

En la paradoja por excelencia que es la vida, pues exige la muerte para acreditar la existencia, hay un país que podría ser la capital mundial de los hechos y dichos que desafían las reglas básicas del pensamiento.
Si las paradojas se convirtieran en nubes, desaparecería la sed en México.
Imagino eso posible y bajo una tormenta recuerdo aquella ocasión en el cuarto de guerra de un alcalde priista, quien proponía organizar una marcha para protestar contra la inseguridad. “Ahora, ¿quién podrá defendernos?”, dijo sarcástica y justificadamente uno de los asesores participantes en la reunión.
Para que no se enojen conmigo, porque yo tampoco las respeto, no puedo dejar fuera de la lluvia de paradojas a las franquicias llamadas “partidos políticos”. ¿Cómo no considerar reyes de la paradoja, por ejemplo, a los “partidos de oposición”, cuando cuestionan al gobierno actual por supuestos retrocesos usando un discurso ausente de propuestas innovadoras, pero saturado de invitaciones para retornar al pasado que protagonizaron sin éxito?
Saturarían el espacio destinado a esta columna las evidencias del culto a la paradoja, como las dadas por los camiones estacionados cerca de mítines políticos transportando gente a la que se llama “libre”, pero que engrosa cuotas obligatorias, o las risas provocadas por las promesas de cambio hechas por el PRI y PAN ausentes de la menor intención de pedir perdón.
¿Cómo no reconocer también al gobierno de México donde no se sabe si en él rige el sentido del humor que hace menos ingrata la vida u opta por la agudeza para burlarse de quienes padecen la realidad fuera de la nómina gubernamental? Hechos como el histórico performance del pastel con el que hace un año y medio fueron celebradas las mil reuniones del Gabinete de Seguridad, aduciendo que éstas han permitido garantizar la tranquilidad en el país, es clara muestra de la paradoja política nacional.
A la lógica cuestionada se integra hasta “el deporte nacional”, aunque oficialmente carezca de este título. El futbol representa valores como la disciplina, perseverancia, creatividad y colaboración en beneficio de la salud del cuerpo, mente y entorno social. Sin embargo, la realidad mediática que lo incorpora como propiedad envía a segundo plano esas cualidades y opta por el mercantilismo (demostrado en la promoción de drogas legales) y el uso de símbolos nacionales para alienar a las masas.
Con ansias de no quedarse atrás en la nación de la paradoja, diversos medios de comunicación masiva insisten en calificar como “fracaso” el habitual desempeño del equipo al que le dicen “representativo”, aunque luego continuarán alentando las mismas causas de la derrota señalada, justo como sucede en otros niveles de la gran contradicción nacional.
Concluyo abriendo un paraguas con el afán de protegerme del aguacero de las paradojas: el mal político, el mal ciudadano y el mal equipo desaparecen el dinero ajeno y la vergüenza propia, hurto disfrazado de palabras e intenciones en sentido contrario en el país de la paradoja, donde lo que parece no siempre es lo que parece.
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