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Liga MX: el campeonato más absurdo del mundo

noviembre 21, 2023
LIGA MX

La Liga MX es el campeonato más absurdo del mundo, o al menos de occidente. El sistema de competencia no premia la regularidad, ni al mejor equipo durante 17 fechas. Abre el abanico para todos, como si se tratara de un reparto programado y anticipado del pastel, para que todos los dueños estén contentos.

Alexis Martín-Tamayo, periodista deportivo español, especialista en estadísticas, mostró su indignación en redes sociales por el sistema de la liga mexicana que premia a los equipos que no tienen actuaciones regulares durante la etapa de clasificación del torneo.

Para Martín-Tamayo, el hecho de que equipos que terminaron 15 o 20 puntos abajo del líder de la competencia tengan posibilidades reales de campeonar es insólito, inexplicable y ofensivo para el deporte.

Es que, en México, por el sistema de playoff, también conocido como liguilla, los líderes del torneo regular no son campeones con la misma frecuencia que otros equipos que terminan en posiciones inferiores. En la Liga MX han logrado levantar el trofeo equipos que terminaron en octavo o hasta noveno lugar, como fue el caso de Pumas en 2004, o el mismo Santos de Pedro Caixinha, que en 2015 se coló en la liguilla de panzazo y logró, gracias a una buena racha, vencer en la final al Querétaro de Ronaldinho.

¿Por qué procurar que cualquier equipo pueda ser campeón?

El comité de dueños de los 18 equipos de la Liga MX está conformado, en su mayoría, por grupos empresariales transnacionales que utilizan al futbol como un instrumento político y social para adquirir poder. 

Ricardo Salinas Pliego, presidente del Consejo de Administración de Grupo Salinas, tiene influencia en, al menos, cuatro equipos como accionista: Santos Laguna, Atlas, Puebla y Mazatlán. Jorge Hank, dueño de la casa de apuestas Grupo Caliente, patrocina a toda la liga y a sus equipos y además es dueño de los Xolos de Tijuana y del Club Querétaro. Grupo Pachuca, de Jesús Martínez, es dueño del Club Pachuca y del León. Femsa, el grupo de tiendas de autoservicio más grande del país, es dueño de Monterrey. Y Cemex, la segunda cementera más grande del mundo, administra a los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

También destacan otros dueños como Emilio Azcárraga, propietario del América, de la misma Federación Mexicana de Futbol y de la Selección Mexicana, y Miguel Ángel Gil, empresario español, dueño del Atlético de Madrid, en España y del Atlético de San Luis, en México.

El resto de la lista de dueños está conformada por Amaury Vergara, propietario de Omnilife, empresa dedicada a la venta de suplementos alimenticios, con presencia en 80 países alrededor del planeta, Nemesio Díez, propietario del Toluca y ex socio accionista de Grupo Modelo, entre otros equipos.

Así, cada uno de estos dueños velan por los intereses de sus inversiones a través de la construcción de un sistema de competencia que avale la mediocridad, la toma de decisiones que no velan por los intereses del deporte, de los futbolistas y de la infraestructura de equipos de divisiones inferiores.

Todo lo que se decide y reglamenta está pensado en el corto plazo, en el dinero fácil y en fincar relaciones políticas y económicas con gobiernos de los estados y municipios para que algunos equipos operen con recursos públicos.

El comité de dueños también es conocido como el “club de toby”, un grupo inaccesible de personas poderosas que, con sus decisiones, le han restado competitividad, alcance y desarrollo al futbol mexicano.

La Liga MX lucra indiscriminadamente con los aficionados. Los trata como juguetes, no como clientes a los que debe ofrecerles un buen producto. Los estadios cada día registran peores entradas y las transmisiones televisivas están concentradas en servicios privados; es decir, se está alejando el producto de las personas que tienen menos recursos.

El deporte popular por excelencia se está convirtiendo en un lujo, en un hobby elitista. No es extraño ver cómo los niños y los nuevos aficionados al deporte están más concentrados en el futbol internacional, ya no tienen ídolos mexicanos, ya no se compran la playera del equipo de su localidad, sino la de una organización española, inglesa, italiana o de cualquier otra parte del mundo.

La Liga MX vive una de sus peores crisis. Los operadores del fútbol mexicano son personajes de dudosa procedencia, como Mikel Arriola, presidente de la liga y ex director del Instituto Mexicano del Seguro Social durante la administración de Enrique Peña Nieto. 

Casualmente, la sede de la Federación Mexicana de Futbol está en Toluca, ciudad base de quien fue, en su momento, el político más importante de México.

La credibilidad del futbol mexicano está en riesgo. Muchas personas empiezan a dudar de la honestidad de nuestro juego. El negocio, como siempre, pasa por encima del deporte y de los intereses del valor más importante de la industria: la afición.

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