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Torreón es un morrito de 116 años

octubre 3, 2023
Venimos de aquel pequeño rancho algodonero por el que un día empezó a pasar el tren. Pero, ¿quiénes somos hoy y qué identidad celebramos? ¿Será que como ciudad seguimos en la adolescencia?

Con apenas poco más de un siglo de edad, Torreón, Coahuila, se desarrolló entre la revolución y la modernidad, con generaciones y personajes que resuenan en su historia. Pero ¿qué identidad posee ahora nuestra ciudad?

Un 15 de septiembre de 1907, la Villa de Torreón cumpliría con los requisitos para elevarse a rango de ciudad. Pero ¿cómo es hoy la ciudad de Torreón? Después de su esplendor nacional por el algodón, la uva, el ferrocarril, entre otros ¿qué ofrece hoy la ciudad que hay que celebrar? Revisemos su historia.

Para comenzar, para quienes usan la popular queja lagunera de “¡que no somos rancho!”, siento decirles que ‘sí somos’, porque lo fuimos y de ahí nace nuestro origen e historia. El Rancho del Torreón, propiedad del matrimonio Zuloaga-Ibarra, comenzó sus operaciones en 1850 con cultivos de algodón; tras la llegada del ferrocarril en 1883, la ciudad de Torreón comenzó a formarse por estos dos puntos clave.

El crecimiento de Torreón, el experimento del Porfiriato.

Durante un programa de radio tuve la oportunidad de entrevistar y platicar sobre los orígenes de Torreón con el historiador Carlos Castañón. Mencionó: “Hoy lo virtual es valioso, pero en aquella época era la tierra [...]  Luisa Ibarra dona parte de sus propiedades para que pase el ferrocarril [...] eso va a transformar la historia, de manera radical, del Rancho de Torreón y se va a convertir en un lapso de 15 años en ciudad”. 

Sobre el último dato, querido lector, quiero que te imagines la rapidez con la cual la ciudad se modernizó en solo ese tiempo, ¡es poquísimo! Para mí es como si pasarán miles de fotografías a la vez. Torreón se conectó, por el ferrocarril, con Estados Unidos y México en general, abriéndole paso a extranjeros y foráneos mexicanos que se establecieron en la ciudad y comenzaron su emprendimiento. Para 1893 ya era una Villa establecida con 30 mil habitantes y para 1907 se elevó a rango de ciudad. 

El pequeño rancho algodonero con carros tirados por mulas y caminos de tierra, que después se convertiría en la comunidad de paso con un ferrocarril, con cantinas y hombres a caballo, cual viejo oeste, creció hasta consolidar su primer ayuntamiento, su primera iglesia, su primer casino y toda una economía bajo la producción agrícola del algodón entre otros. 

Torreón comenzó a formar su identidad y esencia desde los años de 1850 hasta más allá de 1910 y eso se aprecia en las calles, los edificios y los monumentos, entre otros, porque estos eran los principales intereses de la ciudad al formarse: el embellecimiento de las calles, la arquitectura clásica y art-decó, la presencia de las artes y las religiones pioneras en la construcción de templos y formación de academias. 

¿Sabías que en Torreón se creó el himno algodonero? Fue durante la primera Feria del Algodón en 1925, quedando como ganadora la composición de Jesús Mena Vásquez (música) y Leonor Flores (letra), interpretado por un grupo de hombres y mujeres que lo debutaron en el antiguo Teatro Princesa.

Si te fijas, todo esto engloba ese orgullo lagunero y torreonense que se fue heredando hasta nuestros días, pero, hay que decirlo, no todo ha sido color de rosa. Hay una situación que tiene Torreón con su gente y alrededores, y fue una conclusión entre Castañeda y yo: un problema de integración.

Entre “echarnos tierra” con los municipios vecinos (somos muy carrillentos), alejarnos del centro de la ciudad para vivir en el oriente y destruir patrimonio cultural urbano, la identidad de Torreón se ha ido disipando conforme pasan los años y los intereses de la ciudad en cada uno de sus contextos históricos.

El orgullo lagunero sigue, pero ¿de qué? Orgullo de un centro histórico siempre al borde del abandono, calles con los nombres de fundadores y personajes que ya casi nadie conoce, edificios históricos derrumbados para hacer departamentos en una zona que ya muchos no visitan y un oriente creciendo alejado de todo lo que alguna vez fue “identitario” de Torreón. Entonces, ¿qué Torreón estamos celebrando hoy?

En mi opinión, no dudo del potencial que posee Torreón, pero ¿qué vínculo e identidad estamos formando con el desarrollo actual?, ¿o acaso no hay alguno? Bueno, hoy brindo por Torreón, por lo que fue, por lo que pudo ser y por lo que aún puede ser con todo y sus dificultades actuales, porque, también, vaya que hemos soportado mucho.

Hay un largo camino por recorrer para corregir ese problema de integración e identidad, pero, mientras tanto, como dice la canción de Calle 13, “¡a brindar por el aguante!”. 

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