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El Palacio Federal de Torreón: vestigio de poder e identidad

palacio federal de torreón

La demostración del poder en una figura de autoridad no solo se puede apreciar en sus acciones, ideas y discursos, sino también en los edificios de un lugar en particular y el Palacio Federal de Torreón, Coahuila, no se queda atrás.

En la manzana enmarcada por las avenidas Juárez y Morelos y las calles Galeana y Ramón Corona se alza el Palacio Federal de Torreón. Fue inaugurado el sábado 5 de octubre de 1946, en presencia del entonces presidente Manuel Ávila Camacho y del expresidente Lázaro Cárdenas. El diseño del edificio se debe a Luis Prieto y Souza, reconocido arquitecto activo en México y Guadalajara.

Cronistas e historiadores de la ciudad, como Sergio Corona Páez y Carlos Castañón, mencionan que el edificio es una referencia a la arquitectura soviética y/o a la Alemania de la posguerra, así como los Estados fascistas de Europa, cuyo objetivo estético era el reflejo de la fuerza y la ideología nacional. 

Esto no quiere decir que las ideas del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán se vieran envueltas en la arquitectura de la ciudad de Torreón. Más bien (y eso ha ocurrido desde siempre) es la presencia u omisión de ciertos recursos en la arquitectura para transmitir un mensaje y una ideología. El edificio es como un discurso, lo que transmite lo refleja y lo que no transmite también importa para definir lo que no es. Adicionalmente, lo anterior funciona para transmitir una ideología en particular.

No es un edificio religioso, pero sí expone el escudo nacional en lo alto de la fachada hacia la calle Morelos. No está decorado como el teatro Isauro Martínez con sus bellas referencias moriscas o como el Palacio Nacional en la CDMX, pero sí integra cuatro esculturas con referencias al arte indigenista que representan el deporte, la agricultura, la industria y la educación. Conocimiento y poder. 

Además, por sus dimensiones es un edificio imponente. Una gran caja fija y rígida, con cimientos profundos y una estética de concreto armado liso. El Palacio Federal de Torreón es un gran fuerte: la fortaleza con intereses e ideas nacionales. En mi opinión, es un vestigio del México gobernado por el último presidente militar.

Me parece sumamente interesante el entorno actual del edificio. El Palacio Federal encarando la presidencia municipal, con la Plaza Mayor de por medio. Sobre la Morelos también se encaran dos personajes de la historia mexicana: en el Palacio Federal el busto de José María Morelos y Pavón, y en la Plaza Mayor el monumento a Benito Juárez. Un discurso muy inteligente entre dos edificios de naturaleza política.

En toda ciudad, los edificios institucionales no solo satisfacen una necesidad de espacios destinados a un ejercicio administrativo, sino que también son un reflejo de valores y objetivos. La culminación del Palacio Federal de Torreón refleja la importancia que tenía la ciudad en ese tiempo para ser sede de un recinto con esa apariencia. 

Quién diría que la arquitectura soviética o nacionalsocialista, que nos recuerda tan temibles acontecimientos, sería también parte de la región lagunera y que, a pesar de todo, sería un deleite contemplarla. La importancia de esta estética, presente en varias ciudades de nuestro país, habla sobre el interés en los detalles para transmitir poder.

Te invito a observar con atención cada edificio que te rodea e identifiques su mensaje; ¿qué te producen sus íconos y su belleza?, ¿qué quieren o evitan decirte sus cualidades y su función? Todo influye y tiene una razón. 

Ya lo decía Foucault, quien investigaría sobre el concepto del poder:“Lo que hace que el poder agarre, que se le acepte, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho la atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; es preciso considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social, más que como una instancia negativa que tiene como función reprimir.”

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