

Me encanta estar escribiendo para ti nuevamente, te saludo con harto cariño. Si esta es la primera vez que me lees, te invito a que te avientes las entradas anteriores, ya que cada redacción que escribo es parte de una serie y voy acercándome poquito a poquito a mi objetivo: quiero sacudirte, quiero que hagas conciencia para que tengas la motivación de querer cuidar tu salud física (y mental, siempre agrego).
Pero no sólo quiero que te me motives; la motivación de nada sirve si no sabemos aprovecharla y dirigirla. Por suerte, hay pasos bien claritos y efectivos que podemos emplear para crear “momentum”, que es básicamente hacer uso de la motivación para agarrar vuelo e ir creando hábitos que te ayuden a lograr esos objetivos que tienes, tal vez desde hace años.
En el artículo pasado te platiqué un poco de ello: todos tenemos hábitos que no nos benefician en lo más mínimo y que queremos cambiar, pero por una u otra razón no podemos. Tú piensas que “así eres”, cuando no; no es que seas un barril sin fondo a la hora de comer, José, Lizeth; no es que tu cuerpo sea alérgico al ejercicio. Es que tu cerebro, esa máquina maravillosa que tienes en la cabeza, aprende de la repetición, creando caminos neuronales que ayudan a simplificar la toma de decisiones.
Imagínate que cada decisión que tomas es un burrito que va atravesando una vereda; mientras más burritos pasen por la misma vereda, el camino se va haciendo más ancho y fácil de caminar, hasta que llega un punto donde el cerebro lo elige en automático, pensando que te está ayudando a ahorrar tiempo en la toma de decisiones. Para cambiar tus patrones de conducta primero tenemos que hacer bien conscientes dichos patrones, entender a profundidad el daño que pueden traernos a corto, mediano y largo plazo, y sustituirlos por otras acciones que, repetidas durante un tiempo, nos generen nuevos hábitos.
Mucha gente hace consciencia cuando ya tienen problemas de salud o ya cargan con una enfermedad crónica, cuando ya requieren una cirugía o ya se detestan tanto que no pueden ni verse al espejo, y es hasta entonces cuando deciden buscar soluciones: comienzan a solicitar tratamientos, apoyo, terapia… entrenadora. Nunca es tarde, definitivamente, pero tampoco es necesario que dañes tu salud (en muchos casos de forma irreversible) para que la valores y decidas cuidarla.
Ok, creo que ya quedó bien clarito para dónde vamos. Ya entendimos que nuestros patrones no están escritos en piedra, que nuestro cerebro es moldeable y que sí podemos cambiar. En la siguiente entrada quiero comenzar a explicarte el cómo. Te abrazo con mucho cariño, ¡nos leemos pronto!