

Con cada año de vida, la flexibilidad del cuerpo para realizar tareas cotidianas puede ir mermando. A veces puede que en apariencia no representes la edad que tienes, pero el cuerpo lo sabe.
La rigidez o la falta de habilidad para alcanzar objetos o levantarlos del suelo, para subir un escalón o levantarse rápidamente de una silla, es “normal” en personas de la tercera edad, y ocurre principalmente por un degenere natural, cuyo estrago se agudiza si a largo de la vida se tuvieron hábitos como el sedentarismo, la ingesta inadecuada o pobre de minerales y vitaminas, lesiones o constantes actividades con posiciones repetitivas.
Las bajas temperaturas invernales pueden condicionarnos a estar más tiempo con el cuerpo contraído y a disminuir nuestras actividades, que incluso pueden llegar a ser dolorosas para las personas de mediana edad. Si andas por tus treintas o cuarentas y puedes agacharte a levantar un objeto o abrocharte las cintas de los zapatos con la misma ligereza que tenías a los quince años, te felicito, pero si no, debes poner atención y crear hábitos que te hagan recuperar tu flexibilidad.
Calma, no es nada que un buen ejercicio no pueda solucionar y, si lo haces una rutina, te garantizo que los beneficios serán notorios y permanentes.
Aquí te dejo tres sencillas recomendaciones para fomentar tu flexibilidad en esta época de invierno:
Poder movernos con libertad debe ser un proyecto de vida a largo plazo y para poder lograrlo debemos tomar acciones todos los días. Si tú realizas alguna otra práctica, me gustaría que la compartieras con nosotros.