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¿Y qué hacemos con Pancho Villa?

pancho villa

Con muchas personas he expresado mi poco agrado por el personaje de José Doroteo Arango Arámbula (mejor conocido como Pancho Villa). Sin embargo, nunca seré simpatizante de censurar la historia y sus personajes, por lo tanto lo digo: la figura de Pancho Villa es indispensable para retratar esa historia de México en sus claroscuros. 

El pasado 20 de julio fue el aniversario luctuoso de Pancho Villa. Torreón conmemoró al revolucionario colocando arreglos florales en el busto del personaje, ubicado en la calle González Ortega y avenida Morelos, frente a la Fuente del pensador. 

Cuando vi esto, no pude evitar fruncir el ceño. Mi incomodidad se debe a que en la historia de este personaje también existen episodios oscuros, violentos y poco admirables para alguien que este año está siendo homenajeado por el gobierno de México como “héroe”; en cada decreto del Diario Oficial de la Federación (DOF) se inscribe la leyenda “Año de Francisco Villa, el revolucionario del pueblo”.

Debo aclarar que no estoy a favor de pelear sobre lo que pasó hace más de cien años, pero sí de comprometernos con la historia. Por ello, revisemos un poco el paso de Villa por la Laguna.

Si hablamos de las tomas de Torreón, punto estratégico para el movimiento revolucionario, podemos contabilizar cuatro. La primera en 1911, durante la cual 303 ciudadanos chinos en Torreón fueron víctimas de una masacre xenófoba; pero ni Villa ni su división estuvieron ahí. La segunda en 1913, con los movimientos de resistencia carrancistas, Villa (ahora sí) llegaría a Torreón provocando incendios y luchando contra el ejército federal. La tercera fue en 1914, con la conocida Batalla de Torreón entre las fuerzas de Villa y las de Victoriano Huerta. Y, finalmente, la cuarta toma de Torreón en 1916, en la que Villa y sus fuerzas provocaron saqueos, incendios y extorsiones a ciudadanos extranjeros y nacionales, llevándose también las armas de los federales que huyeron del lugar.

En este resumen se omiten algunos detalles. En Torreón, Villa extorsionó a ciudadanos extranjeros, entre ellos árabes, españoles, chinos y norteamericanos, ensañándose con los españoles y obteniendo un “préstamo” de un millón de pesos. Después de esto, muchos extranjeros dejaron La Laguna y, obviamente, su patrimonio.

Antes de la toma de 1916, Villa había estado en San Pedro de la Cueva, Sonora, en la que propició una de las masacres más negras en la historia del país. Asesinó al cura del pueblo, quien pretendía dialogar con él para detener la masacre y saqueos; asesinó a casi todos los hombres locales, incluyendo menores de edad, dejando a muchas mujeres viudas y extorsionándolas cuando intentaron recuperar a sus maridos o sus cuerpos. La cronista del pueblo, Esther Noriega Encinas, comenta en un documental que en cuanto a las mujeres y jóvenes, la tropa decía “ésta para mí y ésta para mi general Villa”. Adicionalmente, Arango quemó archivos históricos porque, según algunos historiadores, no quería que quedara memoria de quienes estaban hablando mal de él. Y la lista continúa.

Sí, Villa fundó escuelas y se preocupó por los más pobres desde la empatía de sus mismas vivencias, que en sus memorias escribe fueron de extrema pobreza, violencia y hambre. Sus acciones son contradictorias, en mi opinión, pero también es un hecho que para opinar de las acciones de Villa debemos aprender del contexto del cual estamos hablando y, con eso, no puedo más que permanecer neutral. 

Aun así, me parece impresionante que en nuestro actual contexto, lleno de juicios, cultura de cancelación y censura, la publicidad en Villa es fenomenal. Podemos verlo en grafitis, playeras, murales y fotografías decorativas en bares y cantinas, cosa que no pasa con otros personajes de México. 

Creo que el mismo pasado de Villa y sus títulos han ayudado a construir una simpatía en la población mexicana. No la justifico, pero comprendo la afinidad por el pobre que se levanta en armas por el pueblo, con todo y sus facetas poco éticas. Sin embargo, por otro lado están los monumentos de personajes que sí han sido cuestionados y hasta destruidos por la actual opinión pública, como Cristóbal Colón. Aquí, en la Laguna, persisten sus monumentos, pero ése es mi punto.

Podré no estar de acuerdo con las acciones de Villa, lo que lo hacen mi personaje menos favorito en la historia de nuestro país, pero nunca lo voy a censurar o cancelar. Considero que no es lo más responsable y así lo haría con cualquier figura histórica, hasta con Colón.

Aun así, insisto, para compartir la historia de este personaje, o la de cualquiera que se le parezca, lo debemos hacer con responsabilidad y conciencia de su totalidad, en todos sus claros y oscuros. Creo que es lo más humano que podemos hacer. 

Podemos estar o no de acuerdo con las acciones de esa persona histórica, ponerla en nuestra lista de favoritos o no, pero me refiero a que no debemos ocultar fases o rostros de la historia por una conveniencia egoísta. 

Así lo dejó dicho el mismo Pancho Villa: “ya es tiempo de que los prejuicios acaben”.

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