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Manuel Acuña: la belleza trágica de un romántico

manuel acuña

En recientes fechas Tania Cobos, amiga y colega, me hizo pensar en que habitamos una ciudad llena de historia, de personajes, de significados. No lo pensamos a menudo, pero vivimos entre edificios, monumentos y calles que nos gritan que hurguemos en el pasado para encontramos con datos fantásticos que sólo nos harán sentir orgullo de nuestra tierra desértica. 

Poco se habla, por ejemplo, de que somos una región poética, de que varios hombres y mujeres coahuilenses se han ganado un lugar en el cosmos literario gracias a sus dotes poéticos. Son las almas sensibles de nuestra región cuya mirada aguda nos enseña a ver con otros ojos al mundo.

En Torreón descansa una calle sumamente transitada por ser una vena principal para cruzar a Gómez Palacio, incluso es la ruta obligada de varios camiones de transporte público que a diario peregrinan entre los dos municipios. Se trata de la calle Manuel Acuña. Quizás, pocos conocen la historia poética detrás del nombre de esta vía, pero no se preocupe, querido lector, que, inspirada por mi amiga Tanía, en estas líneas intentaré narrarle de manera simple el periplo breve (y complejo) pero sustancioso de un hombre que se entregó a la poesía de forma desmesurada, un romántico que encontró en el lenguaje poético la manera más fiel para explicarse a él mismo la existencia y para nombrar lo que le pasaba por dentro. 

Manuel Acuña nació el 27 de agosto de 1849 en Saltillo, Coahuila, y es considerado uno de los exponentes más destacados del romanticismo en la literatura mexicana. Su corta pero intensa vida estuvo marcada por una profunda sensibilidad, pasión por la poesía y una tragedia que lo convirtió en leyenda.

El romanticismo, un movimiento literario que buscaba explorar las emociones humanas de manera intensa y apasionada, encontró en Manuel Acuña un representante excepcional. Su poesía está impregnada de un profundo lirismo y una exaltación de la belleza, el amor y la melancolía. Sus versos, a menudo autobiográficos, reflejan la lucha interna de un individuo atormentado por la dualidad de la alegría y el sufrimiento, la vida y la muerte.

La obra más conocida de Acuña es su poema Nocturno a Rosario, un himno al amor y a la pasión que se convirtió en uno de sus poemas más emblemáticos. En este poema, Acuña expresa devoción a su amada Rosario [de la Peña y Llerena], mujer que no le correspondió y que según, cuenta la leyenda, fue la razón por la que escritor coahuilense decidiera quitarse la vida. 

Porque, aunque Manuel Acuña estaba consciente de que Rosario jamás le devolvería el amor que sentía, él expresa que ante ese profundo sentimiento no tiene decisión y que incluso en esa zona de rechazo experimenta más amor por ella.

Así lo expresa en las siguientes líneas: Comprendo que tus besos/ jamás han de ser míos, / comprendo que en tus ojos/ no me he de ver jamás, / y te amo y en mis locos/ y ardientes desvaríos/ bendigo tus desdenes, / adoro tus desvíos, / y en vez de amarte menos/ te quiero mucho más.

La vida de Acuña estuvo plagada de dificultades emocionales, y es que nuestro romántico luchó contra la depresión, un hecho que finalmente lo llevó a su trágico destino. A la temprana edad de 24 años abandonó la vida bebiendo cianuro, dejando un legado literario que ha perdurado a lo largo de los años. El dato exacto es que de la pluma de Acuña se contabilizan 96 obras, de las cuales 80 son poemas amorosos, patrióticos, humorísticos, descriptivos y de circunstancias; una obra de teatro; tres artículos y 12 cartas.

Esa obra, a la fecha, continúa inspirando a poetas y amantes de la poesía en México y más allá. Su capacidad para expresar las complejidades del alma humana y su profundo compromiso con el romanticismo lo convierten en un ícono literario en la historia de la literatura mexicana. Su poesía sigue siendo leída y apreciada por su capacidad para conmover a quienes se sumergen en sus versos.

Manuel Acuña es el poeta romántico coahuilense cuya obra destaca por su profunda sensibilidad, su pasión por la poesía y su lucha interna contra la tristeza y la melancolía. 

A pesar de su trágica muerte a una edad temprana, su legado literario perdura como un testimonio de la capacidad que posee la poesía para expresar las emociones humanas más profundas. Entérese, pues, querido lector, que Manuel Acuña no es sólo el nombre de una calle de Torreón, sino un ícono de la poesía romántica mexicana y un recordatorio ferviente de la belleza y la tragedia que rodean a la condición humana.

Y así como nuestro poeta romántico coahuilense, que aportó líneas sensibles, dolorosas, humorísticas e intelectuales, le digo a todo aquel que llegué a la lectura de esta columna que también tiene la facultad de entender su propia existencia usando un lenguaje poético, y que puede alcanzar la inmortalidad contribuyendo, como Acuña, a la vida con un verso.

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