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16. La corta vida de Piedad Gutiérrez Maya 

piedad gutiérrez maya

Cadena de eslabones ancestrales… Semilla, fruto, flor, camino.
-cantada por Amparo Ochoa

Caminos de Michoacán y pueblos que voy pasando, 
si saben en dónde está, ¿por qué me la están negando?
-Bulmaro Bermúdez

María Piedad Gutiérrez Maya, bisabuela joven, la niña de tu casa, pido tu permiso para contarle a nuestra gente lo poco que he encontrado de tu vida breve; para que sepamos que existes y por qué nuestro papá Chava creció sin ti.

El primer documento que se encuentra tuyo, mamá María Piedad, es el acta de tu matrimonio, y de ahí a a la de tu muerte pasan apenas dos años con nueve meses. En sí por tus propios papeles sabemos que un día de abril de 1918 te casaste con el jornalero recientemente viudo José Juan Tafolla Castro, tú teniendo 22 años y él 30 (no era verdad, bisabuela; Juan estaba por cumplir los 40 en tres semanas), que eras michoacana originaria y habitante de la zona de Numarán y que tu mamá Balvina y tu papá Lázaro ya habían muerto. Por tu última acta sabemos que moriste a los 25 años, en enero de 1922, declaradamente de paludismo (malaria), que habías nacido y vivido en el rancho La Unión (hacía menos de un mes que por ley le habían cambiado el nombre a tu pueblo; tú siempre fuiste de “La chorrera”) y que tu cuerpo fue sepultado en la fosa común del panteón de Numarán (¿por el paludismo o por pobreza?). En esos menos de tres años fuiste madrastra de al menos cuatro y le diste vida a mi abuelo Salvador y a su hermana Rosa. ¿Quién eras antes y qué pasó después de tu muerte?

Ahí en el rancho de La Chorrera naciste tal vez en 1896 y, salvo tu hermano menor, eras la chiquita de la casa. Tenías cuatro hermanos mayores (más Ausencio, que murió niño poco antes de que nacieras tú, y del que seguro te habrán platicado) y seis hermanas. Los mayores te llevaban hasta 25 años (a tu madre Balvina la casaron a los 15). Como tus tías y tíos de ambos lados crecieron ahí mismo en La Chorrera, seguro convivías con mucha familia, aunque no alcanzaste a conocer a tus abuelas ni abuelos; igual que mi madre, tu nieta, seguramente tuviste algunas sobrinas mayores que tú. En algún momento en los 4 años anteriores a tu casamiento, murieron tu madre y padre cerca de sus 60. 

Qué año de 1918 te habrá tocado vivir, mamá Piedad. Ese año y el anterior el criminal Inés Chávez García azotaba, con sus centenares de hombres, las ciudades y pueblos michoacanos; el cártel del Atila michoacano quemó, robó, saqueó, torturó, violó y masacró a la población, ciudad tras pueblo ahí en tu tierra. Tengo pendiente encontrar más sobre tu contexto; aún sé poco sobre el ataque a Numarán y desconozco si en su devastación atacaron también tu Chorrera, que más cerca está de La Piedad. Y, además, ese año cayó la pandemia de influenza española (la misma que dicen que fue lo único que pudo por fin matar al Atila), aquella que llamaron el “trancazo”, y Michoacán fue de los estados más afectados. 

Entonces, a los 22 años (abril de 1918) te casas con un hombre viudo que casi te llevaba dos décadas y tenía ya un hijo de 9 años (Fidel), otro de 7 (León), una de 4 (Ciria) y uno más de 2 (Silvestre). Ese mismo año acababan de perder a su madre, Camila Buenrostro (no he encontrado aún la razón de su muerte), de 30 años, y unos meses antes a su hermanito Alfredo (de sarampión a los 2 años, tal vez gemelo de Silvestre; en un brote que hubo en La Chorrera). Pasas con embarazo casi todo ese primer año y en marzo de 1919 das a luz a Salvador, mi abuelo. Sabemos por acá que Rosa, la hermana menor de Salvador, también era hija tuya. Mueres de paludismo a las 11 de la mañana del jueves 26 de enero de 1922, en tu casa en La Chorrera (tres semanas antes le cambiaron el nombre por La Unión de Guadalupe), a los 25 años, sin asistencia médica, “sin profesión”, sin madre ni padre; dejando dos criaturas tuyas, cuatro de otra madre y a un José Juan de la Trinidad de 43 años dos veces viudo. 

Tres años después, tu marido se vuelve a casar, ya con una señora más de su edad (ella 40, él 46; el primer documento donde él dice su edad verdadera). Francisca Gutiérrez, se llamaba (sin ser tu prima directa), que acabó de criar a la camada.

De tu hija Rosa sólo sé que se fue ya casada a Estados Unidos, pero te cuento que tu hijo Salvador (le habrás seguido el rastro) agarró camino como a los 15, que porque su papá era muy duro y en la casa no le iba bien, me contó. Anduvo en barcos pesqueros por Alaska, poniendo rieles en California, cargando bultos en un mercado de Torreón, casándose por primera vez y teniendo tres hijas y dos hijos en Zacatecas, yéndose al pueblo azucarero Costa Rica (Culiacán, Sinaloa) a trabajar de vigilante en el ingenio, conociendo ahí a mi abuela Trinidad (que era un roble, que era todo) con sus cuatro niñas, teniendo un hijo y dos hijas más; criando venados, pavorreales, perros y palomas blancas; jubilándose de jefe de vigilancia y haciéndole a sus nietas y nietos unos cocodrilitos de hoja de palma que te mordían el dedo jalándoles la cola. Y que ahí, tu niño de casi 3 años se murió a los 94. Y hoy creo, querida Mamá Piedad, que “Caminos de Michoacán” te la cantaba a ti.

Gracias, bisabuela, por dejarme contar lo poco que sé de tu vida. Sé que te debemos mucho más.     

Somos parte de una comunidad de medios laguneros

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