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La catedral de Gómez Palacio que el pueblo construyó

catedral de gómez

La Catedral de Santa María de Guadalupe es una bella edificación neogótica que tras sus pilares, rosetones y hermosos arcos esconde el esfuerzo de la comunidad lagunera que luchó por su construcción. Y ahora, la historia se repite con un nuevo grupo unido con el objetivo de su restauración.

En el cruce de la calle Independencia y la avenida Hidalgo, a contraesquina de la Plaza de Armas de Gómez Palacio y a unos cuantos metros de la presidencia municipal, está la catedral de Santa María de Guadalupe; es la cede de la Diócesis de la ciudad e incluso está a cargo de capillas de otros municipios como Lerdo y Mapimí.

La construcción a inicios del siglo XX de este templo católico lagunero se debe a la unión del esfuerzo ciudadano. Párrocos, arquitectos, familias y feligreses participaron con donativos y decoraciones para hacer del templo de Guadalupe la casa que la población gomezpalatina necesitaba para profesar su fe. Sin embargo, el camino no fue fácil y la construcción llevó más tiempo debido al estallido de la revolución y la posterior guerra cristera.

El poder religioso

A finales del siglo XIX, cuando el poblado comenzaba a forjarse, Santiago Lavín Cuadra y su familia cedieron los terrenos para la construcción de una pequeña capilla. Sin las acciones de Lavín, la primera comunidad no habría podido satisfacer su fe ni su actividad política.
Sin embargo, a principios del siglo pasado la presencia sólida de los poderes político y religioso era indispensable para el nacimiento de una ciudad fuerte, y sin una catedral gomezpalatina el poder religioso no tenía presencia suficiente. A lo ancho del país, este poder, mientras fuera católico, fue fuertemente apoyado para instaurar dichos templos.

¿Sabías que en los alrededores toda Plaza de Armas de México encontrarás las principales edificaciones civiles y religiosas? Esto se debe al trazo de influencia europea, el plano octogonal, cuya idea principal es situar los poderes políticos y religiosos alrededor de la plaza principal o mayor. Así sucede en Gómez Palacio.

Una catedral del pueblo

El levantamiento de la iglesia, más allá de empresas o instituciones de gobierno, se debe a la gente. Familias y personas hacen eco en la historia de la catedral: Juan Lebrija donó el dinero total para la construcción del campanario; Juan Brittingham, empresario director de la Compañía Industrial Jabonera de la Laguna, también hizo una fuerte aportación económica; Lucio Torres Puga y Antonio Montemayor González donaron las campanas que ahora llevan sus nombre; la imagen original de la Virgen de Guadalupe para el altar mayor (ahora resguardada) fue donada por el matrimonio Montemayor Chávez, quienes le solicitaron a un pintor y padre jesuita su realización en 1920.

Pero más allá de los nombres particulares que trascendieron por sus grandes donaciones, la construcción también fue posible gracias a las tantas personas y familias que hicieron aportaciones menores desde sus posibilidades.

Definitivamente hoy hay un vínculo muy fuerte entre este templo y la gente de Gómez Palacio. Ahora la misma gente lagunera se une para regresarle el resplandor a la Catedral, en su actual campaña de restauración.

Tuve la oportunidad de hablar de ello con el actual sacerdote de la catedral, Lugo González, y su personal administrativo, compartiéndome su fehaciente interés en completar la remodelación del campanario y las dos cúpulas.

“Aún hay un largo camino por recorrer. Las aportaciones, en su mayoría, han sido de los ciudadanos, ya sea por voluntad o parte de las actividades de los grupos parroquiales.”

Las ciudades crecen, los tiempos cambian, pero los grandes acontecimientos son el fruto de un cúmulo de situaciones que, inevitablemente, dan como resultado una manifestación trascendental y pura. Ya lo decía Antonio Machado “demos tiempo al tiempo: para que el vaso rebose, hay que llenarlo primero”.

El tiempo actual abraza a la catedral y la unión popular resurge para regresarle su esplendor.

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