis que le dio molestias a lo largo de su existencia.

La salud, su familia y los estudios lo alejaron de su gran pasión. Camus migró a Francia. Terminó sus estudios, incursionó en el teatro, la filosofía y la literatura. Comenzó a ganar fama. Se codeaba con grandes pensadores como Jean Paul Sartre, pero, a diferencia de ellos, Camus nunca fue querido por la intelectualidad francesa, ya fuera izquierda, derecha o centro.

Pese a que logró acariciar la fama y el reconocimiento de cierto sector de la sociedad europea, Camus nunca fue tan feliz como cuando se dedicaba a olvidar su existencia a través de la pelota. Y es que el futbol tiene ese encanto. Es horizontal, sitúa en paridad de condiciones a grupos marginados con privilegiados.

Camus murió un 4 de enero de 1960 en un accidente automovilístico. Su obra sigue impactando a millones de lectores y lectoras de todo el planeta, pero su gran pasión no fueron la literatura, ni el teatro. Su amor más grande fue el futbol (era aficionado al Racing Club de Francia).

No existe mejor definición del portero, la última posición que jugó Albert Camus, que la que escribió Eduardo Galeano en “El Futbol a sol y sombra”:

“¿Primero en cobrar? Primero en pagar. El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo. Cuando un jugador cualquiera comete un penal, el castigado es el portero: allí lo dejan, abandonado ante su verdugo, en la inmensidad de la valla vacía. Y cuando el equipo tiene una mala tarde, es él quien paga el pato, bajo una lluvia de pelotazos, expiando los pecados ajenos.”

Albert Camus no tuvo la culpa de vivir para sufrir. De jugar para evadir. De postrarse ante el inminente pelotazo que siempre añoró hasta el día de su muerte. Quizás, de no haber tenido problemas de salud, el mundo se habría privado de un gran escritor, pero habría ganado a un ser humano más feliz y menos atormentado por la existencia misma. 

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