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El rescate del Teatro Isauro Martínez

teatro isauro martínez

Uno de los edificios más representativos e identitarios de la Comarca Lagunera llegó a permanecer en total abandono. Fue el cambio de mentalidad y admiración por su arte, historia y propuesta lo que hizo que el Teatro Isauro Martínez fuera salvado del derrumbe total. 

“En primer lugar, ese teatro no es una obra de arte ni es ningún monumento histórico como ustedes lo están planteando: este teatro tiene sesenta, setenta y cinco años, entonces no puede ser histórico (…). En segundo lugar no puede ser una obra de arte, porque el Teatro Martínez no es ningún arte, tiene una mezcolanza de art noveau, de art decó, de arte morisco, no tiene nada definido: lo hicieron de chile, tomate y manteca. Aparte, no es un edificio que sea representativo de la ciudad puesto que lo tienen todo deteriorado, es un cine donde ahorita se pasan puras películas del Santo y Capulina (…). Lo que deben hacer ustedes en una ciudad moderna como Torreón es darle paso a la modernidad. Vamos a hacer ahí un cine moderno con vidrios, con cristales, elegante, que sea digno de una ciudad como Torreón”.

Estas fueron las palabras de Manuel Espinosa Yglesias, el presidente de la fundación Jenkins, propietaria del entonces Cine Martínez (Teatro Isauro Martínez), cuando los tres estudiantes de la UAdeC fueron recibidos por él en la capital del país para luchar por el rescate del teatro, en 1975. Esto según el libro Teatro Isauro Martínez, Patrimonio de los Mexicanos de Laura Orellana Trinidad.

Como podrás apreciar, las palabras del empresario son todo lo contrario a lo que después representó el Teatro Isauro Martínez (TIM) para Torreón. Aunque, en mi opinión, tal vez, no existiría hoy nuestro teatro de no ser por las palabras de Espinosa Yglesias, tan severas y haciendo trizas el ego lagunero, y por la determinación de los estudiantes de la UAdeC para rescatar el teatro, aunado a su forma de transmitir el valor del edificio para conquistar la ciudadanía lagunera. Revisemos su historia.

Antes de que se construyera el TIM, ya eran recurrentes la presencia de don Isauro Martínez y su huella en la Comarca Lagunera. Según el cronista Jesús González Sotomayor, Isauro Martínez fue parte de la compra y venta de diferentes terrenos en la entonces Villa de Torreón, cuyo negocio fue afectado por el movimiento revolucionario. Pasando de comerciante y miembro de una sociedad mercantil, pasó a involucrarse con el mundo del espectáculo, siendo parte de la Compañía Cinematográfica Torreón S.A., fundando la Carpa Pathe y el Teatro Princesa, entre otros recintos, hasta culminar en el majestuoso Teatro Isauro Martínez.

El Teatro Isauro Martínez se inauguró en 1930, llevando el nombre de su fundador y ofreciendo un esplendoroso teatro lleno de referencias artísticas de arquitectura, escultura y pintura. Por un tiempo, el teatro fue escenario de espectáculos internacionales, nacionales y locales, además de que estaba acondicionado para albergar un foso de orquesta y funcionar como cine, también. 

Lamentablemente, no pasó mucho tiempo para que el TIM poco a poco descendiera en apogeo y audiencia. Para 1945 ya era propiedad de la Fundación Jenkins, siendo ocupado como cine de poca concurrencia hasta llegar a la época de los setentas, momento más crítico de su total decadencia y abandono por parte de los laguneros.

Era lógico, la verdad; el país se encontraba en momentos de “cambios de chip”, de forma política y social. No hacía mucho que el atentado del 2 de octubre de 1968 había ocurrido, además del jueves de Corpus (“halconazo”) del 10 de junio de 1971; sin mencionar el activismo de diversos movimientos y ligas políticas. Por lo tanto, encontrar una nueva ruta alejada del pasado era “lo mejor” para el plan de desarrollo en México. Sale lo viejo y entra lo nuevo (y ahí andaba el Teatro Martínez).

Aquí destaco dos posturas, la “moderna” y la “romántica”, y esta última es el que salvaría al Teatro Martínez en 1975, viniendo de mentes jóvenes. Los estudiantes de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) Alejandro Máynez, Sigfrido Macías Pérez y José Santos Medrano fueron quienes gestionaron las reuniones y charlas necesarias con las autoridades correspondientes hasta llegar al presidente de la república, en ese entonces Luis Echeverría. 

Para convencer a Manuel Espinosa Yglesias de donar el teatro y comenzar las actividades de restauración (ya que en periódicos locales de la época la fundación Jenkins cubrió la mitad del valor del teatro, mientras que lo demás se dividió entre el Estado Federal y la ciudad de Torreón), Sigfrido Macías respondió a las declaraciones de Espinosa con lo siguiente:

“Torreón, no tiene muchos edificios bonitos y dentro de los inicios, como todo lo que inicia, ésa es nuestra historia (...) En cuanto al arte, a nosotros el teatro Martínez se nos hace muy artístico, se nos hace algo fuera de serie porque no hay otra obra de arte en un edificio más bonito que el que tenemos ahí y para nosotros Salvador Tarazona es un gran artista (...) es lo único que tenemos, no tenemos más, y ese es el valor del teatro Martínez”.

“Ya me chingaron”, se dice que contestó él y fue cierto. Prácticamente le dijeron que como persona moderna no tenía ni una gota de cultura si no apreciaba el teatro como ellos. Claro, con el tiempo reflexionó y demostró lo contrario.

En mi opinión, el rescate del Teatro Isauro Martínez se debe a una época de “cambio de chip”, en personas que, incluso, retuvieron este interruptor mental para visualizar el futuro, a través de la belleza del pasado. El majestuoso Teatro Isauro Martínez coexiste con la modernidad de Torreón y toda la Comarca Lagunera y, ahora, es considerado el segundo teatro más bello de México, sólo abajo del Teatro Juárez en Guanajuato y arriba del Palacio de Bellas Artes, en la CDMX. 

En el pasado está la historia, pero también el futuro. Te invito a que en tu próxima visita al teatro contemples su arquitectura, murales y esculturas; hay una historia detrás de toda su iconografía (tema que ya abordaré en otro artículo). Déjate llevar por el arte del pintor Salvador Tarazona, que dejó hermosas escenas artísticas en los muros internos y el plafón del teatro; cuando se abra el telón, reten esa excitación, que sea el motor para fusionarte con el pasado, el presente y el futuro del Teatro Isauro Martínez. 

Ya lo dijo Juan Villoro en una entrevista que le hice hace tiempo: “La historia es un arsenal al que nosotros regresamos continuamente y lo reinterpretamos, y al hacerlo cambiamos nuestro presente. Podemos decir que el pasado tiene mucho futuro por delante”.

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