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La Fuente del Pensador: la última escultura de la Morelos.

la fuente del pensador

Alguna vez, la avenida Morelos fue un moderno y verde boulevard, embellecido en cada cruce con glorietas, grandes jarrones y esculturas clásicas. Las décadas y las administraciones fueron pasando, y esa belleza fue siendo reemplazada, desplazada por otras estéticas y funcionalidades. Esas obras hoy son conocidas como “las esculturas perdidas de la Morelos”, porque poco se sabe qué hicieron con ellas; sólo sobrevive su reina, la escultura que le daba conclusión al bello boulevard. Ahí, sentada en su trono y resguardando la Alameda Zaragoza, tal vez en eso esté pensando, en la belleza del Torreón de aquellos tiempos.

La historia y el mundo del arte se unen en la conocida Fuente del Pensador, en el cruce de las calles González Ortega y Morelos, en Torreón. Es uno de los monumentos más identitarios de la ciudad, que remata y decora la avenida Morelos. Pero más allá de ser un objeto de decoración y atractivo turístico, ¿qué esconde el pensador para valorar su verdadero contexto artístico e histórico? Revisemos su historia.

la fuente del pensador

La Fuente del Pensador fue inaugurada en 1926, a finales de la administración municipal de Nazario Ortiz Garza, saltillense y lagunero por adopción, que se dedicó a embellecer la ciudad y a mejorar sus vías y parques. En esta mejoría es que trabaja en las obras de ornato de la avenida Morelos (antes llamado Boulevard Morelos), colocando un esculturas, glorietas y jarrones a todo lo largo de la avenida y rematándola en la Alameda de Zaragoza con la fuente, la joya de la corona.

El artista responsable de este proyecto fue el escultor y arquitecto Fernando Toriello, quien, según el escritor lagunero Ilhuicamina Rico Maciel, se instaló en un estudio en la calle Ramos Arizpe, cerca del antiguo restaurante Barcelona, donde aceptaba principiantes para instruirse en la técnica de escultura. 

¿Y quién fue Fernando Toriello? Según los datos de cronistas y escritores, era un maestro contratado desde la Escuela Nacional de Bellas Artes para modelar lo que con el tiempo conoceríamos como “las esculturas perdidas de la Morelos”, con la Fuente del Pensador sobreviviendo al tiempo. Después hablaremos de todas estas esculturas…

La escultura del hombre pensando es la copia de un fragmento de un monumento en particular o, en este caso, una tumba: la de los hermanos Lorenzo y Juliano de Medici, que en realidad es un mausoleo compuesto por seis esculturas, divididas un trío para cada tumba. Esta obra original en la Basílica de San Lorenzo (Florencia, Italia) se le debe a Miguel Ángel Buonarroti, siendo un encargo del Papa León X en 1519. 

La de “El Pensador” es la escultura que corona la tumba de Lorenzo de Médici y fue esculpida con las características físicas de este estadista florentino. 

Pero, ¿cómo terminó en el centro de Torreón un gobernante italiano esculpido por Miguel Ángel? ¿Qué hizo que un artista mexicano propusiera arte clásico con el surgimiento del muralismo en México en la década de 1920? 

Posiblemente Fernando Toriello fue uno de tantos artistas que buscaron imitar arte europeo y no participar en la hibridación que se estaba dando con los muralistas. Estos últimos buscaban, según Santiago Lodoño Vélez en su libro Pintura en América hispana (Tomo II), “establecer una integración entre lo hispanoamericano y lo europeo, lo local y lo internacional, proceso que resulta característico en la constitución de la identidad moderna de la región”. 

Si bien esto no significa que el arte mexicano de esa época se cerraba al arte clásico (muchos artistas viajaron a Italia y se instruyeron en él), no quiere decir que se buscaba reproducirlo en su estado más puro. Al contrario, había fuertes campañas por alejarse del pasado colonial y decimonónico; aunque, por ejemplo, según comenta Lodoño, José Vasconcelos se basó en la tradición colonial y el Quattrocento Italiano para armar su programa de educación popular (refiriéndose a manifestaciones artísticas), al que después se integrarían “los tres grandes” y sus ideas (Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros). 

Aun así, existían artistas europeos y mexicanos que enriquecieron la cultura mexicana con este arte clásico. Tal es el caso de Adamo Boari, con el Palacio de Bellas Artes, y de Louis Chanel, con el Casino de la Laguna, que tiene arquitectura del renacimiento italiano. Incluso el mexicano Saturnino Herrán se inspiró en Ignacio Zuloaga, pintor español, para después pulir su estilo propio, y a Zuloaga se le considera uno de los que continuó el legado de Goya.

Sobre Toriello no hay mucha información local, aunque sí fue responsable de otros monumentos perdidos, como el busto de Joaquín Serrano, quien donó los terrenos para construir la misma Alameda de Zaragoza (seguiremos investigando…).

La obra de Fernando Toriello (con las esculturas perdidas de la Morelos y la actual Fuente del Pensador) es parte de ese importantísimo pasado de educación artística en México, de la presencia mestiza que se integran a la identidad mexicana y nos invitan a conocer nuestra conexión con el mundo. 

Es curioso cómo una obra de arte puede decir mucho con tan solo conocer su historia y al responsable de su creación. 

¿Qué nos dice hoy El Pensador? ¿Qué representa hoy la fuente? 

Así como hay quienes la admiran casi turísticamente y quienes hasta se inspiran para tomarle una fotografía, hay para quienes el monumento es sólo una alberca pública. Espero que, con el tiempo, contemplemos esta obra y no se pierda, como les pasó a tantas que ahora recordamos con nostalgia. La contemplamos, pero ¿lo valoramos?

Ya lo dijo Trotsky, quien también fue gran amigo de Diego Rivera: “El arte y la cultura forman otro frente de lucha; escritores y artistas son sus soldados”.

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