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El mercadito navideño de Torreón

mercadito navideño de torreón

La cohesión social es una de las características del lagunero. No importa qué sea, podemos convertir cualquier lugar o evento recurrente en algo representativo de la región. Eso es lo que pasó con el mercadito navideño de la ciudad de Torreón.

El invierno en la Laguna es muy particular. La llegada del frío (el verdadero frío) debe pasar una serie de requisitos para que podamos considerar que comienza la temporada invernal y, por consiguiente, la temporada navideña. 

No basta con un frío cómodo, de esos que se disfrutan luciendo aún las tendencias del verano. El invierno debe provocar congelamiento para que alguien de la Laguna se digne a sacar esas pesadas chamarras y suéteres que valen la pena lucir para esta estación. Aunque, también, si hay por ahí unos cuantos rayos de sol, no le hacen daño a nadie (menos al lagunero).

Sobre la temporada navideña, la primera señal para la población torreonense, además del clima y el decorado, es apreciar la instalación de nuestro tradicional mercadito navideño, ubicado en la calle Ildefonso Fuentes. Se trata de una tradición que ha unido generaciones, familias y comerciantes para arrancar las posadas, colocar los pesebres y, como buenos laguneros, tener una excusa más para seguir comiendo. Revisemos su historia.

Para algunos, el mercadito navideño de Torreón siempre se ha ubicado en la calle Ildefonso Fuentes, pero esto no siempre fue así. Se instaló por primera vez en la Plaza de Armas durante los años cincuenta y luego pasaría a la calle Treviño, hasta finalmente establecerse en su actual ubicación. Pero más allá de las sedes, el mercadito navideño es un punto distintivo de la Laguna, hasta turístico. 

La aceptación social que tuvo este lugar le ha otorgado una constancia de casi ya 80 años. Y en mi opinión, mucho tuvieron que ver todos los factores que rodean su propuesta. Estos factores hablan de la interacción social propia de la población lagunera que se ilustra a través de su historia. 

Cuando el lagunero acepta algo por un consenso no oficial y colectivo (cohesión social), también le da un sentido de pertenencia y de integración en la comunidad. Pero, para eso, tiene que haber algo más que solo aceptación social. 

El lagunero que va por la calle no solamente busca divertirse; busca un deleite visual (posiblemente una temática en particular) y mejor si eso le da la posibilidad de desenvolverse de forma espontánea y lograr satisfacer sus intereses durante su salida para asegurar un día exitoso. Además, al lagunero le encanta comer; si el lugar al que va tiene una oferta alimenticia, con gusto estará ahí para conocerla. 

En mi opinión, todo eso lo tiene el mercadito navideño. Por ello, se ha convertido en un sitio de importancia histórica y social. Tiene una temática y con ello un deleite visual, una motivación para acudir durante la temporada. Al estar en la calle, no te desgastas por participar en las convenciones sociales de una tienda departamental, todo es más espontáneo, como Doña Conchita, que te da precio de tres bolsitas de musgos y todavía te regala tantito heno para contrastar más la instalación de tu nacimiento. 

Además, y muy importante, hay comida, mucha comida, cumpliendo la necesidad del lagunero de, cuando está en la calle o disfrutando de su salida con amigos y familia, satisfacer su hambre con un buen atracón. ¿Qué sería ir a la Parisina sin los elotes de la Parisina?, ¿Qué serían los paseos madrugadores entre amigos sin los burritos del Apá? ¿Y qué sería la Feria de Torreón sin todos los restaurantes y puestos de comida local favoritos del lagunero? Todo lo anterior cubre esos tres factores: temática, espontaneidad y comida, con una fuerte cohesión social.

El mercadito navideño hace especial todo lo que lo rodea y sucede en él. Nunca será lo mismo comprar un producto en otro lado porque el mercadito ya hace ese producto más especial; la calle, los negocios a su alrededor (que se han beneficiado de la afluencia de personas por el mercadito) y la convivencia entre amigos y familia. 

Aunque para algunos foráneos será raro que el lagunero tenga la idea de un fin de semana visitando el mercadito para comer o sólo ver los productos, para nosotros es muy normal y toda una experiencia, es ese plus en nuestra agenda navideña.

Espero que conforme pase el tiempo el mercadito navideño siga plasmando su bella esencia en las siguientes generaciones. Y que el lagunero, con educación y su espontaneidad, siga plasmando su huella en estos sitios. Y, para los foráneos que se quedan, que puedan comprender ese grado simbólico que tenemos aquí al convivir en ciertos lugares y con ciertas personas.

Como solía decir el filósofo Epícuro: “Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo qué comer y beber, pues comer solo es llevar la vida de un león o un lobo”.

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