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El ritmo

María mueve sus piernitas y su cabeza al son de lo que escucha. Sus espectadores le admiran y motivan a continuar haciendo con su cuerpo eso que podría traducirse en baile; le aplauden y le animan a mover también sus brazos y girar, guiándose por la letra que acompaña la alegre melodía. De pronto una espectadora deja su lugar para pasar al improvisado escenario y acompañar a la intérprete mostrando a su público lo que ella también podía hacer.

Cuando salimos de caminata comenzamos según nuestra energía a un paso menos acelerado, y conforme vamos “calentando motores”, este paso aumenta; para cuando llega el final de la caminata, la intensidad baja nuevamente. A este proceso le solemos llamar ritmo, que es esa dinámica que hay (en este caso) entre un movimiento y otro en un lapso de tiempo.

El ritmo puede modificarse a voluntad. Si necesitamos llegar pronto a la tienda antes de que nos cierren, aceleramos; más el regreso será más lento, pues ya no tenemos la urgencia inicial. Podemos ir más despacio si salimos con tiempo suficiente a tomar el transporte y no queremos esperar demasiado en la parada del camión. Podemos mantener el ritmo si lo que queremos es hacer el mismo número de vueltas al parque en el mismo tiempo, porque así lo sugiere nuestro entrenamiento deportivo.

Existen otros ritmos en nuestro cuerpo, como el cardiaco o el respiratorio que, aunque también tiene una influencia externa, son vitales y buscan siempre conservarse dentro de un mismo rango para su mejor funcionamiento.

La música es una gran aliada a la hora de querer enriquecer esta habilidad en nosotros o nuestros pacientes. Cuando las personas tienen dificultad en coordinar y controlar sus movimientos, es una buena idea moverse al ritmo de una música sin ningún propósito aparente más que seguir con tu cuerpo lo que escuchas. Esto es lejano a propiamente ejecutar un baile o una coreografía como tal, pero sería una herramienta eficaz si el objetivo final es realizar un baile especifico.

Si te quedas en el asiento por creer que no sabes bailar, haz lo que María: párate y disfruta de poder moverte al ritmo de la música, aunque eso no sea el baile esperado por tu pareja o los espectadores. 

Tu cuerpo tiene ritmo. Si pones atención, podrás descubrir cuál es el tuyo en cada cosa que haces.

Somos parte de una comunidad de medios laguneros

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