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Las calles del centro de Torreón

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“Mándame tu ubi”. Ciertamente pedir indicaciones ya no es lo mismo que antes, pero soy fiel creyente de que podemos unir fuerzas entre generaciones para sobrevivir en este ir y venir por la ciudad. ¿Tú podrías ahora encontrar una dirección sin utilizar tu celular?

Las calles del centro de Torreón, a partir de la Calzada Colón y hacia el oriente, tienen una relación muy específica con cada persona, determinada por su generación. Es muy común que la gente se refiera a estas calles por su número asignado popularmente (la 12, la 21, la 32) o por su nomenclatura oficial (la López Ortiz, la Siglo de Torreón, la Juambelz).

Si eres de quienes se refieren a las calles por número, seguramente ya tienes tus añitos y al menos eres millenial o andas entrando en tus 30s. Si usas los nombres exclusivamente, podrías ser más joven. ¿Pero qué pasa si pertenecemos al bando que dice “no me sé las calles”, “no me importan los nombres de las calles”, o “pues pido un Uber”? 

Lo gracioso de esta relación es el conflicto entre generaciones. ¿Quién iba a decir que tener una preferencia por llamar de una determinada manera a las calles de Torreón sería un problema de comunicación en el futuro? 

“Es que ustedes ya no se saben las calles por número”. “Eso de los números ya ni se usa”, “¡Siempre ha sido la calle 12!”, “Por algo ahí están los nombres, ¡supérenlo!”. Y la lista sigue. 

Y al final, ¿no fueron las mismas administraciones quienes cambiaron los números por nombres? Hay un pleito casado por una situación que nunca estuvo en nuestras manos y que, en realidad, va más allá de simples nombres. Se trata de la verdadera relación que deberíamos tener con la configuración actual de la ciudad para responsabilizarnos de nuestra posición en las calles, como transeúntes o conductores.

¿Sabes que la Colón es la calle cero -aunque no se le dice así-, que es la frontera entre el primer y segundo cuadro del centro y que divide las direcciones de sus calles perpendiculares entre Oriente y Poniente? ¿Sabes que de la Degollado hasta poco antes de la Central de Autobuses las calles van del número 1 hasta la 42 (e incluso la mayoría de las últimas 10 conservan ese número como nomenclatura)?

Hay un problema de cultura vial sobre el desconocimiento de las nomenclaturas para una mejor orientación y coexistencia de la ciudadanía con su ciudad, sin mencionar los términos de éstas. No es lo mismo una calle a una avenida, un circuito a una privada, o una calzada a un bulevar. El conocimiento de estos términos nos lleva, incluso, a un tema en materia de derechos y seguridad vial.

Hay zonas específicas para más circulación de vehículos con menos peatones, así como zonas con una mayor circulación de peatones y menos vehículos. Esto se puede identificar fácilmente entendiendo la nomenclatura, ya que el mismo término compromete la configuración de la vía, correspondiéndole cruces peatonales, puentes, indicaciones de velocidad, entre otros. 

¿Sabes que las direcciones de esas calles paralelas a la Colón dividen sus direcciones en Sur y Norte antes y después de la calle Allende? ¿Sabes dónde empiezan y terminan los sectores del centro de Torreón, llamados primera, segunda, tercera y cuarta de Cobián?

Así también, no es lo mismo el poniente al oriente, o el norte al sur. ¿Saben las nuevas generaciones identificar la división del centro por los puntos cardinales? Recordemos que ni Google Maps ni las apps de transporte lo hacen. 

Así que no. Nos toca a toda la ciudadanía aprendernos las calles (del centro) y sus nomenclaturas, ya sea su nombre, su número o ambas. ¡Y no tengas miedo a perderte en la ciudad! Con sus debidas precauciones, claro.

Observa toda la ciudad, sus calles y diseños; te prometo que hay tesoros ocultos. Deambula en los parques, conoce sus camellones, súbete al autobús más raro que veas. Identifica la zona y pregúntate ¿qué le falta?, ¿qué necesita para ser mejor? ¿Hay más familias que vehículos? ¡Que la ciudad no te coma! 

Y, sobre todo, disfrútala. Quienes hemos podido disfrutar de movernos en la ciudad ha sido porque, en el pasado, solíamos perdernos mucho o éramos, como dicen en mi familia, unos completos vagos. En mi caso, pasé por ambas situaciones. 

Me moví y sobreviví. Sobrevivimos juntos entre generaciones conociendo, entendiendo y mejorando nuestra ciudad.

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