

Juan llega y toca a la puerta. Espera a que salga su amigo Pedro. “Vamos a la plaza a jugar, ya sólo faltas tú para la reta”. Pedro le responde un poco agobiado que no podrá salir porque está muy cansado y mañana tendrá que despertarse temprano para ir al curso de verano. Juan llega con su grupo de amigos en la plaza; tendrán que negociar a quién más invitar para poder hacer la reta.
El manejo del tiempo libre se ha popularizado en los últimos años, tanto que hay carreras que se dedican a su estudio. Cuando yo era niña, el verano se me hacía inmenso y tenía un sinfín de planes para él, pero lo único importante era no tener que ir a la escuela y saber que podía jugar sin complicaciones.
No participé nunca en cursos de verano cuando fui niña, y tampoco siento me hayan hecho falta; con cuatro hermanos eso era una fiesta todo el día. Ya adolescente, lo que más quería era poder ver a mis compañeras y amigas, así que buscábamos vernos en medida de lo posible.
Los tiempos han cambiado y también las obligaciones y actividades de infantes y adolescentes, así como las realidades de los diferentes contextos. Desde mi perspectiva, los famosos cursos de verano han venido a formar parte de nuestros entornos sociales gracias a las demandas de los mismos.
Tal vez porque el trabajo no permite estar en casa con los hijos durante las vacaciones escolares, o porque ahora las familias son menos numerosas y los niños no encuentran sus pares para convivir, pero madres y padres buscan en el verano lugares para que sus hijos convivan y desarrollen más habilidades.
Si en esta temporada quieres aprovechar mejor el tiempo para tus hijos inscribiéndolos a un curso de verano, te sugiero lo siguiente: