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Me voy a quitar las etiquetas

Me voy a quitar las etiquetas

Te he estado platicando cómo nuestro cerebro es moldeable, es decir, podemos construir neuronalmente nuevas estructuras que nos permitan tomar otras decisiones que solemos tomar en automático (mejores, espero), y a final de cuentas un cambio de hábito no es otra cosa más que decidir diferente a como lo hemos hecho de forma constante.

Para lograr esto tenemos que estar bien conscientes sobre cuáles son los patrones aprendidos que están rigiendo nuestra vida, y de ellos cuáles no nos están beneficiando. Muchas conductas vienen aprendiéndose desde la infancia, cuando todo mundo nos coloca etiquetas y nos vamos identificando con ellas. Hay que revisar cada etiqueta y despegárnosla si nos está afectando. 

Muchas veces creemos que sólo las etiquetas negativas nos afectan, pero no es así; a veces las etiquetas aparentemente positivas nos pegan tanto o más fuerte. Por ejemplo, cuando Juan iba a la primaria sus papás siempre le reconocían su arduo esfuerzo escolar, le decían que aunque no era un niño muy brillante (ahí va la etiqueta negativa) siempre trabajaba más que todos (etiqueta “positiva”) para sacar buenas calificaciones. Entonces Juan creció creyendo que la única manera de tener reconocimiento sobre su trabajo era mediante el esfuerzo extremo, ya que su inteligencia nunca sería suficiente como para poder darse el lujo de esforzarse como el resto de sus compañeros. Resultado: Juan es un excelente “colaborador”… que es “workaholic”, muy cerrado a la crítica y con un síndrome del impostor que no le permite siquiera disfrutar sus logros y reconocimientos; además, le cuesta mucho superar errores y se recrimina por cada equivocación constantemente. 

Aquí lo que necesitas comprender… ehm… Juan, quise decir… lo que Juan necesita comprender es que su valor como individuo no está relacionado al reconocimiento externo y que ser rechazado, equivocarse y tener problemas está bien, porque Juan, independientemente de su IQ, tiene la capacidad de salir adelante y de aprender de sus errores

Debemos aprender que los fracasos no son otra cosa que la oportunidad de crecer y mejorar como individuos. Debemos comenzar a ver nuestras fallas con curiosidad e interés para descubrir qué fue lo que nos llevó a ese resultado y realmente aprender la lección. Después de cada fracaso, en lugar de recriminarnos incesantemente, podríamos preguntarnos “¿qué podría hacer mejor la próxima vez?”.

Te dejo la actividad de la semana en un PDF enlazado en esta entrada. Espero que puedas identificar todas esas etiquetas que están limitando ahora tu progreso. Duele retirarlas porque el pegamento con el que nos las pusieron es muy fuerte y lo hemos ido fortaleciendo a lo largo de los años. Duele quitarnos preconceptos porque en buena parte nos han definido hasta hoy, y si no soy eso que dicen, ¿entonces quién soy? Bueno… Eres una obra en constante evolución. 

Es hora de crecer un poco más. Abrirnos al cambio nos acerca más a quienes somos en realidad, aunque a veces parezca lo contrario. 

Te abrazo inmenso. Nos leemos la próxima semana. 

https://drive.google.com/file/d/12NV6wckT9t8_ESqB2Bh01fTh7EjU3QgS/view?usp=share_link

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