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Chapotear en el río: consejos y advertencias para la investigación genealógica cómoda

investigación genealógica

Más allá de las constelaciones familiares y de que si este dolor es mío o no, habrá a quién le llame la atención armar su árbol genealógico desde tan atrás como pueda, por mera curiosidad, por buscar hacer tierra, por darle el regalo a su familia, por ser el tío o tía de referencia y sinquehacer que se puso a investigar. 

Como ya llevo un par de años adentrado en esta investigación cómoda (sin rigor académico y estandarizado alguno) para mi madre, me atrevo a dejar por aquí algunas recomendaciones y advertencias desde lo que he aprendido y lo que me ha funcionado, a mí (enfatizo el “a mí”; ya tú eliges qué te sirve). Le llamo investigación “cómoda” porque todo es desde la computadora, desde bases de documentos digitalizados, desde entrevistas virtuales a familiares; ya el siguiente nivel sería visitar en persona los archivos, las iglesias, los pueblos, los panteones, a familia lejana, viajar hasta donde descansa el polvo de tu gente y ponerte a removerlo todo.

Ojo, este artículo va con empatía para todas las personas que quieran darles cierta luz a los brazos de su río, visibilizar al menos con un nombre y algunas fechas y lugares a madres y padres antiguos, a gente cuyas identidades quedaron en el olvido, incluso el de sus descendientes. Quienes se acercan a la investigación genealógica olisqueando sus ínfulas imaginarias de pedigrí poscolonial, sáquense; no les hablo a ustedes y ojalá se les trabe la computadora. Aclarado esto, van las recomendaciones y advertencias porque así me fue a mí en el baile.  

