

Para las madres y padres puede ser difícil, además de proveer activamente escuela, educación y crianza, brindarles a hijas e hijos también los beneficios de hacer que el juego libre forme parte de la rutina familiar habitual.
Los diferentes contextos y situaciones que vive cada familia favorecen o dificultan esta posibilidad. Cuando hay más de un hijo y las edades entre ellos son afines, este espacio de juego espontáneo seguramente se dará de forma muy orgánica, siempre y cuando exista el tiempo de “ocio”, libre de dispositivos y con los menos juguetes. Al jugar, los niños no solo organizan y gestionan el tiempo y los turnos, sino que desarrollan muchas habilidades motrices necesarias para su desarrollo. Por ejemplo, si recrean un camión con las sillas del comedor, agudizan su coordinación visual, fuerza y ubicación espacial. Imaginar que la sala es una jungla llena de lava y que los cojines en el suelo son los únicos lugares dónde se puede pisar para no quemarse, desarrolla en ellos equilibrio, coordinación y propiocepción (nuestra capacidad cerebral de siempre saber la posición exacta de las partes de nuestro cuerpo). Para los niños pequeños, el juego es una representación de su realidad, por tanto, jugar a la casa, al doctor o a la escuela puede ser algo muy habitual, además de necesario. Si el espacio en casa lo permite, se puede usar pelotas de diferentes tamaños con múltiples objetivos: tocar la pared, rodarlas por el piso para tirar otros objetos, encestarlas, etcétera.
Pero, ¿qué pasa si en la familia sólo hay un niño? Te sugiero que, en medida de tus posibilidades, seas tú quien juegue con tu hijo o hija. O bien, buscar que pueda jugar con más niños (compañeros, vecinos o familiares) para que el menor viva estas experiencias.
Te comparto 3 recomendaciones que favorecen el juego libre entre menores:
Espero que estas recomendaciones puedan ayudarte a favorecer e integrar el juego libre entre tus hijos.