En Soliradio.com producimos podcasts y contenidos digitales, que distribuimos a través de nuestras redes sociales y nuestros canales en YouTube y Spotify. Llegamos a más de 350 mil personas, una amplia comunidad digital en la Comarca Lagunera de la que forman parte más de 60 mil tomadores de decisiones.
one gasolinera
one gasolinera

Una historia de terror verdadera

Por Manuel Rivera
agosto 13, 2024
una historia de terror
¿Alguien ha vivido la angustia, primero, de sujetar del brazo a un semejante para evitar que sea devorado por un monstruo atroz y, luego, sentir culpa y horror al verlo soltarse y ser tragado sin piedad? Quisiera ser la única persona que haya sufrido esa aflicción, pero sé que en esta época abundan esos casos […]
Video Embebido Sin Controles

¿Alguien ha vivido la angustia, primero, de sujetar del brazo a un semejante para evitar que sea devorado por un monstruo atroz y, luego, sentir culpa y horror al verlo soltarse y ser tragado sin piedad? Quisiera ser la única persona que haya sufrido esa aflicción, pero sé que en esta época abundan esos casos y que pronto habrá más, muchos más.

Satisfacer el apetito de ese ente que destroza seres humanos y familias enteras necesita al menos dos cómplices: la tecnología que facilita el acercamiento de sus víctimas y la sociedad productora de soledades que buscan en él compañía.

Quienes son capaces de dominarlo se divierten teniéndolo cerca, pero los incapaces de hacerlo terminan conviviendo con una criatura que los aleja de casi todo.

Como podrán suponer, acabo de atestiguar un hecho doloroso cuyo torrente de tristeza me arrastró hasta el fondo de los restos de mi conciencia, obscuro abismo donde alcancé a reconocer una de mis mayores frustraciones: mi incompetencia para salvar a quien no quiere salvarse. Siento la necesidad de contar ese suceso, pero también deseo evitar un tema que me aplasta y sofoca.

¿Y si intento aliviar el sobrepeso de angustia, coraje e impotencia que echó encima de mí ese suceso, imitando a los perros que se sacuden el exceso de agua? Ignoro si atenuará mi sentir moverme frenéticamente para aventar letras en vez de gotas de agua como can acabado de bañar, pero lo probaré.

Seré breve...

Apenas unos cuantos segundos después de que respondí su llamada telefónica supe que yo no tenía ni el monopolio de los problemas ni la dificultad más grande. Pedro era un hombre de 40 años que de lunes a viernes dedicaba ocho horas de cada día a trasladar números del papel a la computadora, suplicio por el que recibía apenas lo suficiente para subsistir y pagar el taxi de aplicación que lo llevaba a la oficina y regresaba a su casa. La comodidad no está peleada con la congoja.

Sin tener mérito alguno para recibir su confianza, me la entregó casi de inmediato. Quise convencerme de que sus emociones fluyeron porque mi empatía les abrió la puerta, pero poco después admití que la soledad del hombre busca, hasta en el menor resquicio, la oportunidad de unirse a otra. Su papá, el puente que lo unía con la razón de existir, cumplía un año de ser un montón de cenizas, mientras que su mamá, consciente del valor del tiempo, estrenaba pareja y en pocos meses le quitaría la etiqueta de hijo único.

Te puede interesar: Cuando José perdió la fe

Tras toda una vida acompañado por un padre que padeció la ceguera que suele provocar el amor, creció ajeno a esfuerzos y saberes para sobrevivir. La soledad es mayor cuando se llega a ella vacío.

Confinado en el departamento de una céntrica colonia de clase media, buscó la compañía que meses después lo devoraría con suma crueldad, lenta e imperceptiblemente, extendiendo su agonía y, tal vez, disfrutándola. Muchas ocasiones le insinué lo peligrosa que era su compañera, pero siempre la justificaba y acababa por exaltarla.

¿Por qué no permitió que lo salvara? ¿Por qué despreció mi sueño de convertirme en salvador? ¿Disfrutaba sentir cómo eran desgarradas sus entrañas y regurgitadas sus ilusiones?

Nada pude hacer por él. Su necesidad de compañía superó la de vivir. Sentí cuando aflojó la mano con la que aprisionaba uno de mis brazos y rechazó la oferta del otro. Mientras era succionado por la devoradora de hombres y dinero me pareció ver en él una tenue sonrisa, que hasta la fecha no sé si la causó su satisfacción por dejar de sufrir sufriendo o por fundirse a su cruel y única compañera.

La última imagen que tuve de Pedro apareció en la pantalla principal de la máquina tragamonedas, donde las partes de su cuerpo desmembrado giraron continuamente y nunca volvieron a formar una unidad.

Me retiré de la escena también hecho pedazos.

riverayasociados@hotmail.com

Video Embebido Sin Controles

Más de Manuel Rivera

1 2 3 … 8

Checa el último capítulo de Ajuste de Tiempo