  1. Habla con tu familia. Consigue de tus familiares toda la información y testimonios que puedas. Si tienes el privilegio de (aún) poder hablar en confianza con tu madre, tu padre, tus tías, tíos, abuelas, abuelos y hasta bisabuelas, dedícales varias horas de plática (te recomiendo que grabes audio, avisándoles) sobre ellas mismas, la gente que recuerdan, sus lugares. En toda la investigación no vas a tener material más valioso y vivo que el que te puedan dar quienes estuvieron ahí; los documentos te podrán luego dar datos específicos, pero jamás una descripción de vivencias y esencias personales. Es probable que tus familiares no recuerden o sepan exactamente algunos nombres, fechas o lugares, por pura naturaleza endeble de la memoria; ya luego verificarás o ajustarás. Toda esta información que reúnas, principalmente la que te ayude a tener ya los nombres de tres o cuatro generaciones antes de ti, va a marcar una diferencia abismal en el arranque de tu investigación documental porque le das una base sólida de relaciones a las herramientas de búsqueda; conociendo esos primeros nombres, más fácilmente irás encontrando los anteriores.
  1. Recurre a una plataforma. Hay dos páginas sumamente útiles para realizar esta investigación: Ancestry.mx y Familisearch.org. La segunda es gratuita y también la vas a usar bastante para buscar actas. La primera cuesta cerca de $200 al mes y te recomiendo pagarla para ahí albergar la estructura de tu investigación. La interfaz de Ancestry es muy práctica y amigable, y está en constante mejora: el tejido del árbol (con las diversas formas de visualizarlo y desplegarlo, además de la posibilidad de crear varios árboles), los perfiles y las herramientas de vinculación y edición, el acceso a árboles ajenos con parientes en común y, algo sumamente útil para la investigación, las sugerencias de documentos; aunque seguido resultan nadaqueverientas, las sugerencias son una de las mejores herramientas de Ancestry para ir poblando tu trabajo; irás recibiendo notificaciones sobre posibles madres y padres, matrimonios, nacimientos y concordancia con perfiles en otros árboles (pero, por supuesto, requieres mucho discernimiento antes de aceptar alguna). El recurso mayor de ambas plataformas es el descomunal archivo digital de libros de registro civil y eclesiástico (católico), dividido por estados, municipios y finalmente tipo de acta (aprox. desde el siglo XVII hasta los 80’s), además de los útiles parámetros de búsqueda.
  1. Rastrea nombres y edades. En las actas de antaño no todo va a estar clarito y muy formal como en nuestros tiempos. Los jueces y sacerdotes escribían lo que entendían y querían; pero además, para la misma gente, al parecer, importaban poco las edades exactas y la ortografía de los nombres. Así, por ejemplo, a mi quinta abuela (tatarabuela de mi abuela) María Victoriana sus actas allá en Guanaceví le llaman también Vitoriana, Bictoriana, Bitoriana y hasta Bitoria; sus edades declaradas le apuntan haber nacido 3 o 4 años antes o después de 1820 (de ella nunca encontré acta de nacimiento), pero en otros casos me he topado que, por ejemplo, quien va a registrar la defunción se equivoca hasta por una década en la edad de la pariente. ¿Cómo sé que es Victoriana en esos documentos, entonces?, ayudan muchísimo los nombres de parientes, reconocer que son los mismos; hay periodos en los que quien registra es más chismosón y anota padre, madre y hasta abuelas(os) y suegra(o); hay otros en los que si bien nos va, escribieron el nombre adecuadamente. Eso sí, vas a agarrar un callo enorme entendiendo letra manuscrita (consejo acá: si no distingues qué letra es alguna grafía, búscala en las líneas y páginas aledañas; lo común es que sea una misma persona la que esté a cargo de los registros por varios meses o años).
  1. Busca en otras actas. Un documento no sólo nos da información de una o dos personas. A veces la información que no encontramos de esa tatarabuela está en el bautizo de algún nieto, de alguna sobrina de la bisabuela. Te recomiendo también que busques tener información de camadas completas si lo que quieres es pintar un mapa más amplio y nutrido (dentro de lo alcanzable) de una vida; te prometo que vas a encontrar hitos sumamente interesantes.
  1. No eres de hule. Más allá de tus creencias y entendimiento de qué pasa con nuestra esencia/energía/alma al morir, te estás adentrando a explorar vidas previas que probablemente ya nadie recuerda, pero con las que tienes relación lineal. Cada una de esas personas de tu ascendencia fue un ser humano con toda su complejidad (yo sé que pareciera innecesario recalcarlo, pero que toda una persona sea sólo un nombre manuscrito en varias actas puede crearnos la misma percepción que estar leyendo sobre un personaje). Si eres como yo en esto, les vas a inventar rostros (si no tienes fotografía), temperamentos, complexiones y hasta voces; les vas a hablar; te las vas a imaginar en sus pueblos, en sus dinámicas, en las oficinas de registro, iglesias y procesiones; en casos más extremos tal vez sientas más empatía o cercanía por algunas personas y otras hasta te caigan mal (así, sin mayor razonamiento). Una vida bosquejada desde las actas siempre será, despiadadamente, un esqueleto incompleto; yo te recomiendo que en lo posible (porque creo que es imposible no hacerlo al menos un poco) vigiles y abraces cómo tu mente va a dibujar la carne (imágenes muy para ti, por supuesto), que te protejas a ti y protejas a esas personas reales de no ficcionarlas en personajes, por mera dignificación. Me imagino que ya tú seguirás el acercamiento más asertivo según tus creencias, como decidí hacerlo yo.

Por lo pronto, hasta aquí sobre un tema al que hay mucho qué rascarle. La recomendación principal la dejo en que, si te interesa chapotear en tu río genealógico, empieza ya; es en el proceso donde realmente se aprende a usar las herramientas. Eso sí, toda investigación comprometida, por más cómoda que sea, requiere tiempo, dedicación y mucho aprendizaje gradual. Un abrazo inmenso si decides aventarte, y acá ando por si en algo más podemos orientarnos y apoyarnos. 

tafoya@soliradio.com

Jacobo Tafoya

Director editorial de Soliradio.com

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