

Recién termino de leer Poesía doméstica, la confesión en verso de Nadja Milena Muñoz. Si pudiera definir en dos palabras el tono del compendio, querido lector, sería: poesía confesional, porque con naturaleza íntima y personal la autora logró revelarme sus pensamientos más profundos, sus experiencias personales y alguna que otra emoción cruda.
No sé si así lo quiere, pero Nadja rompe con las convenciones formales y explora la autenticidad y la sinceridad en la expresión artística. Porque, aunque para otras personas hurgar en la alacena, lavar los trastes, tomarse el café frío o guisar un huevo pudieran resultar acciones sin alma, para esta autora lagunera son una oportunidad de expresión poética.
Y así, al ras de las páginas encontré una ventana para contemplar el mundo interior de Nadja, que con un tino poético logró situarme en atmósferas maternales en las que la observé hundida en el quehacer de las tareas domésticas. Y es que pensé: con la demanda de ser madre, pagar las cuentas y tener que lidiar con actitudes patriarcales de los que debieron ser apoyo y no una carga, donde más que en la cocina los poemas de este libro pudieron ser escritos.
En este, su primer poemario, Nadja Milena Muñoz aborda temas como la depresión, la violencia machista y la maternidad con destacable franqueza; utiliza imágenes vívidas y un lenguaje visceral para transmitir a veces su dolor, otras veces su angustia, y unas más la esperanza que encontró en los ojos de su hija.
Al despojarse de las máscaras sociales y revelar su verdadera interioridad, esta poeta nos invita en la lectura a una conexión más íntima y empática, donde las experiencias individuales se convierten en un reflejo de la experiencia humana compartida, donde todos hemos tenido un mal día, perdido a una amiga, sido presa de un recuerdo o acechados por los demonios de la infancia.
A través de una narrativa personal y autobiográfica, Poesía doméstica nos permite adentrarnos en la mente y el corazón de la poeta, explorando las complejidades de la existencia humana y las luchas personales.
Yo aplaudo esa franqueza poética, querido lector, porque de nada sirve escribir poesía si no mostramos de alguna manera nuestras heridas. Ya sabe usted que toda la humanidad recae en este género.
Al romper con las convenciones tradicionales y abrazar la sinceridad y la vulnerabilidad, Nadja Milena Muñoz, a través de su Poesía doméstica, nos recuerda la belleza y la complejidad de percibirnos como humanos.
Por eso usted también inténtelo, querido lector, lectora, escriba de todo aquello que se le queda atorado en el pecho. Respire hondo, confiéselo, escriba y, desde la cocina o desde donde esté la vida, contribúyale a la vida con un verso.