

El humanismo es un enfoque que considera al ser humano como centro y medida de todas las cosas. Nace del renacimiento entre los siglos XIV y XV en Italia, para después esparcirse por Francia, Países Bajos y toda Europa. Es entonces que se origina el concepto de "genio" como expresión del ímpetu creador y la fuerza espiritual de un individuo, el arte es elevado a la categoría de ciencia y el artista igualado al humanista.
El renacimiento, entre sus grandes logros culturales, contribuyó a la fundación de las academias nacionales y sociedades científicas, artísticas y literarias, que fueron apareciendo sucesivamente en todos los países europeos.
En esas congregaciones, los eruditos y maestros de los siglos XV a XVII se interesaron en las humanidades, es decir, en todas aquellas disciplinas que servían para desarrollar los más altos valores del hombre libre y progresista. Se consideró entonces que el estudio de los clásicos latinos y, más aun, de los griegos, permitía la revalidación de esos valores y liberaba el espíritu de todo fanatismo.
La psicología, como campo científico en sí, llega hasta las últimas décadas del siglo XIX para estudiar las conductas, pensamientos y relaciones del ser humano, nuestros procesos psíquicos, entendiendo que cada persona es un universo diferente y único.
¿Cómo unimos humanismo y psicología?
La psicología humanista trata de comprender la forma en que los seres humanos vivencian el mundo, y esta comprensión comienza al captar la perspectiva o punto de vista de la persona que se está observando; enfatiza la decisión, consciencia, creatividad y autorrealización, entre otras características distintivas y específicamente humanas.
El enfoque humanista le proporciona a la psicología los conocimientos básicos sobre la manera en que se puede acceder a la comprensión del ser en su día a día, a partir de los fundamentos teóricos que yacen al interior de la propuesta humanista existencial: el sentido, la intencionalidad, la consciencia, el aquí y el ahora, el desarrollo del potencial, la libertad, el deseo, la plenitud y la voluntad, entre otros.
En la psicología humanista interesa el desarrollo pleno del potencial inherente a cada mente y la persona se vuelve central tal como se descubre a sí misma y en relación con otros individuos y con grupos sociales.
Soy Andrea Puentes, psicóloga humanista. Me llena de felicidad iniciar hoy esta columna, donde podré compartirles cada semana mi enfoque de trabajo y estudio desde el humanismo, desde el desarrollo humano. Nuestra labor será trabajar desde nuestra bella individualidad para lograr una mente colectiva más armónica y sana.
Te invito a permitirte ser tú, aquí y ahora.
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