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¿Vencimos al desierto o lo hicimos testigo de nuestra violencia?

vencimos al desierto

Me adentré a una aventura artística en la antigua fábrica de sal de Viesca, Coahuila, y terminó en una tarde de reflexiones sobre la historia del desierto con la violencia. ¿En verdad vencimos al desierto o éste es un testigo de nuestros actos durante nuestra supervivencia?

—Creo que nos pasamos —dije mientras miraba mi teléfono haciendo uso de Google Maps. 

—Deja le pregunto a alguien —dijo Eugenia, que iba manejando y traía todos sus props para el performance

—Es en la entrada, señorita. Dese toda la vuelta, señorita, para la entrada y ahí verá las chimeneas —le dijo un hombre ya mayor en una de las cuadras aledañas a la plaza de armas de Viesca. 

No pasó mucho tiempo al salir del municipio y ahí estaban: las viejas chimeneas de la Fábrica de Sulfatos. 

La artista visual y bailarina del performance, Eugenia Orozco, y yo, nos adentramos a los viejos terrenos de la antigua fábrica de sal de Viesca para realizar un video-performance con temática de las mujeres del desierto. Durante el viaje, y para concretar la idea del performance, hablamos de la historia en la Comarca Lagunera y destacamos un punto de relación importante: la violencia y el desierto. 

Caímos en la cuenta de que son dos presencias que siempre han estado ahí y han dejado una memoria en la historia y hasta en la tierra. “A mis antepasados les tocó la revolución y a nosotras la época de violencia del 2006. Pero antes de eso los nómadas laguneros fueron víctimas de una evangelización que también tuvo momentos violentos”, argumentamos entre nosotras. “Y ¿vencimos al desierto? ¿o el desierto es el testigo de nuestra supervivencia en él y nuestros actos? Parece ser el más longevo”. Nos quedamos calladas filosofando.

Desempacamos los props y comenzamos a caminar hacia la blanca planicie, cuya popularidad también se debe a la presencia de un viejo y gran tronco, seco, completamente blanco; ideal para fotografías. 

Conforme avanzamos e íbamos cruzando las antiguas ruinas de la fábrica, el ambiente musical que dejamos en el coche comenzó a apagarse y el silencio se apoderó de nosotras. 

—Hasta parece sacado de una película —dijo Eugenia. 

—Sí, hasta las estructuras parecen naves —contesté. 

Cuando llegamos y acomodamos todo, realizamos el performance y el video. Quedamos muy satisfechas. Pero, por lo menos yo, no dejé de pensar en toda nuestra charla de violencia y la frase "vencimos al desierto". 

—Obviamente no —me dije a mi misma mientras contemplaba las ruinas de la vieja fábrica de sal. 

El desierto siempre ha sido como ha sido, y ahora se está comiendo en silencio y con grandes tolvaneras la antigua fábrica que se proyectaba como algo eterno, pensé.

La fábrica abrió sus puertas en la década de los cincuenta y cerró a principios de los noventa; operó muy poco tiempo, la verdad. Y ahora es sólo un punto geográfico para realizar sesiones fotográficas y videos por su atractivo panorama natural en conjunto con la decadencia y el óxido de las chimeneas, estructuras y los túneles subterráneos hechos de (lo que pude identificar a ojo) adobe, hierro y concreto.

Yo añadiría otra materialidad a esta escenografía: el recuerdo de lo que no podemos controlar. La frase “vencimos al desierto” es muy presuntuosa; se dice y no pasa nada. 

El desierto es lo que más nos caracteriza y decimos que lo derrotamos, para mí siempre ha sido parte de mi vida y de mi historia. No controlamos a la naturaleza y tampoco he visto una lucha hacia ella, aunque sí poca atención. 

Sobre la violencia en el desierto, pareciera una tangente que se repite en la historia en muchos contextos. La Comarca Lagunera solía tener lagunas, por eso el nombre, hasta que se convirtió en un desierto con un cambio hostil o violento del clima. Pareciera que desde ahí nace nuestra relación con la violencia.

Aún nos queda mucho por investigar y descubrir. Te invito a visitar estas antiguas ruinas, que alguna vez fueron una empresa y vital fuente de empleo para la Comarca Lagunera. Revisemos la historia de la violencia desde nuestro desierto, salgamos de esa zona de confort con ego lagunero porque, ante esta perspectiva, debemos cuestionar nuestra frase del desierto vencido. ¿O podría ser una referencia a nuestra resiliencia ante la adversidad?
Ya lo dijo Sócrates: la verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia.

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