

Los cuentos son las primeras lecturas que recuerdo haber disfrutado. Y es que los cuentos infantiles tienen bellísimas particularidades: ilustraciones, personajes que nos dejan grandes lecciones y aprendizajes; incluso ahora, los encontramos con texturas y hasta figuras tridimensionales que mejoran la experiencia “sensorial” al interactuar con la historia.
Mi gran revelación fue cuando aprendí que además son grandes aliados para apoyar el desarrollo de la lectoescritura y el lenguaje desde edades muy tempranas. Imagina la cara de mis hermanos cuando sus hijos cumplieron su primer año y el regalo de la tía fue un cuento. Qué locura, pensarás, pero sí, eso les regalé y te voy a explicar por qué.
En primer lugar, la secuencia de una historia atrapa la atención, y el niño debe ser capaz de centrase en algo por unos minutos, aunque a esta edad temprana aún no sea por mucho tiempo.
Por supuesto, eso dependerá en gran medida de cómo presentemos esta acción. ¿Qué debes tener en cuenta al “leerle” un cuento a tu bebé o hijo en primera infancia?
Posteriormente, en la edad preescolar, las historias y los libros de cuento infantiles son ya una herramienta pedagógica. La coherencia, la lógica y la cronología de la historia nos ayudan en los procesos mentales que el pequeño está desarrollando. Si a esto además sumamos la creatividad, el análisis y la imaginación, tendremos grandes aliados en el aprendizaje.
En esta etapa (4-6 años) podemos ya hacer una lectura guiada de las palabras impresas en las hojas, para que el niño observe las letras e identifique las conocidas, siempre y cuando no sean muchas, y así podemos sucesivamente aumentar la complejidad del ejercicio. Las habilidades que te menciono son necesarias para la lectoescritura, sin olvidar que para aprovechar al máximo los beneficios de esta actividad es importante la constancia.
Y colorín colorado, este cuento…