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Despierta

Despierta

La semana pasada quise tocar –con bastante firmeza, sorry– la importancia de comprender cómo independientemente de todos los factores externos, somos nosotros mismos quienes definimos nuestro estado de salud física… que está ligadísima a la salud mental. 

Requiere mucho compromiso (y aún más honestidad) tomar la responsabilidad completita de cada decisión de nuestra vida, incluidas aquellas relacionadas a cómo, cuándo y qué comemos, o a si activamos nuestro cuerpo físicamente, de qué manera y con qué frecuencia. Y es que es bien importante prestar atención a esas “pequeñas decisiones”, porque la mayoría de los adultos solemos tomarlas en automático.  

Es natural que si tú repites ciertas acciones durante un tiempo, éstas se vuelven patrones de conducta, a lo que le llamamos hábitos. Repite hábitos durante un tiempo y se vuelven parte de tu personalidad. Entonces ya llegan mis asesorados diciéndome que no pueden dejar de tomar alcohol o de comer pan dulce desmedidamente, o que odian hacer ejercicio.

Estos hábitos les afectan muy negativamente, pero no tanto porque el pan, el alcohol o estar tirado en el sillón sea malo, sino porque tienen años reforzando estos hábitos sin variación, lo que ya creó caminos neuronales que son cada vez más difíciles de cambiar. 

Llega un punto donde tus ojos ven una dona y ni siquiera te detienes a pensar si tienes hambre o no; cuando acuerdas ¡ya te la empacaste toda!, te sientes culpable, te preguntas “¿cómo pude hacer esto, si me prometí dejar el pan dulce?” y de la propia ansiedad y culpa ¡te comes otra pieza! Te auto flagelas un rato, te culpas, te dices a ti mismo las cosas más espantosas que jamás le dirías ni a tu peor enemigo, hasta que te resignas… “es que así soy”.

Déjame te digo que no eres así. Si fueras así, estarías conforme con el estilo de vida que llevas. Si fueras así, no te molestarías contigo por las cosas que haces o no haces, no querrías siquiera cambiar. Pero sí quieres, porque dentro de ti sabes que no estás viviendo con todo el potencial que podrías. Tal vez tienes proyectos, sueños hermosos de los que hablas y se te ilumina la cara, o tal vez los llevas en silencio y no los compartes con nadie, pero igual ahí están. Sabes que puedes lograr más, ser más.

Y no tiene nada que ver con la idea de éxito falsa que nos han vendido, no hablo de esa cultura de esclavitud al consumismo disfrazado de empoderamiento y éxito. Hablo de ese llamado que nace de tu propio corazón, que te invita a ser un mejor ser humano, a dejar lo mejor de ti en cada cosa… a cuidarte, a vivir en conciencia, en equilibrio. Esa voz que te dice que no estás viviendo con todo tu potencial. Esa voz que te dice “¡despierta!”.

Te mando un abrazo inmenso, nos leemos la próxima semana.

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