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No sientes al bebé si no se sienta solo

Dos excompañeras de secundaria se reconocieron después de varios años de no verse. Mostraron su alegría con abrazos y sonrisas. Carolina cargaba a su pequeñita de 6 meses mientras se ponía al corriente de las novedades con Fernanda, quien observaba a su hijo de 11 meses desplazarse por el área de juegos del centro comercial donde se encontraron. 

Con la sorpresa de tener hijos de edades muy parecidas y para perpetuar con una foto la coincidencia, Fernanda invitó a Carolina a sentar a su hija en un carrito, justo al lado de su hijo. Carolina aceptó y, al acomodar a la pequeña para la foto, se percató de algo; notó que su hija, a pesar de su corta edad, podía mantenerse sentadita, así que dedujo que ya estaba lista para sentarse y que ahora tal vez podría sentarla en casa para que fuera ganando habilidad.

Esta situación es una práctica muy común, sentamos a los bebés para poses o por querer “ayudar” a su desarrollo. Si bien sentar a un pequeño prematuramente por un breve periodo pudiera parecer totalmente inofensivo, hacerlo por periodos prolongados es sin duda una puerta abierta a la posibilidad de que ese pequeño presente en el futuro alguna alteración postural

Con esto quiero puntualizar dos cosas. En primera, la edad en la que se inicia y consolida la sedestación biisquiática (el bebé sentado sobre sus dos nalguitas) oscila entre los 8 y 10 meses de edad. Antes de este tiempo el pequeño no cuenta con los recursos para responder a una carga que no es fisiológica y para la que su esqueleto, tendones y músculos no están preparados.

En segunda, la sedestación (sentarse de forma independiente) forma parte de un proceso global y fluido que se conecta con otros patrones de movimiento. Es decir, que si yo siento al niño de forma pasiva y se mantiene sentado, no indica que él ya esté listo para ello.

Sentarse es una acción que está dirigida primariamente por la necesidad de exploración del individuo, para quien ya no es suficiente lo que observa desde el piso y lo que sus manos en esa posición pueden explorar. El niño más bien descubre por accidente que puede sentarse.

Sucede así: viene de estar gateando, se encuentra con un objeto, lo toma con una mano, traslada el peso primero a una pierna y después se sienta sobre sus nalgas (sus isquiones). Entonces, aunque sentarse es una postura de descanso, viene de la exploración; por tanto, decimos que el niño ha consolidado la sedestación cuando lo hace por sí solo. 

Si el pequeño tiene 11 meses y no se desplaza gateando, es probable que la sedestación de ese niño sea impuesta. O bien, si han pasado 12 meses y el pequeño aún necesita que se le sostenga con almohadas para poder tomar la foto, estamos hablando de un dato importante de alarma en el desarrollo, donde en definitiva se le debería buscar una evaluación profesional.

Así que mi llamado en esta ocasión es el de la tía metiche, sí, esa que le dice a su cuñado “no sientes al bebé; mejor déjalo en el piso, que él lo hará a su tiempo”.

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